La “sorpresa” en las elecciones parlamentarias rusas ha sido que Rusia Unida no ha logrado la mayoría absoluta. El Partido Comunista, el Partido Liberal Democrático y Rusia Justa consiguen representación en la Duma.

Una parte importante de la prensa internacional despertó el lunes cinco de diciembre con la “sorpresa” de que el partido Rusia Unida no había repetido su holgada mayoría absoluta, sino que se quedó a unas décimas de conseguir el 50% de los votos. Este “mal” resultado es interpretado por Medvédev como un triunfo de la democracia y, concretamente, como la demostración de que en Rusia, a pesar de algunas críticas “malintencionadas”, los votos no están “contados de antemano”.

No obstante, la composición del parlamento da un amplio margen de maniobra a Rusia Unida, ya que no es fácil que el resto de los partidos que pueblan la Cámara se unan en cuestiones de calado en contra de Rusia Unida. Además, en una república tan presidencialista (y autoritaria) como Rusia, el ejecutivo puede pasar por encima de lo legislado por la Duma con relativa facilidad. En las elecciones presidenciales de marzo se decidirá quién tiene la sartén política por el mango y ahí, Putin no tiene rival. Probablemente, además, el “susto” de las parlamentarias haga al candidato de Rusia Unida emplearse a fondo para movilizar al electorado de su partido: tiene a buena parte de la industria de medios a su servicio para hacerlo.

Ya en las encuestas llevadas a cabo por los institutos estadísticos más importantes de Rusia, la Fundación Opinión Pública, el Centro Levada y el Centro Ruso de Investigación de la Opinión Pública, se adivinaba, más allá de la segura victoria de Rusia Unida en las elecciones parlamentarias, una cierta desafección en relación a los partidos políticos y, desde luego, la pérdida de confianza en sus líderes máximos: Putin y Medvédev.

Así, los índices de confianza de ambos han bajado significativamente en los últimos tres años (del 62,6% al 52,1% en el caso de Medvédev y del 66,8 al 54,4 en el Caso de Putin, según la Fundación Opinión Pública). La intención de voto para el partido del gobierno, Rusia Unida, también caía de forma relevante (del 54% en 2008 al 39% de quienes decían que votarían). Por otra parte, en enero de 2010, el 75% de los encuestados por el Centro Levada aprobaba, en líneas generales, la gestión de Medvédev; en octubre-noviembre de este año, sólo el 41% pensaba de la misma forma (Putin bajaba del 78% al 61%).

Las encuestas daban la mayoría absoluta a Rusia Unida, y se ha quedado a unas décimas. Volverán al parlamento el Partido Comunista y el Partido Liberal Democrático del incombustible Zhirinovski, así como el Partido Rusia Justa. Pocos cambios en la Duma, pero algunos más en las opiniones de los ciudadanos que, a pesar de la retórica oficial que habla de “la crisis de 2008-2010”, como si todo hubiera ya pasado, no parecen estar demasiado satisfechos con el rumbo del país (el 40% de los rusos piensan que el país va por un camino incierto, mientras que así opinaba un 32% en enero de 2010).

En un país en el que los grandes canales de televisión nacionales (por los que se informa la mayoría de la población) no ponen jamás en duda las políticas gubernamentales y mucho menos a Putin y Medvédev, esta bajada de popularidad resulta aún más significativa que en otros países europeos y nos hace volver a preguntarnos si la vida política de Putin, el pasado (presente) y futuro presidente de Rusia, hubiera resistido a una prensa libre

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