Adrián Tarín, Observatorio Eurasia ::: La propaganda, como proselitismo político, puede mutar en diferentes formas y canales.

Uno de esos canales, de gran éxito a lo largo de la Historia, es el clásico panet et circenses, el entretenimiento como altavoz del prestigio social y somnífero para las dudas de los ciudadanos. Este parece ser el principio que guía la eclosión del fútbol en Uzbekistán.

El gobierno de Islam Karímov comienza a presentarse ante el mundo como una potencia más en la competición de los petrodólares en el fútbol, donde Abramovic y los jeques árabes manejaban el mercado casi en exclusividad.

Desde que hace cinco años los magnates del petróleo de la república centroasiática fundaran el FC Bunyodkor (en el momento de su creación bajo el nombre de Kuruvchi), el balompié se ha convertido en cuestión de Estado y negocio dinástico.

A través de este deporte, el país –y paralelamente su gobierno- ha ido adquiriendo visibilidad mediática, una cierta “legitimidad” a los ojos del mundo, ampliando sus relaciones internacionales con fines promocionales. No puede entenderse de otro modo, si no, el esfuerzo realizado por la administración y la Federación, para que iconos del mainstream futbolístico, como Cristiano Ronaldo, posen unos minutos ante un público de escasa y reciente cultura balompédica. El ídolo de masas congregó más de 80.000 personas en Madrid, mientras que en Tashkent sólo pudo hacer lo propio con la cuarta parte del aforo.

Pero esto no es más que la punta del iceberg. Anteriormente, el club de moda en Uzbekistán, ya había comprado para sí –tras pagar enormes cantidades de dinero por poco tiempo de disfrute, dificultando cualquier teoría sobre la rentabilidad y amortización de los fichajes-, a los brasileñosLuis Felipe Scolari y al ex barcelonista Rivaldo. De hecho, es a esta entidad, el FC Barcelona, a la que debe, como musa, el cambio de nombre y escudo, así como el intento de fichaje del camerunés Samuel Eto’o, cuando éste todavía formaba parte del conjunto culé.

Pero las relaciones contractuales entre el FC Bunyodkor y el mundo del balompié trascienden el plano deportivo. En esta eclosión aparentemente espontánea del fútbol uzbeco, subyace el reconocimiento del actual ejecutivo. Cuando, en agosto de 2008, el FC Barcelona recaló en Tashkent para ratificar un acuerdo de colaboración entre ambos clubes, el presidente Joan Laporta tuvo como acompañante a Gulnara Karímova, hija de Islam Karímov. No será ésta la última vez que los reclamos publicitarios compartan momentos con la familia de Karímov. El entrenador Felipe Scolari ya declaró estar “impresionado con la inversión social que el presidente de Uzbekistán Islam Karímov y el Gobierno de la República, así como la Federación de Fútbol de Uzbekistán, habían hecho por el deporte”. La propia página web de la FIFA recoge unas palabras del presidente de la Federación de Fútbol uzbeca, Mirabror Usmánov, elogiando la labor de Karímov en el fomento del balompié, así como La Gazeta (diario de Uzbekistán) publica la disposición del Gobierno de hacerse cargo de la contratación de jugadores extranjeros.

No obstante, la implicación del Estado en las promociones y fichajes del FC Bunyodkor -así como la creación de infraestructuras deportivas destinadas exclusivamente al fútbol-, también se materializa en el subterfugio de emplear corporaciones privadas ligadas al gobierno. La empresa petrolífera que esponsoriza la elástica del club de Tashkent, Uzgazoil, es propiedad de Zeromax, vinculada a la hija del presidente Gulnara Karímova. Ello explicaría la presencia de la posible heredera política en la visita de Laporta al país.

Esta idea sería, además, defendida por el antiguo embajador británico en Uzbekistán, Craig Murray, quien fue destituido al declarar públicamente que el Gobierno de Karímov practicaba la tortura contra los opositores, en un contexto político en el que Tashkent era firme aliado del Reino Unido y los Estados Unidos en la “guerra contra el terror”. Murray, según recoge News of the World, habría declarado que “el régimen no tiene casi seguidores en el mundo, así que abusa del fútbol y compra a grandes jugadores en un intento de hacerle al pueblo pensar que Uzbekistán es respetado en el mundo”. Asimismo, el diario le atribuye la siguiente reflexión: “De hecho, este es un país que tortura a su pueblo, la disidencia es aplastada, los medios de comunicación castrados, las elecciones son una farsa, un tercio de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y el trabajo infantil es muy frecuente. Basta con mirar los campos de algodón. Están utilizando el fútbol para ocultar todo esto”.

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