Pavel Felgenhauer (Jamestown Foundation) :::: Los oficiales rusos reaccionaron favorablemente ante la ejecución del líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama Bin Laden, por parte de guerrillas del SEAL (siglas en inglés de las Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina Estadounidense) durante el asalto a un recinto a Abbottabad, Pakistán. El Kremlin felicitó a los Estados Unidos por su “gran éxito en la lucha contra el terrorismo global” y pidió más cooperación en materia de seguridad.

El ministro de asuntos exteriores, en un comunicado corto, expresó la gratitud de Moscú por haber sido informado en privado desde Washington sobre la muerte de Bin Laden antes de que los medios de comunicación la hicieran pública. El comunicado continuaba diciendo que “Rusia es un socio en la coalición antiterrorista y compartimos los sentimientos de los estadounidenses”, y celebramos que “Al Qaeda haya sido descabezada”. El comunicado comparaba el “éxito de los SEAL” con el “trabajo de los cuerpos especiales de seguridad en el Cáucaso Norte” a la hora de enfrentarse a los rebeldes y los “emisarios de Al Qaeda”. La declaración comparaba directamente la muerte de Bin Laden con la ejecución del insurgente checheno y señor de la guerra Shamil Basáyev mediante una bomba a control remoto colocada por las fuerzas especiales rusas en 2006.

Rusia ha insistito durante años que la insurgencia en el norte del Cáucaso estaba inspirada por Al Qaeda y otras fuerzas extranjeras. Durante años se ha llevado a cabo una política de terror basada en asesinatos de rebeldes sospechosos, en lugar de intentar capturarlos. Estas ejecuciones sumarias también sucedieron en suelo extranjero: en 2004, el antiguo presidente rebelde Zelimkhan Yandarbiev, exiliado en Qatar, fue asesinado por una bomba colocada en su coche mientras iba a orar a la mezquita. Dos oficiales de la inteligencia militar rusa (GRU) fueron arrestados y condenados por un tribunal de Doha por la colocación del explosivo, pero finalmente fueron extraditados a Moscú.

Hoy las acciones aparentes de tirar a matar de los SEAL norteamericanos en Abbottabad son vistos por Moscú como una legitimación de los asesinatos selectivos previos de sospechosos de terrorismo, y como una carta blanca para hacerlo en el futuro. El líder checheno promoscovita y señor de la guerra Ramzan Kadyrov y otros oficiales y parlamentarios aplaudieron el asesinato de Bin Laden y insistieron que no hay “varias varas de medir”, y que todos los sospechosos de terrorismo deben ser tratados igual. (RIA Novosti, 2 de mayo).

El Comité Nacional Antiterrorista Ruso (NAK) anunció el 4 de mayo que, en una “operación especial en Chechenia, habían asesinado el emisario y principal coordinador de Al Qaeda en el Cáucaso norte”, Doger Sovded, de origen turco y también conocido como Abdulla Kurdo. Según la NAK, Abdulla Kurdo “controlaba y distribuía aportaciones financieras provenientes del extranjero para financiar el terrorismo instalado en el Cáucaso Norte”. Se afirmaba que Abdulla Kurdo era el lugarteniente de Mujannad -el anterior “emisario y principal coordinador de Al Qaeda en el Cáucaso norte”-, asesinado por las fuerzas de seguridad en Chechenia el 12 de abril. Según el NAK, Abdulla Kurdo relevó a Mujannad y ahora ha sido asesinado a su vez “como resultado de la cooperación activa con socios extranjeros” de la coalición antiterrorista. (RIA Novosti, 4 de mayo).

