Entrevista a Jonathan Littell ::: La última obra del escritor Jonathan Littell es un reportaje sobre el terreno situado en la conflictiva República de Chechenia. Con él hablamos de la actual situación en Chechenia y en el Cáucaso.

La última obra del conocido escritor Jonathan Littell (Nueva York, 1967), ganador del premio Goncourt 2006 con la novela Las benévolas, es un reportaje sobre el terreno situado en la conflictiva República de Chechenia (Chechenia, año III, RBA editores; Txetxènia, any III, Quaderns Crema). El autor, que a finales de la década de 1990 trabajó para la ONG Acción Contra el Hambre en Chechenia, nos ofrece su punto de vista sobre los cambios que se han producido, después de diez años de ausencia.

¿Cuál es su vínculo con Chechenia? ¿Cuándo fue por primera vez y con qué objetivo?
Fui en 1996, al final de la primera guerra, para trabajar durante 6 meses para la ONG Acción Contra el Hambre. Vivía en Grozni. Después, en 1999 cuando empezó la segunda guerra, volví y trabajé durante un año y medio haciendo tareas humanitarias. Era una situación bastante complicada y dura.

Como testigo de ese período, ¿cuáles son sus recuerdos?
Es difícil en poco tiempo explicar todo lo que ocurrió. La primera campaña fue terrible, pero la segunda fue mucho más salvaje y brutal.

Los rusos sabían los errores que habían cometido en la primera guerra y se esforzaron en no repetirlos. Echaron aparte de la población del área de combate, las organizaciones internacionales tenían el acceso restringido, el secuestro de personas fue mucho más fácil, ya que controlaban todas las organizaciones humanitarias con la excusa de protegerlas para su seguridad. Eso dio manga ancha a las fuerzas federales para hacer lo que quisieran.

De hecho, se dice que las víctimas de la segunda guerra fueron inferiores a las de la primera, ya que huían a toda prisa antes que los bombardearan. En la primera guerra no se creían que los pudieran llegar a bombardear y por eso hubo más víctimas. Después del período bélico más activo, empezaron las zachiski u operaciones de “limpieza”, las detenciones y los fusilamientos de inocentes que tuvieron lugar diariamente. Un buen amigo que fue a socorrer a otra gente fue asesinado en una de estas operaciones.

¿Por qué ha decidido escribir un reportaje sobre la situación actual en Chechenia?
A raíz del gran número de contactos que hice, quería saber qué había pasado durante todos estos años. Me llegaba todo tipo de información, que la situación había mejorado, que todo iba de mal en peor…, y decidí que quería ver en qué situación se encontraba el país con mis propios ojos.

¿Cuál fue la primera sensación que tuvo cuando volvió a pisar Chechenia después de tantos años?
Tal como se puede leer en mi libro, la primera impresión fue positiva. Si te detienes a observar detalles concretos, realmente te encuentras con otra ciudad. Todos mis amigos chechenos están más preocupados por los problemas de corrupción que los de derechos humanos. Se quejan de las continuas extorsiones desde cualquier ámbito. Para enviar a los hijos a la escuela o a la universidad hay que pagar constantemente. Eso hace que la situación para cualquier persona normal sea complicada.

La gente que no tiene ningún contacto con el ámbito gubernamental, las ONG, el periodismo o con la insurgencia, puede llevar una vida relativamente tranquila.

Pero a medida que me introduje más en la actual sociedad chechena, mi punto de vista se fue transformando, hasta el asesinato de Natalia Estemírova en julio de 2009, pocos meses después de mi estancia. Entonces mi opinión cambió de forma radical.

Por eso, finalmente me he quedado con una visión más negativa que positiva. De hecho, se hace difícil sacar una visión negativa, ya que todas las cosas negativas quedan veladas por la clandestinidad. Resulta difícil ser objetivo.

¿Cuál es el grado de satisfacción de la población ante el cambio que ha experimentado la república caucasiana con Ramzán Kadírov en el poder?
Es difícil responder a esta pregunta, porque no hay ningún mecanismo con el que poder valorar la opinión de la gente. No hay ninguna alternativa, ni libertad. Por eso, cualquier respuesta sería sesgada.

Lo que está claro es que si perteneces al clan de Kadírov no tienes que tener ningún impedimento. Si perteneces a algún clan neutral, nadie te molestará. Pero si te mueves en un ambiente relacionado con los insurgentes, entonces puedes tener muchos problemas. Según mi opinión, Kadírov cuenta con muy poco apoyo popular, quizás unos pocos millares de personas, muy pertenecientes a grupos armados. En porcentajes, quizás tiene el apoyo de un 10-15% de la población, no más. Ya hace tiempo que todas las decisiones se toman desde el Kremlin, no desde Chechenia. El día que Ramzán no esté, el Kremlin destacará a otra persona, sin que la población pueda decidir nada.

A pesar de todo su primitivismo y la poca entidad política del personaje, Ramzán Kadírov se muestra como un hombre fuerte y que toma decisiones. En el caso de que lo asesinen, o bien todo el sistema creado se hundirá, o bien los rusos tomarán el control de la situación y pondrán a otro títere.

