Svetlana Reiter (Open Democracy) :::: Formalmente, las hostilidades ya han acabado en Chechenia, pero continúan los secuestros, torturas y asesinatos de civiles a manos de las autoridades en la región. Igor Kalyapin, portavoz del Comité contra la tortura, habla con Svetlana Reiter sobre el destacable y peligroso trabajo que hace este colectivo en la búsqueda de justicia para las víctimas.

Svetlana Reiter es corresponsal del Bolshoi Gorod y Esquire Russia

El Comité contra la tortura trabaja en cinco regiones de la Federación rusa, entre las que están las repúblicas de Bashkortostán y Chechenia. En todas las regiones nuestro trabajo consiste en intentar obligar a las agencias de investigación criminal (anteriormente llamadas “Oficinas de la Fiscalía”, ahora “Comité de Investigación”) para que investiguen adecuadamente los crímenes cometidos por la policía y los miembros de otros servicios especiales.

En las regiones normales, el trabajo nunca es fácil pero, sin embargo, somos capaces de hacer llegar a los juzgados la mayoría de los casos que asumimos. Hasta el momento hemos llevado con éxito 75 denuncias contra funcionarios del Estado (la mayoría policías) por uso ilegal de la violencia.

En Chechenia también hemos conseguido éxitos significativos. Antes, cuando el trabajo estaba relacionado con los soldados del ejército federal, vimos a algunos de ellos juzgados. Sin embargo, actualmente, en el feudo personal del presidente checheno Ramzán Kadírov, donde los agentes federales se han transferido a la policía local y los servicios especiales, el trabajo se volvió potencialmente más difícil y los extraordinarios obstáculos a la justicia son cada vez mayores.

Los federales

Uno de nuestros casos en Chechenia concernía a un profesor de gimnasia, Alaudi Sadykov, que nunca estuvo implicado en ningún problema. Este anciano trabajaba en un grupo que barría las calles de la capital, Grozny. Un día del año 2000 estaba clasificando montones de basura cuando pasó a su lado un vehículo blindado de transporte. Éste se detuvo y el conductor le preguntó por una calle. Sadykov les explicó comó llegar, pero los pasajeros del vehículo le dijeron “No, sube y enseñanos el camino”. Le llevaron hasta la comisaría del equipo multidisciplinario, donde estaban policías de regiones lejanas como Siberia Central y Khantiy-Mansiisk desplegados en Grozny. Le ataron a un radiador, le cortaron la oreja, le quemaron la palma de una mano con un hierro caliente y le rompieron todos los dientes. Tres meses después lo tiraron en una cuneta. Medio muerto, Sadykov fue capaz de llegar gateando a casa y al día siguiente presentó un escrito en la oficina de la Fiscalía.

Lo que quisieron sacar de él no está claro; sólo querían torturarle. Estuvo retenido en un improvisado campo de concentración dentro de la comisaría del distrito Oktyabrsky en Grozny. La fiscalía sancionó esta acción y diplomáticos europeos en visita a Chechenia le pidieron disculpas.

Los sádicos policías fueron identificados -tanto nosotros como los investigadores oficiales tenemos sus datos personales- pero todos ellos fueron enviados de vuelta a Khantiy-Mansiisk y continúan sirviendo en la policía. La investigación se paralizó: no hay datos oficiales que certifiquen que estos policías hubieran estado nunca en Chechenia y cuando los investigadores viajaron a Khantiy-Mansiisk para identificarlos, se les dijo: “iros de aquí por las buenas. Nosotros no entregamos a nuestra gente. Estos jóvenes son héroes porque tomaron parte en una operación para combatir a los contrarrevolucionarios”. El caso se llevó al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y Rusia tuvo que compensar a la víctima, Sadykov, con unos 90.000 euros. Así que nosotros, los contribuyentes rusos, pagamos por las “acciones audaces” de los héroes de Khantiy-Mansiisk, mientras gente a la que le gustar cortar orejas es llamada policía.

La policía local: los hombres de Kadírov

Hace mucho tiempo que finalizaron las hostilidades a gran escala en los valles de la República de Chechenia, pero sigue habiendo secuestros en esta región aparentemente próspera. Los secuestros antes eran cosa de la policía federal, que tapaba las matrículas de sus coches y llevaba pasamontañas para imposibilitar su identificación. Ahora la identificación no es problema: los que cometen estas brutalidades son casi siempre policías locales, y conocemos sus nombres y a qué comisaría pertenecen. Enseñan sus documentos cuando sacan de casa y arrestan a una persona. En cinco años ni uno solo de los llamados “policías de Kadírov” ha sido llevado ante un tribunal. La descripción oficial de estos hechos suele ser la de “secuestro por personas sin identificar”, aunque todo el mundo en la zona sabemos exactamente quiénes son esas “personas desconocidas”.

