Mairbek Vachagáev, historiador, analista de la Jamestown Foundation (Washington) ::: En los más de doscientos años de presencia rusa en el Cáucaso, esta región ha sido escenario de diferentes migraciones promovidas por Rusia.

En los más de doscientos años de presencia rusa en el Cáucaso, esta región ha sido escenario de diferentes migraciones, alentadas por una política del Imperio ruso que podríamos calificar de poco perspicaz en relación con la población autóctona local, formada por los conocidos como gortsi o habitantes de las montañas del Cáucaso Norte.

Rusia empezó a adentrarse en el Cáucaso ya en los siglos XV-XVII, cuando los campesinos que huían de sus señores (la servidumbre fue abolida en Rusia el 19 de febrero de 1861) vieron la posibilidad de establecerse en la región pre-montañosa del Cáucaso Norte. Estos siervos fugitivos fueron llegando en pequeños grupos, después a centenares y, más adelante, a millares, y se asentaron principalmente a lo largo de los ríos Kubán y Terek. Este tipo de «expansión pacífica» proporcionó a Rusia una línea de defensa militar, siempre a punto, en las fronteras con los gortsi, que permitió consolidar el avance ruso hacia el sur, hacia las tierras de estos gortsi del Cáucaso Norte.

A lo largo de todo un siglo, y hasta que se acabó oficialmente la guerra en 1864, los rusos fueron conquistando tierras a los gortsi y las repoblaron con cosacos (cuerpo militar en la Rusia imperial). Mientras, los mismos gortsi se vieron empujados hacia las montañas donde la escasez de tierras fértiles hizo extremadamente difícil su subsistencia. Esta población, que no quería someterse al poder ruso, decidió establecerse definitivamente en Turquía (como resultado de la migración de centenares de miles de gortsi durante aquellos años, hoy día en Turquía existe una diáspora de unos cuatro millones de personas originarias del Cáucaso Norte, formada básicamente por cherkeses, pero también por chechenos, daguestanos y osetios). La población rusa se incrementó de manera proporcional en detrimento del número de gortsi que abandonó el territorio. El imperio ruso envió, de forma masiva, a centenares de miles de cosacos hacia las tierras que los gortsi abandonaban. Este hecho alteró artificialmente la proporción demográfica en favor de aquéllos que se habían apoderado del territorio. Se consideró prioritario establecer el absoluto predominio de la población rusa sobre los pueblos autóctonos.

Más adelante, con la caída del Imperio ruso en 1917, las primeras víctimas fueron, precisamente, aquellos rusos que habían emigrado, los cosacos, que se vieron de repente entre dos fuegos: por una parte, estaban los gortsi que querían recuperar las tierras que les habían sido arrebatadas y, por otra, los bolcheviques, que recelaban de aquella población de convicciones monárquicas. Decenas de miles de cosacos fueron expulsados de sus casas en la región del pre-Cáucaso con la ayuda del nuevo gobierno bolchevique que buscaba aliarse con los gortsi contra los cosacos.

La tercera etapa migratoria que experimentó la región fue la expulsión de gortsi (calmucos, tátaros de Crimea, karacháis, balkarios, chechenos e ingushes) hacia Siberia y Kazajistán. En las tierras desalojadas se asentaron inmediatamente otros gortsi vecinos y también colonos procedentes del centro de Rusia y Ucrania: mientras los gortsi vecinos se establecieron en las montañas, la llanura quedó ocupada por los colonos rusos y ucranianos. Por ejemplo, la región montañosa de Chechenia quedó repartida entre daguestanos y georgianos y, en la llanura, se establecieron unos cuantos millares de rusos y ucranianos. Además, se cambiaron los nombres de todos los pueblos, para que no quedara ningún rastro de aquéllos que habían sido expulsados en masa acusados de un falso delito. Sin embargo, cuando los chechenos fueron finalmente rehabilitados, tuvieron que hacer frente a otro problema: todas sus casas estaban ocupadas por colonos. Nadie estaba dispuesto a abandonar de buen grado las tierras de los chechenos, a excepción de los daguestanos y los judíos, quienes habían conservado el modo de vida y las propiedades de los chechenos tal como eran antes de irse. Pero el problema fue especialmente duro con los colonos rusos, llegando incluso a provocar una revuelta, hecho bastante insólito durante la Unión Soviética. Del 26 al 28 de agosto de 1958, la ciudad de Grozni quedó en manos de los insurgentes rusos que exigían, por una parte, que se anulara el decreto que rehabilitaba a los chechenos y, por otra, que se les impidiera regresar a las tierras que históricamente habían sido suyas.

