Mairbek Vachagáev, historiador y analista de la Jamestown Foundation ::: En el islam del Cáucaso Norte conviven pacíficamente, después de trece siglos, las tradicionales leyes de las montañas con las leyes islámicas.

El islam se introdujo en el Cáucaso Norte a través de dos vías y periodos de la historia distintos. Desde el sur a través de Daguestán (el Cáucaso nororiental) en el siglo VIII y por el lado de Cherkesia (el Cáucaso noroccidental) con la aparición por estas tierras del ejército del kan Tamerlán (Timur el cojo), a finales del siglo XIV. Pero no debemos considerar estas fechas como el periodo de consolidación del islam en la región, ya que el proceso de adopción del islam entre los pueblos de las montañas del Cáucaso Norte se prolongó unos cuantos siglos, hasta principios del siglo XX (como es el caso de algunos linajes ingush).

El nivel de islamización también se dividió por regiones. El oeste, en Daguestán, era la región más musulmana, pero a medida que se avanzaba hacia el este (entre los adigueses de la zona que rodea el mar Negro) su influencia disminuía.

Durante la expansión del islam por la región, los misioneros se toparon con unas costumbres y unas tradiciones locales muy arraigadas (el adat, un recopilatorio de leyes de las montañas, en su mayoría no escritas) que en ocasiones contravenían a la nueva religión. No resultaba sencillo sustituir esas tradiciones y costumbres de la gente de las montañas —que se habían ido configurando a través de los siglos— por las nuevas leyes islámicas en forma de sharia. De hecho, después de que los pueblos locales hubieron adoptado el islam, el derecho común (adat) coexistió con la sharia, y a menudo incluso prevaleció sobre esta segunda. El islam se convirtió, para los pueblos del Cáucaso Norte, no en una alternativa, sino en un complemento, la confirmación innecesaria de que su ética y moral étnicas eran correctas. Secretamente, se priorizaba el adat —formado en el periodo pre-islámico— frente a la sharia, y las tradiciones y las costumbres nacionales pasaban por delante de las normas del islam.

En ocasiones el adat se imponía a aquellas normas de la sharia que no podían instaurarse entre los montañeses. Por ejemplo, la venganza de sangre; la sharia prohíbe categóricamente vengarse, pero para los habitantes de las montañas renunciar a la venganza es una deshonra. Así pues, en este aspecto, los montañeses no adoptaron la sharia como ley fundamental para regular su modo de vida. La existencia de diferentes formas de legislar se ha mantenido prácticamente hasta nuestros días. Un ejemplo es el rapto de las novias, que se ha practicado desde siempre con el consentimiento de la novia: la sharia castiga esta práctica, pero es una tradición de los habitantes del Cáucaso, independientemente de su nacionalidad y religión (esta costumbre está profundamente arraigada también entre los pueblos cristianos de la zona).

Precisamente, como el islam en el Cáucaso Norte hizo suyas muchas de las tradiciones y costumbres de los montañeses, la suya no fue una postura beligerante, como a menudo intentan demostrar algunos investigadores y analistas. Se trataba más bien de un islam tradicional, que supo expresar la esencia misma de los habitantes de las montañas del Cáucaso, los conocidos como gortsi. Este islam se oponía al poder, al sistema, y con ello no nos referimos al islam que se sometía al poder, representado por el clero oficial, sino a los líderes no oficiales de la sociedad islámica representados por las heterogéneas hermandades sufís y los participantes del islam «paralelo», que vivían en su mundo cerrado, sin permitir que las autoridades introdujeran sus objetivos e ideales. El auténtico islam, el que se profesaba en la sociedad, se vio, por una presión de ideología ateísta, expulsado de las mezquitas y tuvo que refugiarse en los núcleos familiares. Se convirtió también en una especie de partido político en la clandestinidad.

Las primeras víctimas de los bolcheviques fueron precisamente los miembros de la congregación musulmana. Casi todos los líderes de las hermandades sufís fueron fusilados o desaparecieron sin dejar rastro. Miles de ellos murieron o fueron deportados a Siberia. Aquellos que se quedaron continuaron en la resistencia su lucha contra el poder. Pedían a la gente que viviera recluida en su mundo, que ignorara al poder oficial. Eso permitió a chechenos e ingushes sobrevivir y salir vencedores incluso cuando se produjo la deportación total de su etnia en el año 1944.

Por eso, no resulta extraño que precisamente el islam se convirtiera en la primera fuerza en la región capaz de levantar a las masas populares contra un estado que se resquebrajaba. En Chechenia, precisamente, las hermandades sufís salieron a manifestarse en los mítines de masas contra los abusos de las autoridades. Precisamente bajo el lema de los nacionalistas y del islam fue derrocado el régimen comunista en Chechenia. Y, precisamente, el islam se convirtió en la base de la propaganda de las ideas de los nacionalistas. Djokhar Dudáyev destacó a una de las dos tariqa de Chechenia, su eterna resistencia, y consiguió que centenares de miles de murids se mostraran dispuestos a seguirle.

El renacimiento del islam tiene lugar durante los años noventa del siglo XX. Esta resurrección hizo que se convirtiera, desde la resistencia, en la fuerza capaz de luchar por el poder (como por ejemplo, en Chechenia), exigir que el islam se convirtiera en parte importante de la vida de los pueblos (Daguestán, Ingushetia) y, de la mano de los nacionalistas, apaciguar la tensión existente en las relaciones interétnicas (Kabardino-Balkaria, Karacháevo-Cherkesia).

Pero este periodo de renacimiento dio pie también a los representantes del ala radical del islam que insistían en su politización y exigían la creación de un estado islámico (los miembros del partido Islamista Renacimiento en Chechenia, Ingushetia, Karacháevo-Cherkesia). La resistencia armada, que actualmente adopta sólo la vertiente más radical de la ideología islámica, perdió el apoyo de los sufís y también de los nacionalistas. Por ello, todavía cabe esperar una posible reconducción de la postura de estos movimientos por el mero hecho de que la tradición entre los gortsi sigue muy viva y renunciar a ello puede significar perder el apoyo de prácticamente toda la población.

Las personalidades de ideología nacionalista del Cáucaso noroccidental (cherkeses) se basan en la ley común de las montañas (adat), mientras que en el Cáucaso nororiental, donde no existe este vínculo entre adat e islam, este tipo de actividad no es posible.

En la sociedad moderna de los gortsi hay que tener presente que conviven las tres leyes en igualdad de condiciones: la ley de la montaña (adat), la sharia y la legislación rusa. ¿Cuál de ellas está por encima de las demás? Depende de la región: en Daguestán, la sharia, en Chechenia, el adat y la sharia, en Cherkesia, el adat (el código Adige Xabze), entre los osetios y los kazajos, la legislación rusa, etc. Una no sustituye a las demás ya que a menudo se complementan. En la sociedad chechena, en la mezquita o en una reunión de la hermandad sufí, antes de decidir sobre un tema, a menudo se escucha la interpretación de los labios del imán, o del mullah, «de acuerdo con el adat y la sharia, adoptamos la siguiente decisión…», por eso el adat es todavía una práctica actual y habitual. Todo ello nos permite hablar de pluralismo legislativo entre la gente que habita en las montañas del Cáucaso Norte.

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