No estoy seguro de si este tipo de delitos es descrito en la ley rusa. ¿Secuestro? No, porque los secuestros se hacen clandestinamente, mientras que en los casos de los que hablamos todo se hace abierta e incluso ostensiblemente. ¿Arresto? Otra vez no, porque la detención presupone una serie de medidas legales: una denuncia, un confinamiento en un lugar estipulado por la ley, acceso a un abogado, etc… Sin embargo, la ley internacional tiene una descripción más adecuada: “desaparición violenta”. Hace dos años Rusia firmó la Convención de las Naciones Unidas relativa a este tipo de delitos, pero la gente sigue desapareciendo en Chechenia, igual que antes, sin dejar rastro. Cuando los familiares acuden al Comité de Investigación se abre un proceso judicial, pero el caso nunca se investiga. A veces este tipo de casos quedan archivados; la organización Memorial calcula que existen 3.000 casos archivados.

Oficina de Investigación nº 2

Un caso relacionado con los hombres de Kadírov fue, sorprendentemente, investigado con éxito. El juicio tuvo lugar en 2007 en el Tribunal Supremo de la República de Chechenia, aunque los crímenes tuvieron lugar en 2005.

Ruslán Asuyev, Islam Agayev y Aslán Dzhamulayev eran tres policías que quisieron ascender en sus carreras aumentando el número de insurgentes eliminados. Su modus operandi era ofrecerle a la gente un empleo como policías y citando a esa gente a una entrevista. Después procedían a vestir a esas personas con trajes de camuflaje, armarlos y obligarles a echar a correr, para luego matarlos. Con las armas en la mano, podían presentar a las víctimas como guerrilleros. En otros casos, secuestraban a mujeres en la calle y las asesinaban. Luego estos policías les ponían un cinturón de explosivos con el objetivo de afirmar que las mujeres eran guerrilleras también.

La “ratio de efectividad” de estos policías era, lógicamente, muy alta y sus carreras progresaron. También hicieron incursiones en Daguestán e Ingushetia, donde secuestraban a empresarios y exigían rescate por ellos. Y luego ellos mismos los “liberaban”. La Oficina de Investigación nº 2 -cuyos propios funcionarios no eran ajenos a la comisión de abusos de los derechos humanos- descubrió lo que estaba haciendo el grupo de Asuyev y, sorprendentemente, los juzgó y condenó. En aquella época esta Oficina hacía caso a los opositores al presidente Ramzán Kadírov, y Kadírov comenzó a utilizar la propia mala reputación pública de la oficina para desbancar a sus competidores de las posiciones de influencia, consolidando así su total control sobre las estructuras verticales de poder.

Estemírova

A mediados de los 2000 la carta blanca para llevar a cabo violencia ilegal fue transferida gradualmente de los Federales a los representantes locales de las fuerzas de seguridad, controladas por Kadírov. Como resultado de ello, hace cuatro años empezamos a recibir más denuncias sobre los nuevos policías de Kadírov que sobre los Federales. Las denuncias que llegaban a nuestra oficina apuntaban siempre a alguno de estos tres hombres: el diputado Adam Delimkhanov, el jefe de Gobierno Magomed Daudov y el jefe de las OMON (fuerzas especiales) Alikhan Tsakayev. Cada vez que hablaba con mis compañeros me dejaban claro que si asumían un caso contra cualquiera de las tres persones citadas, tanto mis compañeros como sus familiares podrían ser víctimas de intimidaciones, torturas o incluso asesinatos. Como directora de la organización llegué a la conclusión de que, sencillamente, no teníamos ni la capacidad ni los recursos para asumir estos casos, y tuvimos que explicárselo a las víctimas que se acercaron a nosotros.