Las exigencias que los rebeldes plantearon al Gobierno soviético fueron las siguientes:

«1. Que, a partir del 27 de agosto de 1958, la República Autónoma Socialista Soviética de Chechenia-Ingushetia se llamase Región de Grozni o República Interétnica Socialista Soviética.
2. Que se permitiera a los chechenos e ingushes vivir en la Región administrativa de Grozni, pero en una proporción que no superara el 10% de la población total.
3. El traslado de jóvenes progresistas del KOMSOMOL de diferentes nacionalidades procedentes de otras repúblicas, con el fin de desarrollar las riquezas de la región de Grozni y la agricultura…».

Aunque la revuelta fue sofocada por las tropas soviéticas, este hecho condicionó en gran manera a la población que, desde entonces, vivió marcada por la hostilidad y la falta de respeto por los valores de unos y otros.

Y, finalmente, la última migración importante que experimentó la región del Cáucaso Norte tuvo lugar en los años ochenta y noventa del siglo XX y estuvo protagonizada, básicamente, por población de habla rusa (rusos, ucranianos, armenios, judíos). La primera oleada migratoria fue resultado de un cambio de rumbo en la industria petroquímica. La ciudad de Grozni, que hasta entonces, junto con Bakú (Azerbaiyán), era la principal proveedora de productos del petróleo, quedó rezagada ante el desarrollo de las regiones petroleras e industriales de Siberia y el Extremo Oriente. El boom de la producción petrolera en Chechenia tuvo lugar en los años setenta, cuando las dos principales industrias procesaban 20 millones de toneladas de petróleo cada año. Después, la producción en estas fábricas se redujo hasta casi la mitad y, a principios de los noventa, se procesaban únicamente 7 u 8 toneladas de petróleo. Paralelamente a esta caída en la producción, los trabajadores especializados del sector se fueron marchando progresivamente hacia otros centros productores de petróleo. También se fueron a Moscú los miembros de la nomenclatura del partido quienes, ante la inminente desintegración de la Unión Soviética, no veían la necesidad de quedarse en la periferia del país. No fueron miles, sino decenas de miles de especialistas de alto nivel, quienes se fueron de Chechenia. Y este tipo de emigración también se hizo extensiva a todo el Cáucaso Norte.

Los acontecimientos que se sucedieron después de la proclamación de la independencia de Chechenia en 1991 crearon una gran inestabilidad política en la región, motivo de una nueva oleada migratoria de la población de habla rusa. La guerra en Chechenia de 1994-1996 marcó el punto culminante de dichas migraciones, cuando quienes habían conseguido sobrevivir a la destrucción de Grozni por parte de las tropas rusas, se vieron obligados a abandonar el territorio ante las dificultades para la subsistencia. Si bien en otras repúblicas del Cáucaso Norte esta migración no se manifestó con tanta intensidad en aquellos años, a partir de los enfrentamientos armados de 1999 se convirtió en una cuestión de actualidad para los gobiernos que vieron cómo, en todas las repúblicas, se materializaba un movimiento islamista y la población de habla rusa se empezaba a marchar hacia Rusia, temiendo una repetición del escenario checheno con el enfrentamiento entre el centro y las repúblicas caucasianas.

Hoy podemos afirmar que los flujos migratorios procedentes del Cáucaso Norte hacia Rusia vienen marcados por la irremediable salida de los rusos (la población de habla rusa) causando actualmente una situación de inestabilidad política en la región e influyendo negativamente en la visión que se tiene, en Rusia, de los habitantes del Cáucaso.

Anuncios