Mairbek Vatchagáev :::: En 1858, el nuevo comandante del ejército ruso en el Cáucaso, el príncipe Bariatinski, tomó la decisión de someter Chechenia de una vez por todas, utilizando todos los medios a su alcance. Para lograrlo, envió a Chechenia un contingente de 113 mil soldados que se iban a enfrentar a los 98 mil chechenos supervivientes. Sin esta superioridad numérica, el ejército ruso no hubiese podido acabar con una larga resistencia de los pueblos del Cáucaso Noreste, que llevaban oponiéndose a los rusos desde mediados del siglo XVIII. Sometida Chechenia, la suerte estaba echada: Daguestán cayó cuatro meses después y la región noroccidental del Cáucaso fue conquistada en tres años.
Para asegurar su presencia en Chechenia, los rusos fundaron una decena de aldeas cosacas y varias plazas fortificadas en la parte montañosa de la región. Esas fortalezas existieron durante medio siglo. Todo este tiempo, sus habitantes vivieron en continuo estado de sitio, hasta que el nuevo gobernador del Cáucaso, Vorontsov-Dashkov, decidiera salvar a los soldados supervivientes rusos, cerrando todas las fortalezas militares en las montañas chechenas.

Desde entonces, para mantener la paz en la región, un importante contingente militar siempre ha estado presente en el Cáucaso. Antes de la revolución de 1917, era la 21ª división de infantería con cuartel general en Vladikavkaz, ayudada por numerosas unidades militares cosacas. Después del establecimiento del régimen soviético, tropas de infantería motorizada fueron desplegadas en la región. Algunas unidades se establecieron en la propia Chechenia ; por ejemplo, un regimiento blindado en la ciudad de Shali, que sigue ahí hasta hoy, un regimiento en la parte montañosa de la república cerca del pueblo de Borzoi, que también sigue ahí, además de algunas unidades en Vedeno, la región de Nozhai-Yurt y en los alrededores de Grozny. De modo que tanto durante la Rusia de los zares, como en la Unión Soviética, la región del Cáucaso Norte recibía una atención especial, ya que todos eran consientes del eterno rechazo que sentía la población local hacia la presencia rusa. El único cambio que introdujo el régimen soviético fue fortificar la base militar de Mozdok (en Osetia del Norte, en la intersección entre Chechenia, Ingushetia, Kabardino-Balkaria, Osetia y la región de Stavropol) como base principal en sustitución de la base de Khankala en Grozny.

No es de extrañar pues que, al empezar el conflicto armado en Chechenia, las fuerzas militares que fueron desplegadas en la república estuvieran preparadas para este tipo de acontecimientos.
Cuando en marzo de 2010 Ramzán Kadírov se opuso a la reducción de los efectivos de la policía chechena, proponiendo, a cambio, disminuir o eliminar del todo el envío de unidades provisionales desde otros puntos de Rusia, partía de una actitud personal de rechazo hacia las numerosas fuerzas militares con las que había que lidiar y negociar a diario.
Y es que el ejército ruso es una especie de monstruo de varias cabezas sin un único centro de mando que coordine sus movimientos. Durante las actividades armadas intensas en el territorio de la república, a principios de los años 2000, los guerrilleros chechenos sabían perfectamente que, si atacaban un puesto de control del ejército, podían contar con que no habría ni un sólo disparo en apoyo a los militares por parte de los servicios de seguridad o la policía, cuyos puestos de control se encontraban a escasos metros de distancia. Esto ocurría porque no había ningún tipo de comunicación entre los puestos de control pertenecientes a diferentes ministerios : el FSB (servicios de seguridad), el Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa. Para ponerse en contacto con los que se encontraban a unos metros de distancia, necesitaban llamar primero a las bases centrales de Khankala o Mozdok. El monstruo que extendió sus tentáculos por todo el mundo, no supo establecer una comunicación entre sus diferentes unidades en todo el tiempo que pasó desde la primera campaña militar en Chechenia de 1994-1996. Los guerrilleros siempre aprovecharon esta descoordinación en sus incursiones.

Ésta es la razón por la que las autoridades prorrusas, representadas en la persona de Ramzán Kadírov, tenían interés en reducir el número de militares rusos en la república y cerrar los numerosos puestos de control que, al igual que las fortalezas de la Rusia de los zares, no eran más que puntos defensivos para esconderse de los ataques de la guerrilla.

Para los servicios de seguridad y el ejército, las nuevas fuerzas de seguridad creadas por las autoridades prorrusas, representan de hecho la legalización de los antiguos guerrilleros rebeldes, contra los que han estado luchando. Los kadyrovtsy tampoco sienten confianza hacia el ejército y el FSB, y no los consideran como aliados en la confrontación con la guerrilla.
Este rechazo mutuo desemboca a veces en conflictos abiertos. Se puede ver en Youtube una serie de videos en los que un grupo de kadyrovtsy maltratan literalmente a unos militares rusos y miembros de Spetsnaz, humillándolos y ninguneándolos.
Las tropas federales rusas, si no son consideradas enemigo directo por los kadyrovtsy (aunque a veces parece que sí hay una clara enemistad), en ningún caso son vistas como fuerzas amigas. Tratar con ellas no es más que una necesidad temporal para los chechenos que se ven obligados a combatir bajo bandera rusa.

