German Saduláyev, Prague Watchdog ::: La desinformación o los estereotipos hacen que se asocien la venganza de sangre y la influencia de los clanes a las características de la población chechena.

La venganza de sangre no es ninguna invención o costumbre exclusiva de los chechenos o de otras naciones caucásicas. La mayoría de pueblos de todo el mundo conocieron esta costumbre durante sus respectivos períodos tribales, cuando el poder del estado era débil o inexistente. La venganza de sangre existía ya entre los eslavos, los galos, los francos y los bretones, y encontramos referencias en Rússkaya Pravda (el primer código legal del antiguo estado ruso) y en la Torá de los judíos.

Es evidente que en la época en la que no había tribunales de justicia, no podía ser de otra forma. El miedo ante una posible venganza de sangre evitaba asesinatos innecesarios entre los miembros de las tribus. Pero cuando el poder del estado empezó a ganar terreno dentro de la sociedad, estableció su monopolio sobre el castigo, de manera que la venganza de sangre sobrevivió solo durante cierto tiempo como una relíquia de la comunidad tribal, como una práctica ilegal y perseguible como fue el caso, por ejemplo, de Sicilia.

Uno tiene la impresión de que el actual restablecimiento de las tradiciones y costumbres arcaicas, incluida la venganza de sangre, viene impuesta desde arriba. Las costumbres obsoletas no resurgen por sí mismas: en un mundo de aviones y de ordenadores no hay ninguna razón objetiva que lo justifique. Son las autoridades y los medios de comunicación quienes las inculcan. ¿Con qué fin? Para demostrar que los gobernantes deben actuar de una forma bárbara ante el barbarismo de la sociedad a la que se enfrentan. ¿No parece evidente?

Y nosotros lo confirmamos: ¡sí, somos los salvajes habitantes de las montañas! ¡Nos regimos por la venganza de sangre! Y estamos muy orgullosos de ello. Y, ahora, hagamos el esfuerzo de creérnoslo nosotros mismos.

Otro mito son los clanes [teips]. Los chechenos están controlados por clanes influyentes.
Claro. ¿Y quién se lo cree? ¿Qué teips? ¿De qué están hablando? Ven a Chechenia, paga un soborno para conseguir un asiento de funcionario en el gobierno y podrás tener tu parcela de poder. Y nadie te preguntará a qué teip perteneces. El dinero no entiende de clanes.

Por favor, abstengámonos de mantener y difundir estas historias escabrosas sobre nosotros mismos: que los chechenos somos salvajes y malvados, que nos regimos por teips y venganzas de sangre, que con una mano escribimos en el ordenador mientras con la otra afilamos el puñal… Todo esto es anticuado e impropio.

Algunos de nuestras costumbres son bellas y eternas: el respeto por los mayores y el trato especial que reciben las mujeres. La amistad y el apoyo mutuo. Tenemos una cultura, una lengua. Este es el tipo de cosas que deberíamos dar a conocer.

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