De hecho, hace unos meses Ramzán hizo una de sus apariciones televisivas en que, en caso de que él fuera liquidado, lo sustituiría Adam Delimjanov, hombre de confianza de Ramzán al que la Interpol busca por el asesinato de Sulim Yamadáev en Dubai el mes de marzo de 2009.

Si el sistema se basa en la figura de una sola persona, eso quiere decir que no hay sistema. Así, ¿cómo sobrevive la sociedad sin sistema?
Efectivamente, no hay sistema. Estamos hablando de un régimen feudal, todo depende de la figura de Kadírov. De hecho, cuando los chechenos fueron libres, entre la primera y la segunda guerra, no fueron capaces de crear un sistema de poder, todo era un desbarajuste. Por su parte, los rusos se esforzaron e invirtieron mucho dinero para que fuera todavía peor, no prestaron ningún tipo de ayuda a las fuerzas moderadas, al contrario, dieron apoyo a la oposición wahabita con el fin de desestabilizar el país.

De todos modos, los propios chechenos eran incapaces de llegar a una solución, se preguntaban por qué otro puede ser presidente, y no yo. Masjádov no tenía bastante autoridad para detener todas las fuerzas enfrentadas, al contrario de lo que pasaba durante la época de Dudáiev, en que todo el sistema también dependía de una sola persona.

Hay que entender que la sociedad chechena se basa en un sistema de teips o clanes, por eso, cualquier mecanismo que no permita que el poder pueda ser compartido entre los diferentes clanes, no funcionará. Actualmente, las esferas de poder se encuentran repartidas entre miembros del teip de Kadírov o teips próximos al presidente. Por eso, cualquier otro teip que se encuentra fuera de las esferas de poder se halla en una situación de inferioridad. En mi último viaje por Chechenia, observé, por una parte, que hay pueblos completamente reconstruidos, con centros comerciales, pequeños cafés, parques, donde hay retratos del presidente Kadírov, de su padre, de Putin, Medvédev, y, por otra, pueblos totalmente desolados donde lo poco que se ha reconstruido ha sido gracias a los esfuerzos de la población y los clanes locales, no gracias a las inversiones del presidente. Por eso se puede hablar de dos velocidades diferentes en el desarrollo del territorio.

Otro detalle interesante es que, aunque hay zonas en las que se han llevado a cabo tareas de reconstrucción, no hay ningún signo de desarrollo. Creo que eso depende más de Rusia, ya que no quiere que el país disponga de medios propios para desarrollarse y por eso no se llevan a cabo grandes infraestructuras. Es el caso del complejo petrolífero de Chechenia, el más grande en el sur del país. Durante la primera guerra, el ejército ruso decidió no bombardearlo, porque pensaba que ganaría rápidamente, pero no fue así. Después, durante la segunda guerra chechena, destruyeron completamente el complejo y, todavía hoy, no se ha llevado a cabo ningún tipo de reconstrucción, es un campo de escombros.

Ahora, sin embargo, Ígor Sechin, hombre fuerte de Rosneft, que además es viceprimer ministro, ha anunciado planes para levantar un gran complejo petrolífero a Nálchik, en la vecina república de Kabardino-Balkaria, lo que ha enfurecido a Kadírov hasta el punto de enfrentarse, pero es una batalla que tiene perdida, lo cual demuestra las limitaciones del propio Kadírov.

En alguna entrevista, usted ha afirmado que la corrupción es uno de los males endémicos de Chechenia. ¿En qué se diferencia este grado de corrupción del que impera en el resto de la Federación Rusa?
Tampoco hay datos ciertos sobre el grado de corrupción, pero todo el mundo dice que en Chechenia la corrupción es todavía peor que en Rusia. No dispongo de datos concretos. Lo que parece claro es que en Rusia, si no te metes en cuestiones políticas, te puedes enriquecer y nadie te tocará, siempre que pagues los respectivos sobornos. Pero en Chechenia, si no das la mitad de tus ingresos a Kadírov, no puedes enriquecerte. En mi libro hablo del caso de unos hermanos que tenían una red de gasolineras y que tuvieron que irse de Chechenia porque eran continuamente extorsionados por los hombres de Kadírov. Actualmente su red de gasolineras en Daguestán funciona muy bien.

Estas extorsiones las practican no sólo los hombres próximos a Ramzán, sino también todo el sistema que lo rodea. Cualquier actividad económica puede ser víctima de este tipo de “vampiros” que pueden exigir lo que quieran. Kadírov permite que esta situación se extienda por todo el país y protege a todos estos delincuentes, es la manera que tiene de repartir los beneficios del país.

