Alberto Priego ::: La Unión Europea no se muestra especialmente interesada en los asuntos del Cáucaso, excepto cuando estos tienen que ver con el petróleo o con conflictos que pueden desestabilizar su espacio.

Aquella pequeña región en la que Jasón y los Argonautas buscaron el Vellocino de oro sigue jugando hoy un papel fundamental en el mundo. Lo que ocurre a un lado y al otro de este macizo de más de 5.000 metros tiene una repercusión directa en la Unión Europea, ya sea por su petróleo, por los conflictos que persisten o por las repercusiones que sus asuntos tienen en el equilibrio de poder de los veintisiete.

El Cáucaso tiene, así, una importancia crucial para Europa, ya que al ser prácticamente frontera, lo que allí acontece condiciona enormemente a la propia Unión. No obstante, y a pesar de que el nombramiento de Peter Semneby como representante europeo en el Cáucaso Sur elevó el perfil de la UE en la zona, la presencia de la Unión en el Cáucaso sigue siendo modesta.

A día de hoy, varios son los temas relativos al Cáucaso que afectan a la UE y todos están relacionados entre sí:

Relaciones entre Turquía y Armenia: El conflicto entre Armenia y Turquía afecta de forma decisiva a la propia UE. Por un lado, algunos países como Chipre, Grecia o Francia mantienen una postura crítica con Ankara. En el caso francés la diáspora Armenia ejerce de lobby hasta el punto que, por su presión, París ha reconocido el genocidio de 1915. En esta misma línea, los partidarios de Yereván han presionado enormemente para incluir la cuestión Armenia en la agenda de la UE. Por ello, en los últimos dos años, gracias a la acción de la propia UE y del lobby demócrata americano, se han producido algunos avances en las relaciones entre Ankara y Yereván. Desde que, en septiembre de 2008, Abdullah Gul aceptara la invitación de su homólogo armenio –Serzh Sarkisián- para ver el partido clasificación al mundial de Sudáfrica de este año, entre Armenia y Turquía, las relaciones no han hecho más que mejorar. Valga como ejemplo la firma, en agosto de 2009, del protocolo para establecer relaciones diplomáticas entre Armenia y Turquía.

No obstante, en el futuro los dos países tendrán que abordar asuntos más espinosos, como la apertura de los 325 kilómetros de frontera que permanece cerrada desde el 3 de abril de 1993, cuando Turquía castigó a Armenia por la ocupación del distrito azerí de Kelbajar. Otro asunto complicado es la famosa Comisión de Revisión histórica propuesta por Erdogán en 2005 y rechazada por Kocharián. Sin embargo, la llegada de Sakisián en 2008 supuso una bocanada de aire fresco para la malograda comisión, aunque por ello recibiera duras críticas de la ultranacionalista Federación Revolucionaria de Armenia (ARF por sus siglas en inglés) y de la siempre disconforme diáspora.

Se puede decir que la buena voluntad de las partes está favoreciendo el entendimiento, ya que Armenia pretende salir del aislamiento internacional y Turquía sabe que en este asunto se juega buena parte de sus opciones en la UE.

El conflicto de Nagorno Karabaj es otro de los asuntos calientes. Si las relaciones turco-armenias han mejorado, sobre el asunto de Nagorno Karabaj hay que ser cauteloso. Desde 2008, los incidentes no sólo han sido más frecuentes, sino cada vez más graves, incluyendo escaramuzas militares con armamento pesado. La explicación se debe a que todas las partes quieren llegar en la mejor posición posible a una futura mesa de negociación. Como ya hemos señalado anteriormente, la UE también está dividida en este asunto. Así, París, Atenas o Nicosia mantienen posiciones cercanas a Yereván, mientras que Londres, debido fundamentalmente a sus inversiones petrolíferas, ha establecidos fuertes vínculos con Bakú.

Sin embargo, todos los países de la UE comparten un interés común: la pacificación de la zona para evitar inestabilidad en la periferia de la Unión. Aunque se trata de un asunto complejo, los criterios fijados en Madrid, en noviembre de 2007, por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa pueden servir como marco de negociación para un futuro proceso de paz.

La elección de Sarkisián es, en sí mismo, un motivo para la esperanza, ya que su relación con Alíev es mucho mejor que la mantenida por Robert Kocharián. De hecho, los dos mandatarios han mantenido contactos regulares y, aunque no hay nada decidido, sí que se han esbozado planes en relación con la retirada de los distritos ocupados, el estatus del Alto de Karabaj o la situación de los desplazados.

El conflicto entre Georgia y Rusia: Hablar del conflicto entre Tbilisi y Moscú es hacerlo también de la relación entre Moscú y Bruselas, ya que está afectando enormemente a las relaciones UE-Rusia. Por un lado, hay un grupo de países miembros (Reino Unido, Suecia y algunos países de la Europa Central y Oriental) que pretenden condicionar la relación con Moscú a una política más responsable con “su Extranjero Próximo”. Por ello, estos Estados miembros no sólo son críticos con las políticas de Rusia en Azerbaiyán y Georgia, sino con las violaciones de los derechos humanos en lugares como Chechenia o Daguestán. Por otro lado, otro grupo de países (Italia, España, y Alemania) pretende que Rusia sea un socio prioritario y, sobre todo, que no se critiquen actuaciones como la del verano de 2008 en Georgia. Los motivos, salvo alguna excepción, responden a una lógica exclusivamente económica, ya que pesan más los barriles de petróleo y las maletas de los turistas rusos que los derechos humanos que vulnera el Kremlin.

Tras el ataque ruso a Georgia, la relación entre Bruselas y Moscú quedó muy tocada y puso en peligro la renovación del Acuerdo de Cooperación y Asociación, así como la propia cumbre UE-Rusia. Sin embargo, si bien es cierto que tras la crisis de agosto la UE se mostró unida y la acción de la presidencia francesa resultó acertada, hoy la Unión se comporta de forma errática al mostrar su división frente a acciones tales como las continuas provocaciones rusas a la misión de observación de la UE (European Union Monitoring Misión, EUMM).

De nuevo el Cáucaso se muestra como una zona de “suma cero”, unos asuntos parecen resolverse (conflicto armenio-turco o Nagorno Karabaj) y otros (Georgia) son los grandes sacrificados. Mientras tanto, la UE parece mantener un rol menor aunque los asuntos de la zona afecten enormemente al consenso de la Unión.

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