La gente empezó entonces a dirigirse a Memorial, organización desde la que Natalia Estemírova, sin ningún conocimiento especializado o experiencia relevante, empezó a trabajar con valentía suficiente como para asumir los casos. No fue hasta después de su asesinato cuando descubrí cómo ella y sus compañeros estaban trabajando en casos de secuestros. Este trabajo no era solamente arriesgado, sino también eficiente, y podría haber funcionado. Pero finalizó con su asesinato. Tomé conciencia de que el trabajo que ella hizo es el que nosotros habíamos rechazado y que nuestro Comité tenía que empezar a trabajar sobre nuevos casos de desapariciones o abandonar Chechenia. Esto al menos iba a ser honesto: cerrar la oficina y decir que no era posible seguir trabajando aquí.

Brigadas móviles conjuntas

Pero decidimos que ese no era el camino correcto. Nuestros abogados residentes en Chechenia no podían encargarse de ese tipo de trabajo -podrían correr la misma suerte que Estemírova-. Así que empezamos a coordinar equipos conjuntos (un funcionamiento que ya había sido probado en otras partes de Rusia en las que también había abusos contra los derechos humanos). Nuestros abogados de otras regiones empezaron a venir a Chechenia, trabajando en bases itinerantes. Estas consistían en grupos de tres personas que permanecían en Chechenia durante un mes y después eran remplazadas por otras personas. Alquilamos un piso en el centro de Grozny para usarlo como oficina. En ellas copiamos el trabajo del Comité de Investigación oficial: la mayoría de sus miembros también venían a Chechenia durante unos pocos meses, trabajando en su sede y abandonando esta solo en casos de extrema necesidad, y nunca en solitario. Cuando viajaban a entrevistas concertadas durante una investigación nunca iban menos de tres personas. En su oficina y en sus coches tenían equipos de grabación, y con ellos grababan y escribían todo, asegurándose así un poco de protección. Nosotros hacíamos todo lo que podíamos para proteger a los miembros de la oficina. Ganamos una reputación en Chechenia gracias al uso de herramientas de alta tecnología y esto funcionó como elemento disuasorio. Pero la tecnología, por supuesto, no era protección suficiente contra las balas si nos disparaban.

El primero de estos equipos llegó a Chechenia el 30 de noviembre de 2009 con el simple objetivo de hacerse cargo de unos pocos de los nuevos casos de secuestros, e intentar averiguar lo que pasaba dentro del Comité de Investigación y por qué ningún caso estaba siendo investigado.

Nos hicimos cargo de nueve casos y nuestros abogados se convirtieron en participantes oficiales de los juicios, representando a las víctimas. En todos los casos las acusaciones se hicieron bajo el artículo 126 del Código Penal, que se refiere a la responsabilidad por secuestro. Este artículo se cambió después por el artículo 105 (asesinato), porque es evidente que si una persona no aparece después de un largo período de tiempo, esté probablemente muerta. De estos nueve casos, dos ya están archivados: en un caso fuimos capaces de demostrar que la desaparición no tuvo lugar por razones delictivas; en el otro caso, los familiares de la víctima decidieron llevar adelante acciones contra nuestra opinión, cosa que es inexplicable, ya que al hacer un comunicado considerábamos que estaban poniéndose en peligro a ellos mismos. Ahora vamos a dar varios puntos de vista sobre dos de los restantes siete casos en los que estamos trabajando actualmente:

El regimiento del petróleo

Estemírova estaba trabajando en el caso de un joven llamado Apti Zainalov y después lo asumimos nosotros. Zainalov llegó a Chechenia en 2009 desde Sarátov, en el sur de Rusia. Tenía un historial totalmente limpio: durante un corto periodo de tiempo participó en operaciones durante la primera guerra chechena (1994-96) en el bando independentista, pero ¿quién no participó entonces? Fue amnistiado y pasó varios años en la región de Sarátov. Quiso ir a estudiar a Egipto, pero no pudo hacerlo, así que decidió volver a casa con su madre. Nunca lo hizo.

Voló a Chechenia el 26 de junio de 2009 y cogió un taxi en el aeropuerto de Grozny. Llegó hasta la calle Pervomaisky, en el centro de Grozny, donde fue interceptado, obligado a salir del coche y a meterse en otro coche perteneciente al llamado “regimiento del petróleo” (oficialmente Regimiento Especial de Servicio de Patrulla del Ministerio Checheno del Servicio de Protección Interior Extra-departamental). Este servicio teóricamente protege las instalaciones petrolíferas y los oleoductos, pero lo que fue en un tiempo una enorme infraestructura de procesamiento de petróleo que quedó casi completamente destruida durante las guerras chechenas, así que hay poco trabajo que facer en ese área. Las divisiones del regimiento hacen, sin embargo, todo lo que quieren: es un ejército completo, al contrario que otros, y está comandado por Sharip Delimkhanov, el hermano de Adam, el diputado citado más arriba. El clan Delimkhanov es muy influyente en Chechenia: Ramzán Kadírov considera a Adam su preferido para sucederle, pese a la presencia de Adam en la lista internacional de personas buscadas.

