Leonardo Daniel Ortega Prudencio :::: Jeffrey Mankoff, miembro del Council on Foreign Relations, publicó en 2009 un libro que viene a retomar la importancia de un tema que se ha tratado con algo de negligencia en los últimos años: la política exterior rusa. El argumento central del libro se refleja en su título, en el que menciona que Rusia se encuentra en una etapa de resurgimiento como centro de poder, y que esta idea no es privativa de la élite del país y sus líderes actuales, sino que es un antecedente que se puede remontar a un pasado más lejano en Rusia. De manera completa y documentada, Mankoff presenta un análisis bastante amplio bajo el aspecto de una lectura fácil de digerir.

De forma interesante el libro plantea que en la mente de la élite Rusa ha existido desde los 90 un consenso sobre la importancia que Rusia debe tener en el sistema internacional, en contraposición al pensamiento generalizado de que Putin llegó a cambiar radicalmente la forma en que Rusia se comporta. Acciones como la negativa ante la expansión de la OTAN, la guerra en Georgia o la oposición a un sistema de misiles en Europa central no representan un cambio a una política más firme y rígida de Moscú, sino que demuestra que las capacidades de Rusia han aumentado y que ahora puede reclamar lo que siempre ha querido: responsabilidad, respeto y reconocimiento en la arena internacional. Estos mayores poderes del Estado Ruso reflejan una política que no busca confrontar a Occidente, aunque sea percibida como una amenaza. Por otra parte, Mankoff explica que Rusia no es un actor anti-Occidente, sino un actor no-Occidental cuyo objetivo no es otro que ser un polo más dentro del sistema internacional multipolar. Un rol autónomo, sin estar a la sombra de los Estados Unidos especialmente, es a lo que aspira Rusia.

Asimismo, se habla de la tan criticada “esfera de influencia” que el presidente ruso Dmitri Medvédev incluye en las premisas de su política exterior y de cómo es uno de los puntos en los que será más difícil encontrar un punto de entendimiento con Occidente, pues existen intenciones encontradas, donde los intereses rusos no podrán ser ignorados como antes lo fueron. La Comunidad de Estados Independientes es fundamental para Rusia, y el mantener cierta influencia bajo esta zona es primordial dentro de su política exterior. Al considerar especial a este área de influencia, Rusia mantiene un estatus de ‘quid pro quo’ con sus integrantes, pero cuando alguno de ellos busca alejarse, como sucedió con Georgia en 2008, reacciona de forma vehemente. Ya no es cuestión de simplemente voltear a Occidente, sino que el Kremlin debe asentir para poder hacer mayores cambios en la política de esa región que considera primordial.

En la obra se describen y analizan las relaciones que Rusia mantiene con los actores a los que considera más relevantes para obtener sus metas. Por un lado, Estados Unidos sigue siendo el más importante centro de poder y Rusia busca que ese poder sea compartido con ella; y por el otro, aún existen tensiones que datan de muchos años atrás y que no permiten que se avance en materia de cooperación. La Unión Europea busca entablar el diálogo con Rusia, pero esta prefiere las relaciones bilaterales y aprovecha la falta de una política exterior en común de la UE para obtener más peso en sus negociaciones con los países miembros, especialmente los que ya pertenecen a la Unión Europea y se encuentran dentro de su “zona de influencia”. Por último, Mankoff también explora las relaciones entre Rusia y China, y la manera en que los objetivos de ambos países pueden ser un elemento de cohesión en la región, a la par que un catalizador de conflictos.

Todos estos actores se relacionan de manera diferente con Rusia, pero Mankoff logra homogeneizar estas relaciones bajo la lupa de la élite rusa. La continuidad y marcarse un objetivo a largo plazo son factores totalmente intrínsecos en la política exterior rusa de la última década.
De acuerdo con Mankoff, la guerra de 2008 en Georgia fue el inicio ‘de facto’ del resurgimiento de Rusia como un gran poder dentro del sistema internacional, o al menos, dentro de su región. A su vez, esto sirvió de mensaje para dejar claro ante Occidente que a Rusia no se la debe de dar por sentado, sino que persigue sus intereses aunque estos entren en conflicto con otros actores del sistema internacional. Esta atención que atrae Rusia de manera creciente no es algo superficial o resultado colateral de las acciones en su política exterior, sino una meta y una importante herramienta para obtener el estatus que desea como un polo de poder en el mundo.

Mankoff, Jeffrey (2009). Russian foreign policy: the return of great power politics. Lanham, Md.: Rowman & Littlefield.
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