Mairbek Vachagáev, historiador, analista de la Jamestown Foundation ::: Desde el siglo XIX, la historia de Chechenia ha estado ligada, en mayor o menor medida, al petróleo. Hoy, el gobierno checheno busca el control de nuevos recursos energéticos.

Hoy día son muchos los que se equivocan todavía cuando relacionan las guerras de Chechenia (la primera campaña de 1994-1996 y la segunda, iniciada en 1999) con la existencia de yacimientos de petróleo. De hecho, no es este el motivo fundamental y no ha tenido ni tiene una importancia esencial en el desarrollo del conflicto, ni en Chechenia, ni en general en el Cáucaso Norte.

Los primeros en hablar del petróleo checheno fueron los viajeros europeos de finales del siglo XVIII. En sus escritos, mencionaban que en Chechenia de la tierra brotaba un líquido negro que los habitantes locales utilizaban como lubricante para carros y carretas.

En la segunda mitad del siglo XIX, después de que el ejército ruso conquistara definitivamente Chechenia (verano de 1859), se empezaron a explotar de forma intensiva los yacimientos de petróleo chechenos y, durante ese período, Chechenia fue el único centro petrolero del Imperio ruso. Empresarios ingleses, belgas y alemanes se precipitaron a la explotación de los yacimientos chechenos al darse cuenta del potencial de futuro de los derivados del petróleo.

A finales del siglo XIX y principios del XX, algunos empresarios chechenos entraron también en el negocio (Chermóev, Japtukáev, Batukáev, etc.). Con la desintegración del Imperio ruso (1917), los bolcheviques permitieron durante unos años a los extranjeros extraer petróleo, puesto que ellos carecían de los recursos necesarios. Sin embargo, ya fortalecidos, a mediados de los años veinte, apartaron a los extranjeros del negocio. Los bolcheviques nacionalizaron toda la industria petrolera y la consideraron de importancia estratégica para la economía del país. Desde ese momento, el poder soviético hizo lo posible para que nadie entrase en Grozni ni accediese a sus alrededores. Grozni conservó el estatus de ciudad cerrada hasta la desintegración de la URSS en 1991.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Grozni estuvo en el punto de mira de Alemania, siendo uno de sus objetivos más codiciados en el Cáucaso, ya que le hubiera permitido abastecer de combustible de calidad a su ejército. Es preciso recordar también que en aquella época se consolidaron los yacimientos de petróleo de Bakú. Por ello, la guerra en el Cáucaso durante la Segunda Guerra Mundial fue una lucha por el petróleo de Grozni y Bakú.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, la ciudad petrolera de Grozni se mantuvo treinta años más como el centro petrolero por excelencia de la Unión Soviética. Grozni era uno de los principales productores de parafina y suministraba, entre otros, al Vaticano.

Con todo, durante el periodo soviético, Chechenia se convirtió también en un centro de alto nivel en el desarrollo de infraestructuras petroleras. El complejo integraba 54 empresas, una escuela superior especializada (el Instituto del Petróleo), una escuela técnica del petróleo, un instituto de investigación científica de yacimientos y tres refinerías de petróleo donde trabajaban decenas de miles de personas, entre las que había empleados altamente cualificados ( www.nefte.ru/person/mbaz5.htm).

En Grozni, la industria transformadora del petróleo alcanzó su punto culminante en 1971, cuando las tres refinerías de petróleo procesaron 21,3 millones de toneladas de crudo (más del 7% del total de la producción total rusa). Cabe precisar que esta cifra incluía una parte de producción procedente de los campos de petróleo de Bakú para complementar la producción local. Sin embargo, con la modernización de las refinerías de Bakú y la construcción de nuevas unidades en otras regiones de la URSS, la producción de las fábricas chechenas comenzó en menguar: hacia 1980 las extracciones de petróleo en Chechenia-Ingushetia quedaron reducidas a 7,4 millones de toneladas y hacia el 1985, a 5,3 millones (Strana.ru, 25 de marzo). El descenso en la producción de derivados del petróleo provocó también las primeras oleadas migratorias; se trataba de población de etnia rusa que abandonaba Chechenia en busca de nuevas regiones extractoras de petróleo como Urengoy o Tiumén. Es necesario destacar, por otro lado, que la población de habla rusa ya había empezado a irse de Chechenia durante los años setenta del siglo XX.

Así pues, la emigración en masa de Chechenia tuvo una motivación económica y no de confrontación étnica. Además, entre aquéllos que se fueron de Chechenia había también chechenos que se dirigían hacia los nuevos centros del negocio petrolero soviético, como Tiumén, Novy Urengoy y algunas ciudades de Siberia y el Volga.