Apti Zainalov fue detenido y, sencillamente, desapareció. Su madre, Aima Makaeva, acudió a la oficina de la Fiscalía y se abrió un caso bajo el artículo 126, pero no se hizo ninguna investigación. Aima acudió después a Memorial y dos semanas más tarde varios miembros de esta organización descubrieron por casualidad que en uno de los quirófanos del hospital regional central había un paciente con heridas de bala en el estómago, bajo vigilancia en un estricto aislamiento, y este paciente resultó ser Apti. Estemírova acudió al fiscal inter-distrito, que la tuvo esperando dos horas. Durante ese tiempo Apti fue trasladado a otro lugar, todo ello delante de su madre, que intentó en vano entrar en el hospital.

Después se supo que una semana antes, representantes de la Fiscalía habían recibido información de que Apti estaba en el hospital y habían ido a verlo para inspeccionar la situación. El documento oficial dice: “en uno de los quirófanos hay un joven, de entre 28 y 32 años de edad, y de una altura de entre 1,80 y 1,85 mts., que permanece allí vigilado por dos militares no identificados con uniforme de camuflaje. Los guardias prohibieron la entrada al quirófano al fiscal, amenazando con dispararle y matarle”. Este es el documento interno que recoge la investigación que se llevó a cabo a petición nuestra. Unas personas con uniforme de camuflaje pueden decirles a los miembros de la Fiscalía “un paso más y estáis perdidos”, y los valientes servidores de la ley rusa dan la vuelta y se van obedientemente.

Después de este suceso Zainalov estuvo una semana más en el hospital y no pasó nada. El fiscal, después de conocer dónde estaba retenida la víctima del secuestro, no movió un dedo para que lo liberasen. Después de una señal llegada de alguna parte, la víctima fue trasladada rápidamente. Es lógico suponer que Apti ya no está vivo, pero estamos trabajando en su caso y su madre es, por supuesto, muy vulnerable. Si unos fiscales bien preparados se muestran sumisos ante esta gente, está claro que doblegar a una mujer chechena no es problema para ellos.

Uno que vivió para contarlo

Hay un caso en el que estoy bastante esperanzado. No porque la investigación fuese llevada a cabo correctamente, que no fue así, sino porque de los siete casos en los que estamos trabajando es el único en el que la víctima del secuestro sobrevivió y va a ser un testigo de primera mano. Se llama Islam Umarpashaev.

Sus padres nos contaron en diciembre de 2009 que su hijo, de 26 años de edad, fue detenido en casa y después desapareció. No hubo argumentación formal para su detención. Visitó una sala de chat de internet desde su teléfono móvil y puso varios comentarios nada favorables sobre los policías chechenos. Este hecho fue interceptado e Islam fue arrestado. Estuvo retenido durante 4 meses encadenado a una cañería dentro de la base de las OMON (fuerzas especiales) en Grozny. El plan era hacerlo pasar por un insurgente y matarlo. Los soldados no le escondieron los planes que tenían preparados para él para la fiesta del 9 de mayo: “vamos a ponerte un uniforme, darte una pistola y matarte como a un hombre”.

Fue liberado por varias razones. Primero porque nuestro equipo móvil ya estaba operando en Chechenia, así que pronto tuvimos noticia de este hecho. Hicimos una apelación al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos y reaccionaron muy rápido, coincidiendo con nuestra campaña de información. Por eso a los captores les iba a resultar muy difícil hacer pasar a Umarpashaev por un guerrillero. Y segundo, porque fuimos capaces de conseguir su factura de teléfono y establecer pronto donde había estado retenido.