Parece ser que Kadírov es para Rusia una solución a corto plazo. Sin la figura de Kadírov, ¿se podría llegar a producir una tercera guerra chechena?
Resulta difícil de decir. Lo cierto es que los rusos tienen miedo, y lo tienen que tener. Ellos mismos han creado todo un sistema de poder piramidal en el que un gobernador casi independiente cuenta con su propio ejército privado de unos veinte mil hombres. Y muchos de estos hombres son antiguos insurgentes que lucharon contra Rusia y que la odian. Por eso tienen miedo de alterar este sistema que de algún modo funciona y que es mejor que lo que había antes; no tienen ninguna alternativa mejor.

Después del anuncio el mes de abril de 2009 por parte del Gobierno ruso del final de las operaciones antiterroristas en Chechenia, ¿hay todavía tropas federales en la región? ¿Qué tareas desarrollan?
Ya antes del anuncio del final de las operaciones antiterroristas, todo el país se encontraba bajo el control de Kadírov. Así, el anuncio sólo rubricó de forma oficial esta situación y se delegaron oficialmente las tareas de control militar al gobierno local, pero de hecho las autoridades locales ya ejercían antes estas funciones. Sin embargo, todavía hay tropas acuarteladas en las bases militares por si acaso. Hay dos divisiones destacadas en Chechenia, las cuales participaron en la acción militar contra Georgia el verano de 2008. También hay que tener en cuenta el papel de los servicios especiales, aunque actualmente son más activos en otras repúblicas, como Ingusetia, donde forman escuadrones de la muerte. En Chechenia actualmente sólo actúan los hombres de Kadírov.

¿Cuáles son las voces críticas presentes en Chechenia en la actualidad?
No las hay… bueno, claro está, tenemos los islamistas, pero viven en su “sueño islámico”. Una vez en Youtube vi un montaje fotográfico de los cuadros de los insurgentes islamistas, acompañado de música islámica, para mostrar que todavía están vivos y que luchan por su causa. Pero no tienen más importancia.

En Chechenia no hay una sociedad civil organizada. Cualquiera que osa expresar su opinión es asesinado o tiene que huir del país.

¿Cuál es el margen de maniobra de estas voces críticas?
No tienen ningún tipo de margen. Las únicas voces críticas están en el extranjero y la mayoría tiene claro que no piensa volver mientras allí continúe en el poder el régimen actual. De todos modos, después de todos los problemas con que la organización Memorial se tropezó en el 2009 (asesinatos de colaboradores, extorsiones), ahora hay un proyecto impulsado por una organización rusa de derechos humanos que reuniría diferentes organizaciones que trabajarían conjuntamente sobre el terreno y en pequeños grupos que se irían turnando cada dos o tres meses. Se trata de una nueva manera de trabajar con la que se quiere garantizar la seguridad de los cooperantes. De todos modos, el hecho de ser desconocido puede suponer un obstáculo para trabajar y recibir el apoyo de la población local. A pesar de todo, es una tarea muy importante, ya que en caso de que las fuerzas de Kadírov secuestren a alguien, estas organizaciones pueden actuar rápidamente desde un punto de vista legal, y eso ya es mucho, ya que el hecho de abrir un caso puede llegar a salvar la vida de la persona secuestrada.

Últimamente parece que la violencia extrema que antes se daba sólo en Chechenia se ha extendido a otras repúblicas del Cáucaso Norte, como Ingusetia o Daguestán. ¿Cuáles cree que han sido las causas principales de la extensión del conflicto?
Ya hace tiempo que se extendió el conflicto. El problema fueron los gobernadores nombrados los últimos años. La ideología islámica tuvo un papel poco destacado. Estamos hablando básicamente de un problema social, económico, en el que la juventud no tiene ninguna perspectiva de futuro. Los últimos diez años ha habido alguna iniciativa desde el poder de cambiar la situación.

En Kabardino-Balkaria, por ejemplo, echaron al presidente de la república y se eligió a un hombre de negocios para presidirla. Con este cambio, la situación en la república ha mejorado, se ha permitido más libertad de culto, se han construido nuevas mezquitas y se puede vivir con relativa tranquilidad.

En el caso de Ingusetia, el cambio de presidente no ha supuesto ninguna mejora, la situación empeora día tras día, incluso junio de 2009 el presidente Yunus-bek Yevkurov fue víctima de un atentado del que resultó gravemente herido.

¿Qué cree que se podría hacer desde Moscú con el fin de mejorar la situación en el Cáucaso Norte en general?
Parece que Rusia no tiene ningún tipo de interés en cambiar la situación. Al otro lado de la cordillera, en Georgia, Saakashvili es un claro ejemplo de que las cosas se pueden cambiar, que se puede luchar contra la corrupción y los grupos armados, que un país se puede desarrollar, que hay otra vía, y eso Rusia no lo puede tolerar, por eso lo odian.

Es cierto que Saakashvili ha cometido muchos errores, pero, gracias a la ayuda de Estados Unidos, ha conseguido que en Georgia la policía no exija sobornos, ahora tienen un buen sueldo y cualquier indicio de corrupción es duramente castigado.

Para poder cambiar las cosas, el poder tiene que tener un objetivo y una política concreta, pero en Rusia no existe nada de eso.

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