Montserrat Domènech :::: Khassan Baíev nació el año 1963 en el pueblo de Aljan-Kala, situado a 10 km de Grozny, la capital de la República de Chechenia. Estudió y se licenció en medicina en la Universidad de Krasnoyarsk, en Siberia. Mientras estudiaba, practicaba dos modalidades de artes marciales a muy alto nivel, el judo y el sambo, convirtiéndose en deportista de alta competición. Nunca habría podido imaginarse que, unos años más tarde, ejercería su profesión en unas condiciones tan extremas y en unas circunstancias tan dramáticas para el pueblo checheno: las dos guerras ruso-chechenas entre los años 1994-1996 y 1999-2004. La preparación física y mental que le proporcionó el deporte contribuyó, en buena parte, a soportar seis largos y terribles años, como él mismo ha manifestado. En 2007 compitió por última vez, erigiéndose como campeón del mundo en la modalidad de sambo.

La ironía del destino hizo que su especialidad, la cirugía plástica, se sustituyera en aquellos terribles años por la cirugía de campo en pleno conflicto bélico, con el agravante de ser uno de los pocos cirujanos activos (el único disponible para atender a 100.000 personas) y decidido a quedarse en su tierra para ayudar a quien lo necesitara, siendo fiel al juramento hipocrático y, en consecuencia, salvando vidas a personas de ambos bandos. Él fue quien operó y amputó la pierna al comandante de campo Shamil Basáyev, reconstruyó la cara a otro comandante de campo, Salmán Radúyev, y la mandíbula al actual líder de los combatientes Dokku Umárov. Esta entrega personal en favor de la vida hizo que pusiera en peligro la suya propia. El año 2000, cuando por un lado las fuerzas de seguridad rusas y por otro los extremistas chechenos pusieron precio a su vida, se impuso la necesidad de abandonar su tierra, asumiendo, al mismo tiempo, que ya no se encontraba en las condiciones físicas y mentales idóneas para seguir con su labor como cirujano. La ONG Human Rights Watch consiguió sacarlo del país rumbo a EEUU.

La suya es una historia conmovedora; la de un hombre que ama con devoción a su pueblo, que se siente orgulloso de su identidad y que vela por preservar su dignidad. Su testimonio es recogido por el libro El juramento. Un cirujano bajo el fuego en Chechenia (Ed. Entrelibros), que escribió como parte de su recuperación y rehabilitación psicológica después de encontrarse durante largo tiempo bajo los efectos de un grave cuadro de estrés postraumático. En 2005 presentó su libro en Barcelona, en el FNAC, dio dos conferencias, una en la Facultad de Ciencias de la Información en la UAB y la otra en el Hospital Clínico, y fue entrevistado por Mónica Terribas en el programa de La nit al dia TV3. Yo tuve la suerte y el honor de hacerle de intérprete. A nadie se le escapó cómo le temblaba el pulso y el dolor que aún le suponía verbalizar la experiencia de la guerra y relatar el horror en el que su pueblo seguía todavía sumergido, la vida entre las ruinas, la total desolación y el miedo ante la impunidad con la que actuaban las fuerzas de seguridad rusas. No hace falta mencionar el dolor que comporta el exilio, lejos de la gente querida, en un mundo tan extraño como eran para él, en aquel momento, los EEEUU.

En su mente, dos grandes deseos: volver lo más pronto posible a Chechenia y poder ejercer de nuevo su profesión para seguir ayudando a su pueblo y, sobre todo, contribuir a restablecer la salud de los chechenos, especialmente de los niños, del futuro de Chechenia.

Hasta el año 2007, Khassan no viajó a Chechenia, y entonces lo hizo sin tener ninguna garantía de que su vida no corriese peligro. Visitó un hospital en Taganrok, en la región de Rostov, y le entristeció el hecho de que entre los niños del Cáucaso norte que había en el hospital no hubiera ningún checheno. ¿Cómo podía ser eso, cuando Chechenia necesitaba tanto ser ayudada? Regresó a Chechenia, seleccionó a veinte niños, la mayoría huérfanos, con graves problemáticas de salud y organizó el transporte en autocar (1080 km) por territorio del Cáucaso Norte.