Cuatro meses después, el 2 de abril de 2010, el investigador de la policía Anzor Dyshniyev, de la comisaría del distrito de Oktyabrsky en Grozny, sacó personalmente a Islam fuera de la base de las OMON. Pero para liberarlo, Dyshniyev tenía que saber donde había estado esos cuatro meses. Hizo prometer a Islam que iba a escribir un comunicado en el que asegurase que estuvo en la región de Moscú todo aquel tiempo. Después llamó por teléfono al investigador Isayev, que estaba encargado del caso, para que viniese y escribiese el comunicado. Pero resultó que la conmoción que causó el caso de Umarpashaev hizo que el caso llamase la atención del fiscal Gaiberkov, que se encarga de los casos más importantes. Permitió a Islam volver a casa, pero con la condición de que fuese a la comisaría de Oktyabrsky e hiciese una declaración en la que asegurase que había estado ausente durante esos cuatro meses y que no tenía quejas contra la policía.

Afeitaron a Islam, ya que su barba había crecido bastante, y lo entregaron a su padre y a su hermano, que fueron a recogerle, y quizás hubiese escrito la declaración sobre su estancia en la región de Moscú, pero sus padres estaban asustados porque se pusiese en marcha una conspiración y que las recientes, en aquel momento, explosiones en el metro de Moscú, que se atribuyeron a los guerrilleros chechenos, se las atribuyeran a Islam Umarpashaev. Decidieron pedirnos consejo y tomamos la decisión de sacarle de Chechenia lo antes posible. Esa misma noche le subimos en un avión rumbo a Moscú, y una vez allí viajó en coche a Nizhny Nóvgorod. En el camino Islam nos contó que, aunque recibió golpes al principio de su encarcelamiento, después sólo recibió maltrato psíquico. Lo trataron igual que un buen granjero trata al ganado: la comida no era mala, porque un guerrillero tiene que parecer que está en buena forma.

Cuando las OMON chechenas descubrieron que Islam había desapaecido, arrestaron a su padre y a su hermano, y les dijeron que no los iban a soltar hasta que volviese Islam. Recibí una llamada en Nizhny Nóvgorod del investigador Dyshniyev y me dijo lo mismo. A continuación llamé a Alkhanov, ministro checheno de Interior, que me prometió que iban a soltarlos. No fueron liberados e hice otra llamada para decirle a Alkhanov que la policía estaba engañándonos tanto a nosotros como a él, ya que no soltaban a los familiares de Islam. Después supe que uno de los policías les grito al padre y al hermano de Islam: “me importa una mierda Alkhanov, él sólo es un General y yo soy pariente de Ramzán (Kadírov). Tengo más influencias que Alkhanov”.

Poco después empezaron a llegarnos peticiones oficiales para que entregásemos a Islam Umarpashaev. Teniendo en cuenta la cantidad de tiempo que tarda una carta en llegar a Chechenia, respondí concienzudamente a cada una de ellas, mientras movíamos a Islam de un lado para otro, por lo que no pudieron dar con él. Durante este juego del gato y el ratón, llegamos a un acuerdo con el fiscal Gairbekov para refrendar las pruebas, tal y como obliga la ley. Umarpashaev testificó en Nizhny Nóvgorod y, por nuestra insistencia, su detallada narración se incluyó en el sumario del caso. Para tener total seguridad, llevamos a Islam a entrevistarse con el Defensor del Pueblo ruso, Vladimir Lukin, y durante esa entrevista escribimos otra explicación de la que enviamos una copia a Chechenia.

El siguiente paso era que Islam fuese a la base de las OMON y confirmase el lugar exacto de su cautiverio, pero nos llevó más de 6 meses el poder acceder a la base. Gairbekov explicó que no lo iban a dejar entrar en la base y nos confesó que “tengo que vivir aquí y pueden matarme”. No dio ningún paso oficial: sólo intentó convencernos de que debíamos llevarle a Umarpashaev para interrogarlo. Entendimos su posición e hicimos una solicitud formal de protección estatal.

A finales de setiembre de 2010 llevamos a Islam a Grozny, pero hubo que esperar una semana a que Gairbekov se viese con él. Islam y sus padres tenían un guardaespaldas y un día este guardaespaldas llevó al padre de Islam a casa de Alikhan Tsakaev, mando de las OMON, que le exigió que retirasen todas las acusaciones en un plazo de 24 horas. A cambio, Tsakaev prometió que las OMON dejarían tranquila a partir de ese momento a la familia.

