Marta Ter :::: 

Regreso a las tradiciones
Desde la llegada al poder de Ajmed Kadírov en 2001, el hasta entonces muftí de la república chechena promovió un retorno al Islam sufí, tradicional en la región, para contrarrestar el empuje del Islam salafí que predicaba una parte de los rebeldes. Esta reislamización, que continúa vigente hoy en día con el actual presidente Ramzán Kadírov, pretende recuperar antiguas tradiciones chechenas (el adat), así como instaurar la sharia en algunas cuestiones. El objetivo es, según afirman, “elevar el nivel moral y restaurar las tradiciones nacionales”.

Este proceso de “vuelta a la tradición” se ha producido de manera muy desigual y politizada, y la versión local (y sesgada) del Islam sufí que se ha impuesto está perjudicando, sobre todo, el estatus de la mujer. Ella es el centro de la política de “recuperación moral” que se está llevando a cabo.

Satsita (su nombre significa “basta de niñas”, y se utiliza cuando una familia considera que ya tiene demasiadas hijas y quiere tener un hijo), una joven morena y esbelta, ataviada con un vestido celeste, un poco ceñido, unos zapatos de tacón altísimo y un pañuelo a juego, nos cuenta que en Chechenia nunca habían obligado a nadie a cubrirse la cabeza con un pañuelo. La forma en que cada mujer se vestía era asunto suyo o, en todo caso, un asunto puramente familiar, y los únicos que podían objetar algo eran su padre y sus hermanos, o su marido.

Ahora la situación ha cambiado. Satsita debe ponerse el pañuelo para ir a la universidad, donde es obligatorio llevarlo. Y también se lo pone casi siempre para salir a la calle, sobre todo después de que algunas jóvenes fueran atacadas en Grozny, con pistolas de paintball por agentes de la “policía moral”, por no llevarlo.

Los hombres con los que hablamos de este tema secundaban la introducción de un código de vestimenta para las mujeres: “Después de la guerra, había mucho desmadre. Las costumbres rusas estaban arraigando y algunas chechenas comenzaron a vestirse como prostitutas. No podíamos permitir que esto pasara, por lo que el gobierno quiso poner freno a la degradación”.

Más preocupante que el código de vestimenta impuesto es que Kadírov justifique los crímenes de honor, sobre todo los relacionados con la moral de las mujeres, aquellos en los que un hombre puede asesinar a las mujeres de su familia que lo han “deshonrado” por violar los códigos morales vigentes en la república. Kadírov declaró públicamente al respecto: “en Chechenia tenemos estas costumbres. Cualquier niño, hasta el más pequeño, pensaría en matar a su hermana si llevara una vida disipada”.

Nuestra anfitriona, Zarema, nos comentó lo siguiente sobre estas costumbres: “aquí los hombres son infieles, como en todas partes, y no pasa nada. En cambio, a una mujer se la mata sólo por la sospecha de que haya podido serlo”.

Un mes antes de nuestra llegada saltó a la luz pública el caso de dos hermanas, de 15 y 19 años, que fueron asesinadas con un rifle en su propia casa. El padre se entregó a la policía aduciendo que había disparado accidentalmente a una de sus hijas después de que ésta hubiera asesinado a su hermana. Pero pronto se supo que una de las chicas estaba embarazada. Se sospecha que el padre mató a las jóvenes por haberlo deshonrado a él y a su familia con su libertinaje. “Estos crímenes se investigan sólo si se hacen públicos, y aún así es posible que el hombre sea exculpado”, afirma Zarema, “pero a menudo, en los crímenes de honor, el asesinato se comete en secreto dentro la familia, el muerto se entierra sin ceremonia y, simplemente, no pasa nada”.

Cabe mencionar que en un aspecto ha mejorado la condición de la mujer: los secuestros de novias, una práctica extendida en Chechenia, ha sido prohibida por el gobierno. Ahora, si un joven secuestra a una chica, será encarcelado y deberá pagar una multa.

