El día 23 de marzo se celebró, en Nazrán, la capital de Ingushetia, una manifestación en protesta por los frecuentes secuestros que se producen en la pequeña república norcaucásica. Los manifestantes salieron a la calle para mostrar su repulsa a una práctica, la del secuestro, en la que demasiado a menudo parecen estar involucradas las fuerzas de seguridad de la república.

Uno de los asistentes a la manifestación fue Magomed Khazbíev, líder de la oposición ingush y dueño del portal ingushetia.ru, cuyo fundador, Magomed Evlóev, fue asesinado en 2008 a manos de la policía. Tomó el relevo de la publicación Maksharip Aúshev, un activista por los derechos humanos que fue también asesinado un año después.

Tras finalizar la citada manifestación, y cuando Magomed Khazbíev se dirigía a casa, su coche fue tiroteado, aunque sin consecuencias graves para los ocupantes (el propio Khazbíev y dos de sus hermanos). Poco después, hombres armados que no se identificaron llegaron a la casa de los Khazbíev y se llevaron, sin decir a dónde, a Magomed y sus hermanos, tras haberlos golpeado repetida y duramente.

Poco después, volvieron a aparecer hombres armados en la casa de los Khazbíev. Esta vez se presentaron como miembros del Ministerio del Interior de Ingushetia y de su delegación de inspección de vehículos, que venían a llevarse el vehículo tiroteado. Según los familiares de Khazbíev, citados por Novaya Gazeta, ante la petición de que mostrasen la orden para retirar el vehículo, los supuestos representantes del Ministerio se negaron y afirmaron tener órdenes directas de Evkúrov, actual presidente de Ingushetia. En esta misma nota de Novaya Gazeta se informaba de que el periodista, autor de la nota (que aparecía sin firma) había recibido el siguiente mensaje de Khazbíev, el mismo día de su arresto: “Me han dado una violenta paliza, tengo muchas heridas en la cabeza”, y también informaba de que se encontraba en la comisaría de Nazrán. El periódico se ha puesto en contacto con la comisaría, desde donde aseguran no saber nada del asunto.
Según Novaya Gazeta, Magomed Khazbíev ya sufrió un atentado contra su vida el mes pasado, poco antes de que se celebrara una conferencia de prensa en Moscú en la que debía intervenir. El acto tuvo que posponerse al 21 de febrero, cuando, finalmente Khazhíev impartió una charla titulada “Tensión en Ingushetia como consecuencia de los errores del poder”, en la que se refirió a los frecuentes e irresolutos secuestros que se producen en la república, así como de la incapacidad de su gobierno para detener el derramamiento de sangre en su territorio, además de criticar duramente el modo de actuar de algunos silovikí.

La prensa generalista rusa recogió el arresto de Khazbíev sin demasiado entusiasmo, como ocurre habitualmente, y también con las excepciones habituales (pocas, por desgracia). En algunos medios se informó de ello el día 23 y no volvió a mencionarse el tema, o se hizo en forma de breve. Y el tono de la cobertura tampoco difirió en demasía de la realizada para sucesos similares: contradicciones de las autoridades policiales, que primero dijeron no haber detenido a ningún Khazbíev y, no mucho después que sí, pero no como se había publicado… (véase, por ejemplo, el programa de Andrei Babitski en Radio Svoboda. Buena parte de la prensa “paraoficial” se hizo eco de la versión oficial que, como de costumbre, acusaba al líder opositor de comportamiento violento e ilegal: Pravda sentenciaba en su titular: “El opositor ingushetio llevó al mitin una pistola de aire comprimido”, y Komsomolskaya Pravda recuerda a sus lectores que el motivo de su detención ha sido organizar una “manifestación no autorizada” y “causar desórdenes”. Además, cita RIA Novosti a un miembro del MVD en una información de Gazeta, cuando las fuerzas de seguridad ordenaron disolver la“acción no autorizada”,”la multitud arrojó piedras a los miembros de la policía y dispararon con pistolas de aire comprimido contra la policía”.En total, según anunció posteriormente el Ministerio del Interior, 10 personas fueron detenidas por participar en este mitin; cuatro de ellas fueron condenadas a 5 días de arresto y Khazbíev a 10. Gazeta.ru y Eco de Moscú, por su parte, publicaron en sus webs el vídeo difundido por Kavkazki Uzel en el que se puede ver el momento en el que 30 uniformados con la cara cubierta llegan por segunda vez a la casa de Khazbíev y se llevan su coche.
Desde el día de la desaparición de Khazbíev y sus dos hermanos, sus padres sostuvieron ante autoridades y medios de comunicación que su hijo no era el organizador de la acción, a la que, al parecer, no acudieron más de 70-80 personas. Finalmente, el día 26 de marzo Magomed Khazbíev fue liberado a petición del presidente de la república Yunus-Bek Evkúrov. Como notificaron a la emisora Eco de Moscú los servicios de prensa del líder de Ingushusetia, “los familiares se dirigieron a Evkúrov con la petición de liberar a su hijo” por motivos de salud y “los padres prometieron que Khazbíev no volvería a tomar parte en futuras acciones ilegales”.
En 2009, Rashid Gaisánov (1), en una entrevista concedida a The Moscow Times, había asegurado: “No tengo oposición”. Ni Magomed Khazbíev ni Maksharip Aúshev, que en repetidas ocasiones han hablado de la incapacidad del actual gobierno para dirigir la república, son suficientemente fuertes, y lo que buscan es “destabilizar” el sistema, al poder. “A esta pregunta [sobre la incapacidad del gobierno] deben responder las fuerzas especiales”. Ya hemos visto cómo responden… Y, de todos modos, si no son “oposición”, ¿por qué esa saña en la represión de sus acciones?

