Miguel Vázquez Liñán :::: Vladímir Putin, en su ya tradicional posado veraniego, decidió sumergirse en las aguas del Mar Negro para encontrar, casualmente, no sólo varias cámaras del Primer Canal de televisión, sino también dos ánforas griegas del siglo VI antes de Cristo. La inmersión fue breve y a no demasiada profundidad (unos dos metros); pero el equipamiento era el de las grandes ocasiones y el resultado de lo más eficiente: las ánforas estaban cerquita y casi a estrenar. De paso, dejó en entredicho la solvencia de los arqueólogos de la expedición “La Atlántida Rusa”, que investigan la zona de la antigua colonia griega de Fanagoria, del siglo VI a. de C.

Más allá del mal gusto del que hace gala en su propaganda el primer ministro (y a su vez ex primer ministro – ex presidente en funciones – ex presidente – ahora otra vez primer ministro y puede que pronto otra vez presidente), el espectáculo “agostí” se enmarca en la campaña por hacer de los distritos Sur (con capital en Rostov del Don) y Cáucaso Norte (cuya capital es Piatigorsk, en Stávropol) zonas de atractivo turístico nacional e internacional.

No hay duda; el Cáucaso Norte cuenta con una naturaleza privilegiada que haría las delicias de los aficionados a los deportes de montaña, y cuenta también con interminables bosques, “sol y playa”, balnearios y una historia cuyas huellas, a pesar de las heridas que han dejado las últimas décadas, aún pueden contemplarse. ¡Qué decir del submarinismo que no haya quedado ya claro tras el chapuzón putiniano!

En 2014, Sochi, núcleo turístico de la región de Krasnodar (Distrito Sur), a orillas del Mar Negro y a dos pasos de la ahora “casi-rusa” República de Abjazia, acogerá los Juegos Olímpicos de invierno. En 2018, el mundial de fútbol se celebrará en Rusia y el país volverá a ocupar las primeras páginas de los medios nacionales e internacionales. Parecería un buen momento para presentar al Cáucaso como una zona preparada y deseosa de acoger a turistas internacionales. Estos dos acontecimientos deportivos están marcados en rojo en la agenda del Ministerio de Deporte, Turismo y Juventud de la Federación Rusa. De este Ministerio, y para preparar cuadros regionales políticamente leales y con “espíritu emprendedor”, ha partido la iniciativa de organizar el campamento para jóvenes “Mashuk-2011”, celebrado en agosto junto a la montaña del mismo nombre, en la ciudad de Piatigorsk. El propio Putin asistió y dialogó con unos jóvenes entregados a colaborar en el futuro turístico de la región.

El campamento es el hermano menor de “Seliger”, uno de los proyectos estrella de la propaganda gubernamental dirigida a la juventud. El formato es el mismo: en un paraje natural apropiado (el lago Seliger o el monte Mashuk) se establece un campamento para jóvenes provisto, al menos en teoría, de las últimas tecnologías y al que acuden, como instructores, personalidades nacionales e internacionales del mundo de los negocios, las nuevas tecnologías, la comunicación, etc. En Seliger, las jornadas suelen verse amenizadas, además, por los discursos patriótico-moralistas del Director de la Agencia Estatal para la Juventud, Vasili Yakimenko, ex líder de los grupos juveniles pro-Putin Caminando Juntos (Idushie Vmeste) y Los Nuestros (Nashi). No obstante, el plato fuerte es la visita del tándem Putin-Medvédev; aunque provocando desmayos y reacciones patrióticas nadie supera al primer ministro. Mashuk-2011 sigue el mismo guión; se trata de promocionar un determinado perfil de “joven exitoso”: empresario docto en finanzas, hábil con las nuevas tecnologías, patriota, votante de Rusia Unida y rico. El éxito, aquí, se mide en millones de rublos.