Durante la primera guerra en Chechenia, los centros petroleros de la república fueron respetados, e incluso durante los bombardeos aéreos que destruyeron completamente la ciudad de Grozni, las refinerías de petróleo en general no resultaron afectadas. En aquellos años, como los chechenos no podían comprar directamente combustible, empezaron a producirlo por su cuenta con métodos rudimentarios. Por toda la república aparecieron miles de pequeñas fábricas que obtenían, mediante procesos de destilación, algo parecido a la gasolina. Los especialistas no podían entender cómo conseguían obtener con un sistema tan sencillo combustible a partir del crudo. El petróleo se extraía de forma natural, de pozos de unos cinco metros de profundidad que permitían acceder con comodidad a los yacimientos de petróleo situados dentro de la ciudad. En el mes de marzo de 1996, en plena guerra, llegaron a Chechenia algunos ingleses; uno de ellos, lord, (el segundo era miembro del Parlamento británico), era ingeniero. Cuando le mostraron la forma en la que los locales obtenían el combustible, no daba crédito a lo que veía. Después de observar el proceso con todo detalle, dijo: «Veo que funciona, pero toda la vida me han dicho que es imposible que esto sea así y por dicha razón no hablaré a nadie de ello; de todas formas, tampoco nadie me creería, al igual que yo tampoco lo creía». Decenas de miles de personas se dedicaban a este negocio, convertido en su medio de subsistencia. Pero el negocio también presentaba una cara oscura: la situación ecológica de la república era cada vez más catastrófica. Las refinerías se habían instalado en pastos, cerca de los ríos, y acabaron afectando indefectiblemente a la salud de las personas. Los bebés morían en los vientres de sus madres y había muchos casos de niños que, al nacer, carecían de algún miembro.

Estas empresas privadas de producción de combustible rápidamente se expandieron tanto en Chechenia como en otras repúblicas vecinas, ya que podían competir en precio con las dos o tres compañías estatales que producían en otras regiones de Rusia. Según datos del Ministerio Federal del Interior, incluso durante los períodos en que se desarrollaron las operaciones militares, se extrajeron ilegalmente entre 50.000 y 70.000 toneladas al año y se calcula que unas 30.000 personas se dedicaban al negocio (Prague Watchdog, 7 de noviembre de 2003). Después de perder Chechenia en 1996, Rusia se vio obligada a buscar vías alternativas para eludir pasar por la república insurgente. Los principales oleoductos se desviaron de Chechenia y, a través de Stávropol, llegaban a Novorossisk (el único puerto marítimo del Mar Negro). Por su parte, el empresario ruso Borís Berezovski se mostró muy interesado en los antiguos conductos, es decir, los chechenos. Pero el entonces presidente checheno Aslán Masjádov rechazó categóricamente la propuesta de Berezovski para explotar conjuntamente los conductos y las fábricas.

Por ello, no es de extrañar que, en la segunda campaña bélica, las fábricas de petróleo chechenas quedasen totalmente devastadas hasta tal punto que resultaba impensable reconstruir las antiguas estructuras de producción. En el recuerdo quedó únicamente la gloriosa página del que fue uno de los principales centros petroleros de un gran país.

Cuando el gobierno prorruso de Chechenia comprendió que Rusia no estaba dispuesta a resucitar el negocio del petróleo en la república, se activaron todos los mecanismos para recuperar aquella fuente de ingresos tan importante para Chechenia. Moscú había decidido extraer el petróleo de Chechenia, pero quería refinarlo en la república vecina de Kabardino-Balkaria. Después de dos años de discusiones para decidir el emplazamiento de la fábrica, Grozni resultó ganadora. Ramzán Kadírov consiguió convencer a las autoridades moscovitas de que eso ayudaría a los chechenos a levantar la república sin inyecciones presupuestarias de Moscú.

Hoy el Gobierno checheno no sólo tiene petróleo; Grozni quiere ser autosuficiente incluso en los recursos energéticos. Actualmente, la energía eléctrica llega a Chechenia procedente de Daguestán y Stávropol. Con el dinero del presupuesto federal se han reconstruido muchas centrales térmicas, pero sólo suponen un pequeño porcentaje de su abastecimiento de energía. Por ello, hay un plan previsto para construir una serie de centrales eléctricas a lo largo del Argún, un río que baja de las montañas. La idea es crear cascadas, y se ha encargado el proyecto la empresa eslovena Rika-Grup. Los chinos y los coreanos también expresaron su interés para firmar un acuerdo previo de construcción de este complejo sistema. El proyecto, según la versión de las autoridades de Grozni, no sólo proporcionará la energía necesaria para la república, sino que también proveerá de suministro energético a las repúblicas vecinas. Según datos del Ministerio de Industria de la república, la potencia de la central hidroeléctrica alcanzará los 800 megavatios. Cabe destacar que, actualmente, la república tiene un consumo máximo de 380 megavatios. Incluso cuando estaban en funcionamiento las tres refinerías, el consumo máximo en Chechenia era de 700 megavatios. Ante estas cifras no debemos olvidar la cuestión ecológica, pues para construir las cascadas deberán ser inundados grandes territorios en el curso superior del río Argún.

Así pues, la república da un paso más hacia la autosuficiencia. Una vez conseguida la autonomía energética y después de planificar también una independencia eléctrica, Grozni quiere evitar también las importaciones de productos agrícolas gracias a la construcción de una empresa agroindustrial basada en los últimos avances en este sector.

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