A los que no tenían padres les acompañaba la abuela o algún familiar. Muchos no tenían padre, algunos no tenían madre. Era octubre. Khassan prometió a los niños que no pudieron formar parte de este grupo que los ayudaría en un futuro. El viaje fue muy complicado porque no llevaban escolta ni ningún tipo de acompañamiento; sólo un cartel en el vidrio delantero en el que se podía leer: “NIÑOS”. A pesar de todo, los paraban en cada punto de control y tenían que pagar para que les dejaran continuar. Los controles eran realizados por parte de los GAI (una especie de Guardia Urbana) y del MVD (Ministerio del Interior). Normalmente eran los GAI quienes los paraban. Les daba lo mismo si en el autocar viajaban niños o adultos. La cantidad de controles durante aquel trayecto de 1000 km fue muy grande. Ya de vuelta, viajando de noche, en Krasnodar los pararon en un control. Khassan explicó que los niños acababan de ser operados, algunos tenían fiebre, lloraban,… fue muy duro. Un militar incluso dijo: “aunque llevaras a Putin, deberías pagar”. Así pues, a las 2 de la mañana, subieron a registrar el autocar, enfocando a los niños con linternas, espantándolos sin ningún tipo de contemplación. Así que los paraban y pagaban una y otra vez hasta llegar a casa.

Después de esta traumática experiencia, Khassan entendió que no podía volver a cometer un error como ése. Entonces propuso al director del Hospital Infantil de la República de Chechenia, Sultán Alemjadgíev, organizar y hacer todo lo posible para que los niños pudiesen ser operados en Grozny. Khassan conocía al director del hospital desde que acabó la carrera y volvió a Chechenia para ejercer su profesión. El director del hospital siempre había apoyado a Khassan en sus proyectos e iniciativas, y lo había ayudado evitando, así, pasar por la insufrible burocracia.

Así pues, quien lo necesitara debía dirigirse al hospital y apuntarse en un registro. De esta forma empezó el proyecto en el marco de la organización Operation Smile, el año 2008. Fue algo extraordinario. Anteriormente, en Chechenia, no había ocurrido nunca nada parecido. Un equipo internacional de especialistas de alto nivel procedente de EEUU, Canadá, Italia y Brasil, entre otros países, viajó a Chechenia para operar a niños. Atendieron en consulta a alrededor de unos 1.000 niños. Operaron a 150 que presentaban cuadros muy complicados. El proyecto que llevó a cabo Operation Smile en Chechenia se realizó con la colaboración de la organización fundada por Khassan, el International Comittee for the Children of Chechnya (Fundación Internacional de ayuda a los niños de Chechenia).

El gobierno ha financiado la construcción del hospital. El 50% de los equipamientos han sido financiados mediante el Fondo Infantil de la Unión Europea. Seis embajadores de la UE lo visitaron y aportaron aparatos a través de la UNICEF. Khassan explica que muchos rusos que visitan el hospital se sorprenden al ver los equipamientos y las buenas condiciones con que se trabaja y reconocen que, desgraciadamente, muchos hospitales de Rusia no pueden decir lo mismo. Pero el mantenimiento es muy costoso.

El Hospital Infantil de Grozny tiene una capacidad para hospitalizar a 450 niños, y atiende gratuitamente a niños y niñas hasta los 18 años. Las enfermedades que se tratan son, entre muchas otras, la tuberculosis, infecciones y oncología (leucemia). No tratan tumores. En el hospital existen 26 especialidades principales como la endocrinología, traumatología, hematología, urología, micrología, neurología, cardiología, reumatología, cirugía maxilofacial, alergias, etc.

