Miguel Vázquez Liñán, Observatorio Eurasia ::: Comenzó como un enfrentamiento entre ecologistas y constructores de la autopista Moscú – San Petersburgo, pero la lucha por la defensa del bosque Jimki ha pasado a ser una batalla política.

La lucha por la conservación del bosque de Jimki ha trascendido, especialmente en el último año, lo que comenzase como el enfrentamiento entre ecologistas y constructores de la autopista Moscú-San Petersburgo, para convertirse, a día de hoy, en escenario de la batalla política que libran la oposición (real) y el régimen de Medvédev-Putin.

Jimki es una pequeña ciudad, de unos 200.000 habitantes, muy cercana a Moscú, a cuya región pertenece administrativamente. En 2006 se hizo pública la decisión, tomada con anterioridad por el Ministerio de Transporte y que conto con el beneplácito del gobernador de Moscú y el alcalde de Jimki, de que la proyectada autopista de peaje Moscú-San Petersburgo atravesaría el bosque de Jimki. En aquel proyecto, hoy matizado, la autopista, simplemente, borraba de la faz de la tierra dicho bosque, de gran valor ecológico y sentimental para los habitantes de Jimki. En 2007 comenzó la movilización ciudadana en contra del trazado de la autopista.

Uno de los principales activistas en favor de la conservación del bosque, en aquel momento, era Mijail Béketov, director del periódico Jimkinskaya Pravda (La Verdad de Jimki). Béketov denunciaba insistentemente la corrupción de la administración local en las páginas del diario, que se convirtió también en bandera de la oposición a la autopista. Esta actitud resistente le costó a Béketov permanentes amenazas; en mayo de 2008 le reventaron el coche con un artefacto explosivo y, finalmente, el 13 de noviembre de 2008, unos desconocidos le propinaron una tremenda paliza, como resultado de la cual paso varios meses en coma y, tras múltiples operaciones, aún hoy tiene gravísimas secuelas (no puede ni andar ni hablar, por ejemplo). Quizás no sobre recordar que el abogado de Béketov, a parte de las múltiples causas que tuvo que afrontar por su activismo, fue Stanislav Marcelo, asesinado a tiros en el centro de Moscú en enero de 2009, junto a la periodista Anastasia Babúrova.

Eugenia Chírikova recogió, entonces, el testigo de Béketov, que mantiene hasta hoy. Chírikova se ha convertido en la cara visible de un movimiento que ha ido a más, aglutinando en torno a sí, no sólo a grupos ecologistas, sino a políticos de oposición de diferentes tendencias y a una parte importante de los colectivos antifascistas de Rusia. Sobra decir que Chírikova ha recibido también múltiples amenazas (su marido, Mijail Matvéev, fue agredido en agosto) y que la mayoría de los actos de protesta que intenta organizar acaban con una dura intervención policial. Es lo que ocurrió el 28 de julio, cuando unidades especiales del Ministerio del Interior (OMON, en sus siglas en ruso) desmantelo un campamento de tiendas de campana montado por grupos ecologistas para, simbólicamente, proteger el bosque. Varios activistas fueron detenidos en la operación. Ese mismo día, mientras la policía destruía el campamento, un grupo de alrededor de 300 miembros del movimiento antifascista organizo una marcha de protesta por las calles de Jimki, que acabo a las puertas del ayuntamiento. Algunos de los manifestantes lanzaron piedras y rompieron varias ventanas del edificio, hicieron pintadas y lanzaron petardos. Nadie resulto herido. La policía detuvo, al día siguiente, a dos de los líderes del movimiento antifascista, Aleksei Gaskárov y Maksim Solopov, que siguen en prisión preventiva. El caso sigue abierto y todo apunta a que será largo y, como ya ha ocurrido con las primeras vistas… a puerta cerrada.

Mientras tanto, el proyecto de la autopista sigue adelante, aunque con cambios importantes que ha logrado la movilización ciudadana; entre ellos, la actitud del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, uno de los inversores extranjeros del proyecto que, probablemente por la dimensión política y, sobre todo, por el impacto mediático del caso, no ha cerrado aún acuerdo (que parecía inminente) en lo que respecta a su participación en la construcción de la autopista.

El bosque de Jimki continúa, no obstante, tan amenazado como quienes lo defienden. Se trata de un ecosistema frágil, como el régimen político impuesto por el Kremlin que, a pesar de su dura retorica, parece estar siempre a la defensiva en relación a estos pequeños grupos que forman la atomizada oposición rusa. En uno de los últimos actos organizados en defensa del bosque de Jimki, el 22 de agosto, había previsto un concierto tras las intervenciones de los activistas. La policía prohibió conectar los equipos de los grupos que iban a participar en el mismo. Yuri Shevchuk, cantante del veterano grupo de rock DDT y conocido opositor al régimen, entonó, en un improvisado unplugged, algunas de sus canciones más famosas, que fueron coreadas por los asistentes. El efecto emocional entre quienes allí estaban fue así, probablemente, mayor que si lo hubieran dejado «enchufarse». El concierto sonó… a Perestroika.

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