Usam Baysáev, periodista::: La incursión llevada a cabo por rebeldes chechenos en el pueblo de Tsentorói (el otro nombre de la localidad es Josi-Yurt) no es más que una consecuencia lógica de lo que está ocurriendo en los últimos años en la República

Algo así tenía que ocurrir. Es más, tenía que haber ocurrido mucho antes: hace cinco o seis años, incluso más. La guerra civil, impuesta al pueblo checheno, no tiene piedad. Se suele decir que esas guerras son las más despiadadas y crueles. ¿Será por eso que el derecho internacional contempla unos límites de lo permitido mucho más amplios en un conflicto interno que en los internacionales? Así lo acordaron en su momento los gobiernos de países muy distintos – democráticos, totalitarios, clericales y Dios sabe cuáles más. En este asunto demostraron una sorprendente unanimidad.

El 22 de enero de 2009, en los informativos de la cadena televisiva “Grozny”, el alto cargo de la policía chechena pro-rusa Alí Sabírov declaró que los datos de una persona sospechosa de pertenecer a la insurgencia chechena “…se recogen en una ficha especial, se investiga a la familia del sospechoso, su círculo de amigos etc… Incluso si alguien no ha hecho nada, se le investiga. Al final todos son investigados, ¿me entiende? De modo que, por culpa de uno, sufren muchos”.

En esa entrevista, Alí Sabírov describió, en términos muy suaves, una antigua y ampliamente utilizada práctica de responsabilidad colectiva. Fue metódicamente introducida en Chechenia desde el inicio del segundo conflicto armado en 1999. No era nada novedosa para las fuerzas de seguridad rusas, herederas de la NKVD y del MGB (Ministerio de Seguridad Nacional, por sus siglas en ruso, n.del t.) de la época de Stalin, y más tarde del famoso KGB. Recordemos que fue utilizada en los años 40-50 del pasado siglo para reprimir los movimientos antisoviéticos en la Ucrania Occidental y en los Países Bálticos. Ahí también se incendiaban casas, se hacían rehenes entre los familiares de combatientes, se condenaba y se ejecutaba a personas sospechosas de suministrar información, medios de transporte o alimentos a los rebeldes.

Las fuerzas rusas intentaron aplicar la misma práctica durante la primera guerra ruso-chechena. Pero entonces, el presidente Yeltsin dependía, en gran medida, de la opinión pública rusa que se posicionaba claramente en contra de la guerra. Un hostigamiento masivo de la población civil en Chechenia hubiese puesto en entredicho su imagen de presidente democrático. Sin embargo, los generales y políticos rusos siguen creyendo hasta hoy que es imposible vencer en una guerra de guerrillas sin recurrir a esos métodos. De hecho, así explican la derrota de los rusos frente a los separatistas chechenos en 1996.

En la segunda guerra, iniciada para llevar al poder a Vladímir Putin, intentaron corregir esos “errores”. Desde entonces, la población civil se convirtió en un objetivo militar legítimo y aceptable. En la primera etapa del conflicto, se realizaron ataques masivos con fuego de artillería y bombardeos de pueblos y columnas de refugiados. A partir de la segunda mitad del año 2000, cuando toda la llanura chechena pasó a estar bajo el control del ejército ruso, y los combatientes chechenos se refugiaron en la zona montañosa, desde donde emprendieron una guerra de guerrillas, la violencia contra la población desarmada alcanzó las proporciones de un terror continuo y sistemático.

Todo empezó con ataques a las viviendas de familiares de los rebeldes, acompañados de registros, palizas y robos. Luego, y cada vez con más frecuencia, pasaron a utilizar la práctica de los secuestros o asesinatos de familiares; también volaron casas, algunas veces con sus ocupantes dentro.

Por ejemplo, el 8 de agosto de 2000, durante una “zachistka” (operación de “limpieza”, n. del t.) en el pueblo de Gueji, los militares rusos mataron a tres personas, entre ellas a Magomed Elbíev, un supuesto miembro de la resistencia chechena. Lo apresaron en su casa, mientras estaba en cama con una pierna fracturada, y lo llevaron al campo donde fue ejecutado delante de unos testigos (1). El 22 de junio de 2001, al amanecer, agentes de las fuerzas rusas irrumpieron en la casa de los Elbíev y se llevaron a los tres hermanos menores de Magomed: Muhamed-Alí, Magomed-Saleh y Jas-Magomed. Ese mismo día, los tres fueron hallados muertos en el cementerio local. Llevaban signos de tortura, pero murieron por disparos: uno en la sien, el segundo en la cabeza y el tercero en el corazón. La madre de los Elbíev, junto al único hijo que le quedaba, de 11 años, huyó de Chechenia (2).