Finalmente, parecería que todo se ha resuelto “satisfactoriamente”, pero no es necesariamente así. El problema de fondo (secuestros, desapariciones, detenciones injustificadas, violencia endémica de las fuerzas de seguridad, asesinatos, etc.) sigue existiendo ante el ruidoso silencio de las autoridades de Moscú, por no hablar de la llamada “comunidad internacional” (léase EEUU y la UE) que se mantienen tozudamente en el “no sabe, no contesta”. Podría parecer cerrado el “asunto Khazbíev”, ya que el arresto parece estar justificado si atendemos a las informaciones del MVD (recordemos: causaron desórdenes, cortaron una calle, algunos llevaban pistolas de aire comprimido, tiraron piedras a la policía, la acción no estaba autorizada, etc.), pero aún no hay informes de policías heridos por los supuestos incidentes y desórdenes causados en el mitin, ni sabemos con seguridad quién organizó la manifestación, ni por qué decidieron -ni quién ordenó- que se llevasen por la fuerza, sin explicación, y tras una paliza, a Khazbíev y sus hermanos (también agredieron al padre), ni hemos oído aún las declaraciones de ningún participante en la manifestación sobre la actuación de la policía.

Esta no es la primera vez, ni será la última, que se detiene a un activista opositor en una manifestación en el territorio ruso. Tampoco es algo novedoso que se les trate como a terroristas. De hecho, muchos activistas por los derechos humanos denuncian que son tratados igual que los terroristas, y lo mismo ocurre con los opositores políticos en el Cáucaso Norte. Todos representan al enemigo para el estado y, en consecuencia, el discurso de los padres a la hora de rescatar a sus hijos y pedir clemencia al Presidente es el mismo: “si la policía suelta esta vez a nuestro hijo, prometemos que ya no les molestará más (sea cometiendo atentados, participando en manifestaciones o denunciando vulneraciones de los derechos humanos). Kadírov ya lo dejó bien claro en la televisión, refiriéndose en concreto a aquellos que denunciaban prácticas criminales del régimen: “Gente como esta son los enemigos de nuestra nación y serán castigados (…) Son peores que los terroristas”.

El caso de Khazbíev es tristemente habitual en el Cáucaso, y muchas veces lo hemos denunciado ya desde estas páginas. El problema de acentúa por el silencio informativo sobre lo que ocurre en el Cáucaso Norte. Un periodista opositor apaleado que, si sus secuestradores son lo suficientemente chapuceros y olvidan quitarle el teléfono móvil, consigue, desde el maletero de un coche, o desde su encierro, enviar un mensaje o llamar a un compañero, que da la voz de alarma. Una voz de alarma que no llega muy lejos: una docena de webs especializadas en el Cáucaso, un breve (muy rara vez) en un periódico de cierto alcance… Y vuelve a pasar. Y no siempre olvidan quitarle el móvil. Y no siempre vuelve a aparecer.

2011 es el año de España en Rusia y de Rusia en España: se están celebrando exposiciones (interesantes, algunas), se han dado discursos y se dará alguno más… se están cerrando acuerdos comerciales (de eso se trata, al fin y al cabo, ¿no?) pero imaginamos con dificultad una reflexión seria en torno a los derechos humanos, esos que se quieren defender en Libia. No se referirán a quienes salen a la calle en Moscú, Nizhny Nóvgorod, Grozny o Nazrán (como en Túnez o Egipto). Es una pena que no hayan incluido un acto de ese tipo en el programa de actividades, junto al homenaje (merecido) a Rafael con motivo del 50 aniversario de su carrera artística y del 40 aniversario de su primer concierto en Rusia.

Muchos de quienes nos dedicamos a seguir (y a contar) lo que ocurre en el Cáucaso tenemos a veces la sensación de estar escribiendo siempre el mismo artículo. Pero no es así. Cada caso tiene nombre y apellidos. Y merece ser contado.

— NOTAS —

(1) Fue presidente de Ingushetia durante el periodo de convalecencia de Evkúrov tras el atentado que sufrió en junio de 2009.

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