Jesús Cruz Álvarez :::: Las elecciones presidenciales rusas de 2012 ya se vislumbran en el horizonte y, en consecuencia, la actualidad informativa del país se ciñe a los movimientos que, en distintas direcciones, comienzan a producirse en la carrera hacia el poder. La ausencia de un candidato firme en representación del partido del gobierno ha sembrado gran incertidumbre en los círculos políticos; Dimitri Medvédev bascula entre una posición de indiferencia respecto al tema (1) y la emisión de señales contradictorias que, o bien persiguen cierto distanciamiento de la figura de Vladimir Putin (2, 3), o bien destacan la buena sintonía entre ambos (4).

Lo que parece bastante seguro es que el nuevo presidente saldrá de este tándem (5) en una competición cuya intensidad dependerá de la intransigencia de cada uno de los contendientes (6, 7). Más allá de esta bipolaridad personalista en el seno de Rusia Unida, las opciones para el resto de candidatos presidenciales son exiguas. Si bien el sempiterno candidato comunista Guennadi Ziugánov concurrirá de nuevo a las elecciones sin apreciar fundamentales diferencias entre sus contrincantes del Kremlin (8), la inclusión de nuevas figuras en la carrera política se ha visto coartada por la propia justicia rusa. El Partido de la Libertad Popular (PARNAS), encabezado por los antiguos miembros del gobierno Mijaíl Kasiánov, Boris Nemtsov y Vladimir Rizhkov, ha visto cómo el Ministerio de Justicia (9) le denegaba la inscripción para participar en las elecciones legislativas de diciembre. La decisión ha desencadenado movimientos de protesta (10) por quienes la consideran el inicio de un nuevo fraude electoral que reeditará la hegemonía de Rusia Unida en la Duma estatal.

Sin embargo, el papel de este partido político en el futuro del país aún es incierto. La búsqueda de respaldo empresarial (11) y la remodelación interna auspiciada por parte de Medvédev, quien dice perseguir la descentralización del poder en todos los niveles del Estado (12), son algunas de las acciones emprendidas para competir contra la nueva formación política creada por Vladimir Putin, el Frente Popular de Rusia (FPR), que reúne a grandes oligarcas y empresarios del país (13). También con mucho dinero como credencial, Mijaíl Prokhorov, millonario propietario del equipo de la NBA New Jersey Nets, pretende crear un nuevo partido liberal en Rusia, aunque bastante en consonancia con los preceptos del Kremlin (14)

En las últimas semanas, parecen haberse producido ciertos cambios positivos para el estado de la democracia en el país. El extremismo de los movimientos nacionalistas comienza a ser atajado por la justicia (15), tal y como muestra el juicio al asesino de la periodista Anastasia Babúrova y el abogado Stanislav Markélov (16). Este hecho coincide con la detención en Chechenia del pistolero que acabó con la vida de Anna Politkóvskaya (17) y con la absolución de un activista por los derechos humanos en esa misma región, que había acusado a Ramzan Kadírov de asesinato (18). En otro orden de cosas, uno de los blancos de las críticas de Politkóvskaya a lo largo de su labor periodística, Yuri Budánov, coronel del ejército en Chechenia condenado por matar a una joven chechena, ha sido asesinado por dos personas no identificadas en Moscú y enterrado con honores (19).

Por su parte, el capítulo de periodistas muertos en Rusia no cesa. El último ha sido Anatoli Bitkov, redactor jefe del canal de televisión regional “Kolimá+”, en la ciudad de Magadán (20). En estas semanas también hemos tenido que lamentar la muerte de Yelenna Bonner, viuda del premio Nobel de la Paz Andrei Sajarov, (21), y el trágico accidente aéreo de Petrozavodsk, en el que murieron 44 pasajeros (22).

En la crónica judicial, el caso del ex magnate ruso Mijaíl Jodorkovski vuelve a enquistarse, esta vez en el Alto Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, el cual ha dictaminado que existieron irregularidades en la detención y encarcelamiento del ex propietario de Yukos en virtud a motivaciones políticas (23, 24). La resolución del tribunal establece que hubo ocho violaciones de la Convención Europea de Derechos Humanos, lo cual enturbia las relaciones entre Rusia y la UE, ya de por sí enrarecidas por la crisis alimentaria desatada por la bacteria e-coli (25). En un aspecto más positivo, destaca la disposición de Rusia, Alemania y Polonia a limar diferencias en lo que al enfoque de su historia reciente se refiere (26); o los acuerdos comerciales de empresas españolas en el mercado ruso (27), así como la inversión de Francia en la construcción de un ski resort en el Cáucaso Norte (28).

Por otro lado, la actualidad informativa nos sigue emplazando a la situación de alta volatilidad política en Bielorrusia desde las últimas elecciones presidenciales, que volvieron a darle la victoria a Lukashenko, victoria contestada por la oposición, ahora silenciada por la fuerza (29, 30) en un régimen que sigue ejerciendo una dura represión sobre la misma (31). Georgia, por su parte, también concentra buena parte de la atención internacional en virtud a diferentes manifestaciones tendentes a quebrar la frágil armonía con Rusia. El Parlamento del país “reconoció”, el pasado mes de mayo, que las deportaciones y asesinatos llevados a cabo por el régimen zarista en el siglo XIX deben ser catalogadas como genocidio (32), mientras que semanas después amenazaba con abandonar los diálogos periódicos mantenidos con el Kremlin (33) y creaba una lista negra de colaboradores y antiguos miembros del KGB (34). Incluso ha conseguido que países como Corea del Sur  (35) reconozca su nombre en inglés (Georgia) y no en ruso (Gruziya).

En el resto de países del antiguo espacio soviético, las esperanzas de un futuro de paz se van abriendo paso en el complejo enclave de Nagorno Karabaj (36, 37), donde desde hace décadas se enfrentan los gobiernos de Azerbaiján y Armenia. En Tayikistán, un periodista de la BBC ha sido arrestado por un supuesto delito de extremismo islámico (38) en una clara muestra del deterioro de las libertades en el país centroasiático (39); mientras que en Uzbekistán la explotación laboral infantil continúa centrando la atención de organizaciones de derechos humanos internacionales (40).

Con la llegada del verano, la actividad política pierde fuelle; sin embargo, con dos citas electorales a la vuelta de la esquina, resulta poco probable un cese de la actividad en el Kremlin. La configuración de los dos candidatos se antoja fundamental: Vladimir Putin, por un lado, como el superhéroe (41) que velará por la salud de su patria; Dimitri Medvédev, por su parte, deberá decidir si continúa siendo el escudero particular de Putin o se desmarca como un presidente con una larga carrera por delante, aunque en ocasiones se le olvide echar el freno de mano a su debido tiempo…(42)