A partir de la segunda mitad del año 2000 y hasta finales del 2001, sólo en el distrito de Urus-Martán, se registraron decenas de asesinatos de los familiares de supuestos combatientes. Citemos solamente tres ejemplos:
1) El 4 y el 9 de diciembre de 2000: secuestrados y posteriormente ejecutados los Agáev, padre e hijo (3);
2) El 14 de enero de 2001: secuestrados y asesinados los hermanos Barzukáev (4);
3) El 17 de abril y el 21 de junio de 2001, respectivamente: asesinados el padre y el hijo Aydamírov. El primero fue ajusticiado en una cama de hospital, el segundo en su propia casa (5).

El 28 de diciembre de 2000, en el centro de la ciudad de Urus-Martán, volaron varias casas propiedad de los hermanos Ajmádov, miembros activos de la resistencia chechena. Sus familias, incluyendo mujeres y niños pequeños, se quedaron en la calle en pleno invierno. La operación fue llevada a cabo por las fuerzas de seguridad rusas (6). Seis meses más tarde, el 12 de junio de 2001, Rasambek Ajmádov, de 19 años, fue secuestrado. Todos los intentos por encontrarlo no dieron resultado. El joven, que nunca había cogido un arma y jamás había manifestado tal intención, desapareció sin dejar rastro. Su única culpa fue estar emparentado con unos insurgentes (7).

Semejante práctica, según creen algunos políticos y generales rusos, se basa en la propia naturaleza del conflicto checheno. Una gran parte de la población de la República considera válidas y legítimas las exigencias de la independencia y, además, apoya, aunque sea en secreto, a los que luchan por ella. Las filas separatistas se ven engrosadas por una gran cantidad de jóvenes dispuestos a luchar. Lo único que se puede contraponer a esa tendencia, es la práctica del terror contra toda la población en general y contra los familiares de los combatientes en particular.

El general Vladímir Shamánov, en una entrevista a la periodista Anna Politkóvskaya (8), reconoció abiertamente que para él, la mujer de un combatiente (es decir, integrante de un grupo armado checheno) es una criminal. A la pregunta de si “el hijo de un criminal es también un criminal”, respondió brevemente: “También”.

No fueron sólo los militares, participantes directos en el conflicto armado en el Cáucaso Norte, quienes intentaron justificar la necesidad del terror, sino que hubo intentos de legalizarlo a nivel oficial. El 29 de octubre de 2004, el fiscal general Vladímir Ustínov propuso, ante la Duma de la Federación Rusa, contemplar la legitimidad de la práctica de la toma de rehenes. La propuesta fue acogida favorablemente por el presidente del parlamento ruso, Borís Gryzlov. Éste aseguró que los diputados estarían dispuestos a considerar la consecuente enmienda a la legislación en vigor (9). Es obvio, que una cosa es la actuación real de las fuerzas implicadas en el conflicto, donde cualquier intento de revelar la verdad es “ahogado” por la potente maquinaria propagandística, y otra cosa bien distinta es el reconocimiento oficial de la utilización de métodos terroristas por las autoridades rusas. La iniciativa del fiscal general quedó en eso, en una iniciativa.

Sin embargo, el hecho de que no se admitieran las enmiendas a la ley, no cambió para nada la situación en Chechenia. La llamada “chechenización” del conflicto, resultó ser un mecanismo muy cómodo para continuar con la violencia contra la población civil, sin perjudicar la imagen del poder central. La política del terror se transfirió a las fuerzas chechenas pro-rusas, reclutadas entre la población local, lo que permitió achacar los abusos a la supuesta tradición local de llevar la lucha política con métodos violentos.