Gracias a la repercusión de su libro en los EEUU, publicado el año 2003, y al premio internacional al “Médico por la paz” del año 2005, la organización Operation Smile lo invitó a formar parte de ella. Para Khassan supuso una gran y muy grata sorpresa, ya que los médicos que integran este grupo disfrutan de gran prestigio y reconocimiento internacional. Esta organización se fundó hace 25 años y cuenta con delegaciones en 25 países, entre ellas una en Moscú. Su sede principal se encuentra en Nordfolk (Virginia) y la forman médicos americanos de Los Ángeles, Nueva York, Boston y San Francisco, entre otros. Junto a ellos, ya ha participado en proyectos de la organización en Vietnam, Japón, Taganrok (Rusia) y Chechenia.

El 18 de septiembre de 2011, algunos colegas de profesión y amigos llegaron a Chechenia, durante su periodo de vacaciones, para ayudar a Khassan a operar a niños (2 anestesiólogos, 3 cirujanos plásticos). El día 20 empezaron a trabajar haciendo jornadas muy largas. Cuando operaron a 150 niños en el marco de la Operation Smile, contaban sólo con un quirófano, ahora ya tienen cuatro.

Cinco niños con cuadros complicados viajaron a Grozny desde Daguestán, acompañados de los padres o familiares, otros diez niños desde Ingusetia, así como unos cuantos desde Kabardino-Balkaria, y el resto son chechenos.
Parte de este proyecto consistió en colocar 100 prótesis que Khassan trajo de California, que son muy ligeras y pueden adoptar diferentes posiciones según las necesidades de los usuarios, por ejemplo, para cepillarse los dientes, para escribir, para dibujar, incluso para montar en bicicleta y cocinar. El trabajo llevado a cabo por Operation Smile, así como el documental que la BBC hizo sobre Khassan para el programa Witness, han contribuido a que tanto particulares como algunas organizaciones apoyen sus proyectos. Por ejemplo, el Club Rotter, que reúne a gente adinerada, aportó las 100 prótesis mencionadas anteriormente.

Los pasados meses de julio y agosto, Khassan los pasó viajando por el Cáucaso Norte, por las repúblicas vecinas del Daguestán, Ingusetia, Kabardino-Balkaria y Osetia, visitando y seleccionando niños que serían los beneficiarios de las prótesis. Una vez en Grozny, se dedicaron un día a la entrega de las prótesis y explicar su funcionamiento con la ayuda de un audiovisual. Desgraciadamente, no pudieron ser atendidos todos los niños que lo necesitaban; muchos padres le pidieron ayuda, y Khassan les dijo que, a su vuelta a los EEUU, en diciembre, hablaría con determinadas personas y, aunque no les pudiera prometer nada en firme, intentaría ayudarles. De hecho, ya ha confeccionado una lista con los datos de estos niños.

Las consecuencias de la guerra en la salud de los niños es algo que le preocupa mucho. Se dan anomalías de nacimiento como la ausencia de tráquea o el labio leporino, que opera Khassan. Antes no había ningún médico que lo hiciera. Se dan, además, otros tipos de malformaciones, así como casos de minas ya que, aunque en menor cantidad que hace unos años, aún existen campos que no se han desminado. Existen placas que advierten sobre el peligro de las minas, pero en otoño, cuando empieza la temporada de las setas, la gente sale a recoger hongos y se dan casos en que explotan minas e hieren tanto a adultos como a niños.

Este era su objetivo: poder volver a Chechenia, ejercer su profesión de nuevo y seguir trabajando para su pueblo. Seis años después de habernos conocido constato, con alegría y emoción que, sin duda, lo está haciendo. Después que, hace unos meses, obtuviera la nacionalidad norteamericana, sus estancias en casa serán más largas. Su ayuda es, por supuesto, muy bienvenida y esperada.

Montserrat Domènech es traductora e intérprete de ruso.

Enlaces de interés:

Referencia del libro El juramento. Un cirujano bajo el fuego en Chechenia, Ed. Entrelibros

Entrevista: Khassan Baíev en La nit al dia

BBC. Witness. Lost chlidren of Chechenya Parts 1 and 2

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