Es poco probable que existan números exactos sobre las fuerzas militares y de seguridad que operan hoy en día en Chechenia, ya que siempre ha sido uno de los muchos secretos de la presencia militar rusa en la república.
Hablando para los informativos de un canal de televisión checheno, Ramzán Kadírov mencionó el dato de 29 mil policías chechenos, es decir, fuerzas dependientes del Ministerio del Interior checheno.
Es preciso destacar que las fuerzas federales cuentan con cuatro batallones compuestos por chechenos étnicos (dos de ellos pertenecen al Ministerio del Interior y dos, al Ministerio de Defensa). Estos batallones se emplean activamente en todas las operaciones policiales contra la guerrilla en todo el territorio de la república, por lo que representan una fuerza adicional del Ministerio de Defensa ruso y del Ministerio del Interior (tropas del interior subordinadas al Ministro del Interior). Esto se hace con el objetivo de dispersar las numerosas fuerzas a las órdenes de las autoridades chechenas prorrusas. Aunque para las autoridades chechenas no existe una gran diferencia en cuanto a la subordinación de dichos batallones.

Sólo disponemos de estadísticas relativas al batallón Sever (Norte) que pertenece oficialmente a las fuerzas del Interior, cuyos efectivos ascienden a 1 200 personas. Si suponemos que los cuatro batallones tienen más o menos el mismo número de efectivos, hablaríamos de 4 800 personas bajo bandera federal rusa.

– La 46ª brigada del Ministerio del Interior con 10 000 efectivos (existen planes de su ampliación hasta 15 000 efectivos).
– La 42ª división de infantería motorizada perteneciente al Ministerio de Defensa alcanza 15 000 efectivos. En febrero de 2006, el entonces líder prorruso Alu Aljánov dijo que la agrupación militar federal, contando solo a dos brigadas, contaba entre 36 y 38 mil militares, y no hay razón alguna para poner en duda este dato.
– La guardia fronteriza, que pertenece al Servicio Federal de Seguridad, y está permanentemente desplegada en Chechenia, se compone de 3 000 efectivos.

De este modo, llegamos a la cifra de 74 800 militares desplegados en la república. Pero debemos tener en cuenta que sólo podemos contabilizar una parte de todos los efectivos, ya que los datos sobre las unidades provisionales enviadas a Chechenia desde toda Rusia, permanecen secretos. Cuando decimos «de toda Rusia», hay que entenderlo literalmente: cada seis meses todas las regiones del país, sin excepción, deben formar unas unidades de policía (OMON, Spetsnaz, etc.) que van a ser enviadas a Chechenia. Desde hace once años, llegan a Chechenia unidades desde Murmansk en el norte de Rusia, o desde Jabárovsk y Najodka, en el Extremo oriente.
No son iguales en cuanto al número de efectivos, pero podemos hacernos una idea, ya que las unidades salen no sólo de las regiones, sino también de algunas ciudades grandes. Por ejemplo, Tatarstán envía una unidad desde Kazán, la capital, pero también desde Naberezhnye Chelny, que es una de las ciudades más importantes. Si contamos que las unidades suelen componerse de un promedio de 50 militares (normalmente entre 40 y 60), tenemos 4 000 efectivos más en la estructura del Ministerio del Interior ruso. Cada seis meses, los efectivos de las unidades provisionales son remplazados por fuerzas nuevas de la misma región. En los informativos, a menudo oímos hablar de un gobernador o jefe de la administración regional que va a visitar sus tropas desplegadas en Chechenia.

Tampoco tenemos datos relativos a las unidades de seguridad ciudadana, que también están armadas y pueden ser utilizadas por las autoridades regionales en caso de emergencia. Se trataría de varios miles de policías.
Deberíamos sumar también las unidades de protección que incluyen la seguridad de todos los ministros del gobierno prorruso, de todos los imanes y cadíes y, por supuesto, del propio muftí, y de todos los jefes de administraciones locales.
El total se eleva ahora a 80 000 personas, pero el número nos parece rebajado, ya que es poco probable que las cifras reales que maneja el ejército, coincidan con los datos que aparecen en la prensa.
Podemos suponer, sin embargo, que la situación actual en Chechenia no permite reducir los efectivos militares a los niveles admisibles en tiempos de paz.
No olvidemos las unidades desplegadas a lo largo de las fronteras chechenas, que garantizan la actividad normal de las tropas y unidades que se encuentran en el interior de la república.

De esta manera, el número total del contingente militar ruso establecido en un territorio de apenas 15 mil kilómetros cuadrados, permite, en gran medida, frenar la actividad de la guerrilla en Chechenia, pero es claramente insuficiente para neutralizarla del todo.

Podríamos describir la situación actual en Chechenia parafraseando a los clásicos : «las clases altas quieren pero no pueden, las clases bajas también quieren pero tampoco pueden». Por ahora no se ve ninguna solución ; esta se va a perfilar seguramente en un futuro próximo.

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