Fue ésta la idea central del encuentro que mantuvo Vladímir Putin con la Alta Comisionada de la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Louise Arbour, en febrero de 2006. A la pregunta sobre la violación de los derechos humanos en Chechenia e Ingushetia, el presidente ruso sentenció: esto es el Cáucaso y así son sus tradiciones nacionales (10) …

Las fuerzas de seguridad bajo el mando de Ramzán Kadyrov, que gobierna la República por designio de Moscú, siguen utilizando los mismos métodos para combatir la resistencia armada: secuestran, torturan e incluso asesinan a los familiares de insurgentes, e incendian sus viviendas. Nada nuevo pues, todos esos métodos se llevan utilizando, incluso a mayor escala que ahora, desde el principio del segundo conflicto. Pero algo sí ha cambiado: nunca un checheno había ajusticiado a otro checheno. Llegar a esa situación fue estremecedor para un pueblo que jamás había tenido un sangriento enfrentamiento civil.

Hasta su muerte, en marzo de 2005, el Presidente de la Chechenia independiente, Aslán Masjádov, exigió a las fuerzas armadas a él subordinadas, no atacar a los compatriotas que se habían alistado en la policía o las fuerzas armadas rusas. Se podía recurrir a la fuerza sólo en casos excepcionales para defensa propia. Abdul-Halim Sayduláev, que sustituyó a Masjadov, declaró el cese de las actividades armadas en territorio checheno y su traslado fuera de las fronteras de la República. De ese modo trataba de neutralizar el intento de las autoridades rusas por provocar un conflicto civil en Chechenia.

Durante mucho tiempo, esa estrategia permitió evitar un derramamiento de sangre de mayor magnitud en la República. Ingushetia, Daguestán e incluso Kabardino-Balkaria, que históricamente se había opuesto al poder ruso en menor medida que sus vecinos, prendieron en las llamas de la guerra. A su lado, Chechenia parecía poco menos que un oasis de paz. Las fuerzas de Kadyrov secuestraban y asesinaban, quemaban casas y ejercían violencia contra sus conciudadanos por métodos más o menos sofisticados, y en respuesta no recibían ninguna resistencia seria, si exceptuamos algunos casos de inmolaciones y escaramuzas locales.

Así llegamos a finales de agosto, cuando ocurrió el ataque a Tsentorói, el feudo de Ramzán Kadyrov y los suyos. ¿Significa eso que se pone fin a la política que intenta evitar la guerra civil? ¿El guante lanzado hace unos años por fin ha sido recogido? Todavía no lo sabemos.

Hay algo, sin embargo, que está claro: las cosas no van a ir mejor para los chechenos de a pie. Quizás vayan incluso peor, aunque parezca imposible. El 3 de septiembre, en la región de Vvedenskoe, agentes de la policía pro-rusa tomaron como rehenes a los padres de cuatro insurgentes y, escudándose tras ellos, se adentraron en el bosque. Un escudo humano para protegerse de un posible ataque enemigo, es algo que incluso los militares rusos no se habrían atrevido a hacer. Y es aun más incomprensible cuando se trata de tu propia gente, de chechenos…

¿Qué vendrá después?

(1) Centro de derechos humanos “Memorial” (2003): “Aquí vive gente, Chechenia: crónicas de la violencia (I)”, Moscú: Zvenia.
(2) Centro de derechos humanos “Memorial”(2006): “Aquí vive gente, Chechenia: crónicas de la violencia (III)”, Moscú: Zvenia.
(3) Centro de derechos humanos “Memorial” (2003): “Aquí vive gente, Chechenia: crónicas de la violencia (I)”, Moscú: Zvenia.
(4) Centro de derechos humanos “Memorial”(2006): “Aquí vive gente, Chechenia: crónicas de la violencia (II)”, Moscú: Zvenia.
(5) Centro de derechos humanos “Memorial”(2006): “Aquí vive gente, Chechenia: crónicas de la violencia (III)”, Moscú: Zvenia.
(6) http://www.memo.ru/hr/hotpoints/N-Caucas/hronics/hr0012/index.htm
(7) Centro de derechos humanos “Memorial”(2006): “Aquí vive gente, Chechenia: crónicas de la violencia (III)”, Moscú: Zvenia.
(8) Novaya Gazeta (19 de junio de 2000): “Yo soy Shamánov”.
(9) NEWSru.com: http://www.newsru.com/russia/29oct2004/contrzahvat_print.html
(10) http://index.org.ru/journal/24/bias24.html

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