El fútbol es otro de los pilares de esta campaña de promoción del Cáucaso. Equipos como el Terek de Grozny o el Anzhi de Majachkalá se han unido a la lista de clubes que funcionan, a golpe de talonario, como promotores del turismo en la zona. El fichaje de Eto’o por el Anzhi, este verano, convierte al camerunés en el jugador mejor pagado del mundo. El flujo de aficionados, con toda probabilidad, aumentará, y la posibilidad de que estos equipos entren en competiciones europeas abre la puerta al turismo que genera el fútbol internacional.

Pero digámoslo todo. A pesar de la imagen “modernizadora” que muestran foros como Mashuk-2011, las estrellas del deporte o las faraónicas obras públicas que en Chechenia se han llevado a cabo en los últimos años, no parece haber aglomeraciones de turistas deseosos de pasar unas tranquilas vacaciones en Majachkalá (Daguestán), o Nazrán (Ingushetia). Y el porqué va más allá de la falta endémica de comunicaciones e infraestructuras apropiadas. Si hablamos de los turistas rusos, ni siquiera aquellos que ven a diario el Canal 1 de televisión (para el que todo lo malo pasa -y se origina- fuera de las fronteras de la Federación Rusa) son ajenos a que en esas ciudades no hay un solo día sin enfrentamientos armados de diverso tipo. Los propios informes oficiales hablan, además, de una situación insostenible donde los niveles de desempleo están muy por encima de la media nacional. El informe gubernamental de 2010 “Estrategia de desarrollo socio-económico del Distrito Federal del Cáucaso Norte hasta 2025” fija el turismo (especialmente el turismo de montaña y el de salud) como una de las áreas de desarrollo estratégico para la región (las otras son la agricultura, energía eléctrica, industria de extracción y transformación de recursos naturales y el desarrollo de la red de transportes), y hace un balance muy negativo del estado general del sector en la actualidad.

No obstante, dicho informe, aunque menciona el deficiente estado de la seguridad en la zona, no presta demasiada atención a la corrupción, ni por supuesto hace referencia a las denuncias de represión política, tortura en las cárceles y desapariciones de personas tras las que, en muchas ocasiones, parecen estar las múltiples fuerzas de seguridad que operan en la región. Sin embargo, el “lado salvaje” de la situación en el Cáucaso ha sido y es documentada, cada vez con más dificultades, por organizaciones que trabajan sobre el terreno, tanto rusas como internacionales (Memorial, el Comité Contra la Tortura, Amnistía Internacional, etc.). Es cierto que los informes de dichas organizaciones tienen cierto impacto en los medios internacionales y esto influye en que, quien fuera de Rusia sabe dónde está el Cáucaso Norte, suela tener una imagen muy negativa de él.

El Kremlin entiende esto y hace lo que puede o sabe para intentar mejorar esa imagen. Reconozcámoslo: no es tarea fácil, sobre todo cuando la política aplicada en Chechenia, y convertida casi en modelo regional, ha sido situar en el gobierno a un presidente todopoderoso, sin cuyo visto bueno nada echa a andar en Chechenia. Este modus operandi limita, como mínimo, el “espíritu emprendedor” de los asistentes a Mashuk. Volviendo al foro juvenil, uno de los objetivos que se marcaba era el de “reunir a los jóvenes periodistas y bloggers para la construcción, en el terreno de la información, de una imagen positiva del Cáucaso Norte”. Es posible que quienes hayan acudido a Mashuk ya estuvieran en la línea “correcta”, la de la imagen positiva. Es también probable que en el foro hayan hecho provechosos contactos y quizás cerrado algo de financiación para sus proyectos. Pero el Cáucaso Norte necesita algo más que una campaña de “imagen”; precisa de respuestas sensatas a preguntas de largo recorrido: ¿es el “modelo Kadyrov” la apuesta de Moscú para el futuro de la región o se trata de un parche temporal?, ¿no se contempla la necesidad de una “reconciliación nacional” en la zona, que revise el pasado reciente y las responsabilidades de lo ocurrido?, ¿no se va a buscar oficialmente a los desaparecidos?

Y, al fin y al cabo, ¿es viable, a largo plazo, el mantenimiento de los territorios que componen el Cáucaso Norte dentro de la Federación Rusa?

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