“Odiamos Rusia, no a los rusos”
Si bien en el paisaje checheno es difícil distinguir el rastro de las dos guerras recientes, las cicatrices físicas y psíquicas de las personas son más difíciles de borrar. Los conflictos armados de 1994 y de 1999, así como la deportación sufrida por toda la nación chechena 50 años antes, en 1944, han dejado una profunda huella de odio y resentimiento hacia el agresor, Rusia.

Así pues, hay otra “proeza” que la población reconoce a Kadírov aparte de la rápida reconstrucción de la república: que prácticamente no haya presencia rusa en Chechenia. Poco después de llegar al aeropuerto, cuando nos dirigíamos hacia Grozny en automóvil, pasamos junto a un complejo militar ruso. Aslán lo señaló mientras comentaba satisfecho: “Ahora los federales (militares rusos) se pasan el día escondidos aquí, prácticamente no salen nunca. Kadírov ha echado a los rusos, aquí ya no pintan nada”.

En realidad, no sólo los militares rusos han abandonado Chechenia, sino también prácticamente toda la población de origen eslavo. A raíz de los conflictos armados de los años 90, todo el mundo intentó huir de los bombardeos y las temidas zachistki (operaciones de limpieza), independientemente de su origen étnico. Pero fueron principalmente los chechenos los que, más adelante, volvieron a las ruinas de lo que había sido su casa.

Actualmente, la dictadura de Ramzán Kadírov ofrece pocos atractivos para la población rusa: una alta tasa de desempleo, corrupción rampante, un auge del islam sufí y un retorno a las “tradiciones chechenas”, una retórica nacionalista anti-rusa de los miembros del gobierno, una insurgencia yihadista que atenta de vez en cuando y que es reprimida con brutalidad por las fuerzas del orden…

Los pocos rusos que viven hoy en Chechenia son, en general, personas mayores que no tienen adonde ir, completamente integradas en la sociedad local. Este es el caso de Tamara, la maestra de Aljan-Kalá a quién conocimos. Había sido profesora de lengua rusa del comandante de campo Shamil Basáyev, de quien tenía un buen recuerdo: “era un chico tranquilo. Gracias a él cobré la pensión cuando terminó la primera guerra”.

Cuando le preguntamos a Aslán qué le parecía que hubiera tan pocos rusos viviendo en Chechenia, nos respondió tajante: “no os equivoquéis: odiamos Rusia, no a los rusos”. Aslán había estudiado y trabajado varios años en Rusia, y aún conserva muchas amistades allí. Y recuerda como en su sótano se refugiaban vecinos rusos, que sentían el mismo miedo que él a morir.

La idea de la independencia y de la venganza sigue vigente en las mentes de los chechenos. No han olvidado ni perdonado los crímenes cometidos contra su pueblo. El baile de cifras es importante, pero se cree que el número de civiles muertos desde 1994 como consecuencia de la guerra oscila entre los 170.000 y 200.000, y aún hoy 5.000 personas están desaparecidas. Teniendo en cuenta que la población a principios de los años 90 era de un millón de habitantes, esto significa que cerca de 1 de cada 4 chechenos ha muerto en el conflicto.

Por otra parte, Rusia no ha mostrado ninguna voluntad de investigar y procesar los crímenes de guerra cometidos, negando así el derecho de las víctimas a la justicia, la verdad y la reparación. En consecuencia, las ansias de justicia se mezclan con las de venganza y, como parece que ha ocurrido con el recientemente asesinado coronel Budánov, algún checheno puede decidir tomarse la justicia por su propia mano.

Con cualquier persona que habláramos más de 10 minutos salía a relucir el tema de las guerras recientes. La mayoría de los relatos eran sobrecogedores: conocimos a madres que habían visto morir a sus hijos y maridos, hombres que habían perdido a su familia en bombardeos y abuelas que habían sobrevivido a sus nietos. Asimismo echamos de menos hombres mayores y de mediana edad en las familias que visitamos: no en vano el general Viktor Kazantsev ordenó en la segunda guerra cerrar las fronteras para toda la población masculina de entre 10 y 60 años.

