Los atentados del pasado 29 de marzo en el metro de Moscú volvieron a poner en primera página a Chechenia, el terrorismo y el islam en el Cáucaso Norte, todo en el mismo y controvertido saco.

Los terribles atentados terroristas en el metro de Moscú, ocurridos el 29 de marzo, han vuelto a llevar al Cáucaso Norte, y especialmente a Chechenia, al centro de la información internacional. Una vez más, el Cáucaso aparece en los medios con su peor cara, la única que, por desgracia, conoce la mayoría.

Pero, a pesar de lo que pueda parecer, el terrorismo no ha sido siempre un fenómeno habitual en el Cáucaso Norte. No hay pueblos terroristas “por naturaleza”. Los chechenos se hicieron históricamente célebres por su resistencia aguerrida, pero digna, a los envites del imperio ruso. La matanza de civiles no estaba entre sus métodos.

Tampoco forma parte de la tradición chechena el islam exacerbado, y menos aún el salafismo y el wahabismo con el que hoy retratan los medios a los autores e ideólogos de los atentados en Moscú. Como hemos dicho, Chechenia aparece en primera página sólo cuando se producen atentados, por eso no sobra decir que estas interpretaciones del islam han sido siempre extrañas en el Cáucaso. Si hoy no lo son, se debe, fundamentalmente, a todo lo que ha ocurrido en esta pequeña república desde 1991.

Cuando, como ocurre hoy en Chechenia, la legitimidad viene dada por las armas, cuando los gobernantes exhiben públicamente comportamientos radicalmente opuestos a la tradicional (y mítica) dignidad de los montañeses y no hay más ley que la palabra del presidente… no debe extrañarnos que las tradiciones muten y las formas de violencia aumenten en su crueldad.

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