La carrera electoral hacia las elecciones de 2012 se ha intensificado en las últimas semanas. Si bien no está aún claro quién será el “candidato ganador” (las últimas elecciones han tenido un solo candidato digno de ese nombre), los movimientos en la elite política rusa han comenzado a acelerarse. Medvédev ha declarado que probablemente se vuelva a presentar y que hará pública su decisión pronto. Poco después, desde Rusia Unida, afirmaban que el candidato “natural” del partido era el “líder de la nación”; es decir… Putin. Por su parte, el primer ministro sigue deshojando la margarita.

En el esfuerzo (al menos retórico) de Medvédev por emanciparse de la herencia de su padre político, el presidente ruso ha puesto a trabajar a su entorno en propuestas que profundicen en la diferencia entre ambos líderes. Una de las más llamativas es el informe publicado por el Instituto para el Desarrollo Contemporáneo (Institut Sovremennogo Razvitiya) y que lleva por título “Realizando el futuro. Estrategia 2012” (Attaining the Future. Strategy 2012), que pretende ser un detallado programa de gobierno para quien salga elegido en las próximas elecciones. Aunque el informe no habla de “encargo”, el Instituto es un think tank que asesora al presidente Medvédev en el rumbo de sus políticas públicas.

El informe, que comienza con un lenguaje apocalíptico en relación a la necesidad de cambio radical en la política rusa (“no se trata de elegir la dirección que el país debe tomar, sino de la elección entre el futuro del país o la ausencia de tal futuro”), critica duramente las decisiones tomadas en la primera década del siglo XXI. Es decir, la sombra de los años noventa se extiende ahora, también, a la presidencia de Putin, a quien, por supuesto, no se nombra en ningún momento. La propuesta del informe es, claro, la modernización, eslogan universal de las políticas de Medvédev desde su llegada al poder. Y el tono del informe es duro, podría ser el programa de cualquier partido liberal (o neoliberal) de la oposición extraparlamentaria. Es poco probable que políticos como Nemtsov, Ryzhkov, Milov o incluso Kaspárov pusieran grandes reparos para firmarlo como programa electoral. En el informe se habla, por ejemplo, de un fortalecimiento real de la sociedad civil que siga el modelo de los defensores del bosque de Jimki, entre otros. No obstante, a los defensores “reales” los siguen persiguiendo. Se propone acabar con el uso desproporcionado de la fuerza para disolver manifestaciones pacíficas, potenciar un uso democratizador de las nuevas tecnologías (mientras hay propuestas del FSB para prohibir Skype o Gmail), facilitar la inscripción de partidos políticos (nada parecido se ha hecho hasta ahora para que las elecciones de 2012 sean más representativas), etc.

Medvédev no tiene muchas más opciones para diferenciarse de Putin, sin convertirse en Ziugánov, que ser la cara amable, la que propone una democratización seria, ordenada, pero esta vez en serio… del país. El problema es que Medvédev no parece dispuesto a dejar que nadie, más que él, represente esa opción. Y eso se parece mucho… a la vertical del poder de su amigo (ma non troppo) Vladímir Vladímirovich.

Anuncios