Cada experiencia era una tragedia. La peor de todas, una abuela que había quedado huérfana en el año 1937, cuando sus padres desaparecieron a manos de la NKVD. Luego sufrió la deportación estaliniana de toda la nación chechena al Kazajistán en 1944, donde vio morir a 3 de sus hijos, y ahora, con las dos guerras recientes, perdió uno de sus nietos asesinato a sangre fría por ser periodista, y a dos de sus yernos.

La dictadura de Kadírov
En la primavera de 2007, Vladimir Putin designó Ramzán Kadírov como el nuevo presidente de Chechenia. Desde entonces, Kadírov ha gobernado con mano de hierro la República Chechena, y se ha convertido en el amo y señor del país que preside.

Tiene carta blanca para hacer lo que quiera a cambio de contener el movimiento independentista y sofocar la insurgencia armada. Controla todo lo que sucede y sin su visto bueno, ningún asunto puede prosperar.

Los métodos de lucha antiterrorista que utiliza Kadírov contra los jóvenes que huyen al bosque y abrazan el Islam radical son similares a los que el estado ruso infligía la pasada década sobre toda la población, sostiene un miembro de la ONG Memorial: “torturas, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y medidas punitivas contra las familias de los combatientes están a la orden del día.” ¿Por qué un joven se va al bosque a luchar?, preguntamos: “no tener ningún tipo de perspectiva, la desesperación. Los jóvenes viven en una sociedad muy corrupta y represiva, con tasas de paro muy altas, donde la impunidad es absoluta para los poderosos … es un contexto idóneo para que un joven crea en los ideales que predican los yihadistas y luche por ellos”.

La estrategia de “chechenización” de Putin fue nombrar a Kadírov presidente y dejar que éste y sus hombres hicieran el trabajo sucio. Aparte de aplicarse con diligencia a las tareas encomendadas, Kadírov muestra lealtad a Putin por otras vías: ha colgado retratos suyos por todo Grozny y la principal avenida de la ciudad lleva su nombre. Las declaraciones públicas de Kadírov sobre Putin rebosan alabanzas superlativas y, cuando se retransmite por televisión algún encuentro entre los dos Presidentes, se escenifica una relación de vasallaje.

Así pues, aunque sólo fuera por guardar las apariencias ante dos extranjeras como nosotras, esperaba encontrar a gente cercana a Kadírov cantando excelencias de Rusia y de Putin. Pero no. Tuvimos la posibilidad de conocer a dos altos cargos del gobierno (de manera extraoficial) y su discurso era absolutamente anti-ruso.

Según una persona que conoce personalmente a Kadírov, la sumisión actual hacia Rusia sería una estrategia temporal, para recuperar fuerzas, obtener dinero y volver a levantar la nación. Que en realidad, cuando Putin desaparezca del mapa, nadie sabe qué harán Kadírov y sus 20.000 hombres armados.

También nos sorprendió que estas mismas personas cercanas al Presidente hablaran de él con poco entusiasmo ante nosotras. Algunas han sido nombradas para cargos que se han visto obligados a aceptar. Era aceptar, o marcharse al exilio, o esperar lo peor.

Una persona nos dijo: “la gente está harta de sus retratos, y de que lo controle todo aquí. Muchos esperan que en las próximas elecciones salga elegido Medvédev y lo echen. Porque este ya está harto de él, les ha puesto demasiadas veces en situaciones comprometidas. Una cosa era el padre Kadírov, un hombre inteligente que intentó sacar Chechenia del callejón sin salida en que se encontraba, pero otra es este maleducado de su hijo. Si el padre viera la que ha organizado, se pondría furioso… Kadírov sólo se sostiene por Putin y el día que éste desaparezca o deje colgado, Kadírov perderá su poder “.

¿Qué pasará cuando Moscú decida que Kadírov debe abandonar su cargo? ¿Se quedará de brazos cruzados? Nadie lo sabe, pero el panorama no es muy alentador… Quizá por ello construyen casas que parecen búnkers.

Marta Ter, septiembre de 2011
 Por cuestiones de seguridad, los nombres de las personas que aparecen en este texto han sido modificados. 
Anuncios