Llegamos a la conclusión de que teníamos que llevar a toda la familia a un lugar seguro y pasar el caso a instancias superiores o a otra región. Y que los investigadores no tuviesen familiares en Chechenia. Pedimos al Comité de Investigación de la Fiscalía General de Rusia que cogiese el caso. Lo rechazaron, pero después de una campaña política por nuestra parte, durante la que enviamos denuncias a las embajadas y consulados de la Unión Europea, y de presionar al Comisario Europeo de Derechos Humanos, Thomas Hammaberg, el caso pasó a manos de otra agencia, el Departamento de Investigación de Casos Importantes, perteneciente al Departamento Superior de Investigación del Distrito del Cáucaso Norte y la Región Sur. A mediados de enero de 2011, Igor Sobol (un buen hombre y buen investigador, miembro del grupo que investigaba la muerte de Natalia Estemírova) cogió el caso de Umarpashaev. ¡Por fin una victoria!

El primer paso de Sobol fue interrogar a Tsakaev, cosa que no había hecho nadie antes. Era obvio que era una formalidad y que, probablemente, Tsakaev fuese a decir que no conocía a nadie apellidado Umarpashaev. Sobol le dijo que iba a ir al día siguiente con Islam a la base de las OMON para verificar el testimonio de la víctima en el lugar del delito. Tsakaev empezó a gritar que nadie iba a ir a su territorio sin su permiso y que iba a ordenar a sus hombres que abriesen fuego.

Al día siguiente fue a la base con Islam. Nadie disparó, gracias al cielo, e Islam pudo confirmar su testimonio.

Sobol está haciendo todo lo que puede. Si no llega un informe solicitado por él, vuelve a pedirlo, cada vez a un instancia superior en la cadena de mando.

Nos dijo preocupado que el Ministerio checheno de Interior no iba a prolongar la protección oficial, y el último mes estuvimos viviendo en una república vecina, pero le pedimos al Ministerio que nos explicase este cambio. Creo que la actividad de Sobol inquietó a mucha gente y que alguien en las altas esferas estaba decidido a silenciar a Islam Umarpashaev. Así que ahora la familia está viviendo en una casa de monte en algún lado del centro de Rusia, con las comunicaciones cortadas y con una fuerte protección.

El Kremlin y la Chechenia de Kadírov

Tengo bastante claro que las Fuerzas de Trabajo Temporal del Ministerio ruso del Interior (VOGOiP) y el FSB tienen estrictas instrucciones de no tocar a Kadírov ni a su gente para no desestabilizar la situación en Chechenia. Así que, por orden personal de Putin, Kadírov tiene carta blanca.

El presidente checheno Ramzán Kadírov tiene carta blanca del Kremlin para llevar la región como su feudo personal y busca un camino lealista y anti-independentista. En la práctica, esto significa que las autoridades pueden matar a quien quieran y luego presentarlo como un guerrillero independentista.

El Kremlin considera a Kadírov la única alternativa a la guerra. Es un monstruo y un ogro, pero está manteniendo a los “terroristas” y a los “wahabitas” a raya, y si lo llevasen a juicio volvería la violencia. Es un hecho que las amenazas de Kadírov y su gente, y la imposibilidad de conseguir justicia más cerca de Estrasburgo, llevaron a un montón de gente a escapar a las montañas. Están hartos de tener miedo.

Si la gente que es responsable de la política de violencia en el Cáucaso Norte cree realmente que con la ayuda de Kadírov pueden normalizar la situación, están en un grave error. La situación está lejos de ser normal y está empeorando, no en una proporción lineal, sino exponencial. Todos los “coroneles chechenos” del círculo cercano a Kadírov tienen carta blanca para hacer lo que quieran y tienen un poder absoluto. Sus guerreros profesionales se ven a ellos mismos por encima de la ley rusa y gozan de impunidad absoluta. Controlan parte de la seguridad en las repúblicas vecinas y a lo largo de la Autopista del Don, que llega hasta Moscú. Están ocupados comprando tierras y propiedades inmobiliarias en las ciudades de Stavropol y Krasnodar, al sur de Rusia, y estableciendo sus propios sistemas en esas ciudades. Tienen acceso a enormes cantidades de dinero -y no sólo del presupuesto del Estado, que ya es considerable (diez veces superior a los presupuestos regionales per cápita en el resto de Rusia). Y son casi independientes de Rusia, de su ley, de sus organismos legales, de su sistema judicial y de su Comité de Investigación.

En comparación con la dinastía actual, el gobierno independentista de Dzjokhar Dudáyev de los primeros años 90 era una banda de ilusos soñadores.

Este artículo fue originalmente publicado en la web de Open Democracy.
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