Marta Ter :::: La decisión de celebrar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi, tierra ancestral de los circasianos, ha reavivado sentimientos y aspiraciones nacionalistas de este grupo étnico. Varios activistas circasianos, dentro y fuera de Rusia, han organizado el Comité “No Sochi 2014 Olympics Campaign”, cuyo principal objetivo es conseguir que los Juegos Olímpicos se cancelen a no ser que Moscú se disculpe por el genocidio que aseguran se cometió contra su pueblo hace exactamente 150 años.

Los circasianos son los habitantes de la Circasia histórica o Adiguea (tal y como ellos la denominan), que ocupaba prácticamente la mitad oeste del Cáucaso Norte. A diferencia de otras tierras más inhóspitas del Cáucaso, Circasia contaba con ricas tierras agrícolas y con la estratégica costa del mar Negro, codiciadas por el Imperio Ruso.

Durante la campaña militar rusa contra Circasia en el s. XVIII-XIX, las estadísticas oficiales zaristas muestran que más de 400.000 circasianos fueron asesinados. Otros 497.000 fueron empujados hacia la costa del mar Negro, y de allí fueron expulsados a Turquía. Solo 80.000 circasianos permanecieron en su tierra natal tras la guerra.

La derrota final del pueblo circasiano tuvo lugar en 1864 cerca de Sochi, en Krasnaya Poliana, en el exacto lugar donde está previsto que se celebren los Juegos Olímpicos 150 años después. Los cosacos se instalaron entonces junto con los colonizadores eslavos en Circasia, que fue declarada territorio del imperio ruso. El patrimonio cultural del pueblo circasiano fue destruido e incluso hoy en día, en los museos estatales de Sochi, no hay ninguna referencia a los circasianos.

En la actualidad, el 80% de los circasianos vive en la diáspora. El 20% restante, unas 700.000 personas, viven en el Cáucaso Norte, divididos en tres repúblicas autónomas: Adiguesia, Kabardino-Balkaria y Karachevo-Cherkesia (adigueses, kabardos y cherkeses son circasianos). El trazado de estas repúblicas fue idea de Stalin, basándose en el viejo principio de “divide y vencerás”: creó un laberinto de pueblos antagonistas artificialmente unidos, asegurando así que la autoridad soviética sería la única fuerza unificadora.

Cuando el Comité Olímpico anunció que los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 se celebrarían en Sochi, varios activistas circasianos iniciaron la campaña internacional de lobby “No Sochi 2014” para presionar a Moscú en tres direcciones: para que reconociera el genocidio cometido contra su pueblo; para que los emigrantes circasianos tuvieran derecho a volver a su patria histórica, y para que las fronteras de las repúblicas norcaucásicas se modificaran a fin de reconstruir la Circasia histórica.

Hasta ahora, Moscú ha hecho oídos sordos a las demandas circasianas. Aparte de algunas concesiones de poder dentro de las repúblicas (nombrar primeros ministros circasianos en algunos gobiernos locales), no ha habido más consecuencias.

En cambio, otros países han decidido tomarse muy en serio la causa circasiana. A lo largo de 2009 y 2010 Georgia ha acogido diversos congresos internacionales de activistas circasianos subvenvionados por algunas fundaciones estadounidenses, y en 2011 el Parlamento georgiano ha reconocido por unanimidad el genocidio cometido contra los circasianos por el Imperio Ruso.

Quizá este interés no se deba tanto a consideraciones de justicia como a la intención de promover cualquier movimiento separatista anti-ruso en el Cáucaso Norte, o bien a la intención de distanciar a abjazios y circasianos, dos pueblos vecinos emparentados culturalmente. Abjazia, región separatista de Georgia, se verá ampliamente beneficiada si los juegos Olímpicos se celebran en la cercana Sochi, hecho que parece no ser del agrado del gobierno georgiano.

Sea como fuere, los Juegos Olímpicos son un foco de atención mediática mundial y a medida que estos se vayan acercando, será más difícil para Moscú acallar al movimiento nacionalista y sus demandas.

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