Después del asesinato de Bin Laden, la retórica de las autoridades en Moscú parecía haber vuelto a los tiempos inmediatamente posteriores al 11-S, cuando las relaciones con los Estados Unidos y occidente eran fluidas y la “coalición internacional antiterrorista “parecía ser más que una cáscara hueca. El ultra-nacionalista y antiamericano Vladimir Zhirinovski, quien siempre sigue el clima político del Kremlin y actúa frecuentemente como portavoz no oficial de las autoridades, aplaudió el 2 de mayo del asesinato de Bin Laden e hizo un llamamiento para fortalecer la cooperación en materia de seguridad entre EEUU y Rusia. “Debemos hacer lo correcto: los servicios especiales rusos y estadounidenses deben llegar a un acuerdo en cooperación estratégica”, anunció Zhirinovski, “si actuamos juntos en lugar de ponernos trabas unos a otros, acabaremos con los terrorsitas “.

De hecho, tras el 11-S, se estableció, realmente, una efectiva cooperación entre Occidente y Rusia. Rusia apoyó la invasión estadounidense en Afganistán y el aplastamiento del régimen talibán. De esta manera se eliminaba la amenaza de los principales intereses de Rusia y de las instalaciones estratégicas de defensa en la antigua Asia Central soviética, donde los regímenes dictatoriales podían haber sido socavados por insurgencias apoyadas por los talibanes. En el Cáucaso Norte, los esfuerzos occidentales para neutralizar a las organizaciones islamistas que recaudaban fondos para la yihad comportaron una importante reducción en el flujo de dinero y de voluntarios a las filas rebeldes, ya que el movimiento islamista internacional cambió sus prioridades, y comenzó a canalizar los hombres y recursos disponibles para desestabilizar Irak, Afganistán y Pakistán.

Hoy la situación es totalmente diferente. Según el Teniente General Aleksander Butin, subcomandante primero de las tropas del Interior del Ministerio del Interior (MVD), “Los grupos extremistas del Cáucaso Norte han aprendido a sobrevivir sin dinero del extranjero. Obligan a los empresarios locales y funcionarios corruptos a pagar una tasa.” Según Butin, “hasta el 80% de todos los ataques terroristas cometidos en el Cáucaso Norte son en realidad acciones de protesta” contra la corrupción generalizada del estado, y la población local los apoya. Los programas federales de desarrollo diseñados en Moscú para acabar con la insurgencia en el Cáucaso Norte mediante la creación de puestos de trabajo y mejorar las condiciones de vida, afirma Butin, de hecho provocan un aumento de la actividad terrorista.

Butin vincula el recrudecimiento de la violencia en Kabardino-Balkaria con los planes existentes para construir una estación de esquí. La apropiación indebida de enormes fondos federales por parte de funcionarios corruptos aumenta la tensión social, afecta a las comunidades tradicionales y, en parte, acaba financiando el terror (VPK, 4 de mayo). Si la principal fuente financiera, social y política del terrorismo en el Cáucaso Norte es la corrupción rampante y el nepotismo desmesurado, un incremento de la cooperación antiterrorista con EEUU no puede dar resultados importantes si no va acompañado de cambios significativos en los regímenes de la región y en Moscú.

La desconcertante cadena de declaraciones contradictorias de la Casa Blanca sobre los detalles de la muerte de Bin Laden pronto cambió el estado de ánimo de los comentarios a Moscú, pasando de la alabanza a la burla y la preocupación. Zhirinovski también muy pronto cambió de parecer, posiblemente reflejando el estado de ánimo de los gobernantes de Rusia, tildando la incursión en Abbottabad “de acción organizada”, y afirmando que su principal objetivo era aumentar la popularidad de Obama. Según Zhirinovski, Rusia puede verse afectada si los islamistas, además de influir en la región del Cáucaso Norte, también intentan socavar los regímenes seculares de Asia Central (RIA Novosti, 04 de mayo). De hecho, el asesinato de Bin Laden puede facilitar la retirada de los ejércitos occidentales de Afganistán, lo que dejaría expuestas las actuales dictaduras del Asia Central, mientras que el ejército ruso se encuentra en medio de una tambaleante reforma, mal preparado para contener cualquier emergencia importante adicional.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web de Jamestown Foundation el 5 de mayo de 2011
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