Ana Sánchez Resalt :::: Es paradójico: las elecciones rusas las gana dudosamente, si no hay cambios de última hora, el partido de Vladímir Putin, y el pueblo sale a la calle para exigir la anulación de los resultados y la repetición de las elecciones por la más que posible manipulación de las mismas, denunciada por los observadores nacionales e internacionales; en Osetia del Sur, por el contrario, gana claramente el partido de la “oposición” pro-rusa (no tiene más remedio que ser pro-rusa; depende del dinero del Kremlin para su subsistencia, como todas las repúblicas del Cáucaso) y el pueblo sale a la calle para apoyar a la candidata ganadora tras la decisión del Tribunal Supremo de la república de anular las elecciones por supuestas infracciones que no han visto ni los votantes, ni los observadores. Otro ejemplo más del doble rasero con el que se mide la “democracia” en el antiguo espacio soviético.

Rusia no está siendo el único estado de lo que una vez fue la URSS que está viviendo jornadas post-electorales algo agitadas. Los comicios celebrados el pasado 27 de noviembre en la república de Osetia del Sur (independiente para unos, separatista de Georgia para otros) también han generadi polémica. Alla Dzhióyeva, representante del partido de oposición al gobierno actual, pro-rusa y con una potente campaña anti-corrupción (“el poder y cualquier funcionario están obligados a informar de cada rublo”), consiguió el 57% de los votos frente a Anatoly Bibilov, candidato apoyado desde el Kremlin y por el que había sido presidente hasta la fecha, Eduard Kokoity, con un 40% de los votos. Dos días después, el Tribunal Supremo decidía invalidar las elecciones por “violaciones en la campaña” de Dzhióyeva (además de “numerosas infracciones”, entre ellas, “tentativas de soborno electoral”) y prohibía, por este motivo, la participación de la candidata en las elecciones que se tendrán que repetir el 25 marzo del 2012. La reacción de Dzhióyeva no se hizo esperar: llamó al boicot de las próximas elecciones y se autoproclamó presidenta. La gente salió a las principales plazas de Tsjinvali, la capital de Osetia, en apoyo a la candidata y gritando “¡Justicia!”. Las fuerzas especiales de seguridad respondieron con disparos al aire, en un intento frustrado de dispersar a los manifestantes. Las concentraciones se repitieron desde entonces cada día. Trece días después, el 10 de diciembre, Kokoity presentaba su dimisión: “Me voy para trabajar aún más por mi pueblo; es el objetivo en mi vida, el objetivo de mi lucha, y cada uno de nosotros debe ser responsable y no debe dejar que ninguna ambición política esté por encima de los intereses del pueblo”. Hasta la celebración de los nuevos comicios, el primer ministro Vadim Brovtsev ejercerá las funciones de jefe de Estado.

La dimisión de Kokoity  forma parte del acuerdo al que ha llegado con la líder de la oposición para que cesen las manifestaciones y evitar, según palabras del ex mandatario, una “revolución naranja” al estilo de Ucrania en 2004. Junto al ex presidente osetio se han ido Atsamaz Bichénov, jefe del Tribunal Supremo, y Taimuraz Jugáyev, fiscal general. Ahora, si quiere, Dzhióyeva se podrá volver a presentar como candidata a la presidencia el año que viene, aunque el que seguro que ya no lo hará será Bibilov. Con este acuerdo, la líder de la oposición, conocida como la “Stalin con falda” por su “férrea serenidad”, admitiría implícitamente que se produjeron irregularidades en su campaña y por eso acepta que se repitan. ¿Se volverá a presentar? Ya lo ha revelado: si no hay “otro candidato mejor”, sí.

Ya  veremos si en las elecciones de marzo gana quien tiene que ganar para que los resultados puedan darse como válidos y Osetia del Sur pueda estrenar, por fin, nuevo presidente.

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