Artículo de Dmitri Medvédev, publicado en Rossiskaya Gazeta, el 11 de septiembre de 2009, en el que resume los principales retos del país y pide la “colaboración ciudadana” para afrontarlos::: Traducción de María Chulkova (Observatorio Eurasia)

¡Estimados conciudadanos!
¡Queridos amigos!

He redactado el artículo que se publica hoy para hacer llegar a cada uno de vosotros, a cada uno de los ciudadanos rusos mis ideas sobre las misiones estratégicas que tendremos que cumplir. Sobre el presente y el futuro de nuestro país. Y para invitar a participar a los que tienen algo que decir en los debates acerca de estos temas. Tendré en cuenta todas vuestras observaciones, valoraciones y propuestas cuando vaya a elaborar el Mensaje del Presidente de Rusia a la Asamblea Federal y a preparar el plan de desarrollo de nuestro país.

Dentro de unos meses empezaremos una nueva década del nuevo siglo para Rusia. Aunque las fechas “redondas” tienen más un significado simbólico que práctico; sin embargo, nos hacen valorar el pasado. Y pensar en el futuro; en lo que nos espera a cada uno de nosotros, a nuestros hijos, a nuestro país.

“Invito a colaborar a todos lo que comparten mis ideas. También invito a colaborar a los que no están de acuerdo conmigo pero desean con sinceridad que las cosas cambien para mejor”.

Primero, respondamos a una pregunta muy fácil pero a la vez muy seria. ¿Tendremos que arrastrar a nuestro futuro la economía primitiva de materias primas, la corrupción crónica, la anticuada costumbre de acudir, cuando se trata de solucionar un problema, al Estado, a los países extranjeros, a alguna “doctrina omnipotente”, a lo que sea y a quien sea, menos a nosotros mismos?

El año que viene vamos a celebrar el 65º aniversario de la victoria en la Gran Guerra Patria. Este aniversario nos recuerda que nuestra época era el futuro para aquellos héroes que lucharon por nuestra libertad. Y que el pueblo que venció a un enemigo tan fuerte y despiadado en aquellos tiempos lejanos, hoy debe vencer la corrupción y el atraso. Convertir nuestro país en un país moderno y confortable.

Nosotros, la generación contemporanea del pueblo ruso, heredamos muchas cosas. Por las que lucharon y que han merecido nuestros antepasados. A veces eso les costaba duras pruebas y grandes sacrificios. Disponemos de un territorio gigantesco, de recursos naturales formidables, de potencial industrial sólido, de una lista impresionante de brillantes éxitos en el área de la ciencia, técnica, educación y arte,  de historia gloriosa del ejército y de la flota, de armas nucleares. De la autoridad de una potencia que hizo un papel muy importante que en algunas épocas llegó a ser determinante en los acontecimientos de escala histórica.

¿Cómo administramos esta herencia? ¿Cómo la multiplicamos? ¿Cómo será Rusia para mi hijo, para hijos y nietos de mis conciudadanos? ¿Cuál será su lugar, el lugar de nuestros descendientes, herederos, futuras generaciones de rusos, entre otras naciones en la división del trabajo mundial, en el sistema de relaciones internacionales, en la cultura universal? ¿Qué hay que hacer para que la calidad de vida de los ciudadanos rusos crezca constantemente hoy y en adelante? ¿Para que nuestra sociedad se haga más rica, más libre, más humana y más atractiva? ¿Para que sea capaz de dar a todos los que lo deseen mejor educación, trabajo interesante, buenos ingresos, ambiente cómodo en la vida privada y en la actividad creativa?

Tengo respuestas para estas preguntas. Y antes de formularlas quisiera valorar la situación actual.

La crisis económica mundial ha demostrado que la situación actual de nuestros asuntos no va de mejor manera. Veinte años de reformas tempestuosas no consiguieron liberar nuestro país de la dependencia humillante de las materias primas. Nuestra economía actual heredó del sistema soviético el peor vicio – en sumo grado desprecia las necesidades humanas. Las empresas nacionales, casi sin excepciones, no inventan, no crean las cosas ni las tecnologías que la gente necesita. Comercializan lo que no han fabricado – materias primas o mercancías importadas. Mientras, los artículos fabricados en Rusia en su mayoría son de muy baja competitividad.

Este es el motivo, comparando con otras economías, de la mayor caída de la producción en la época de crisis. Las oscilaciones brutales del mercado de valores. Todo esto demuestra que no hemos hecho lo suficiente en los años anteriores. Y no todo lo que hemos hecho, lo hemos hecho bien.

La eficiencia energética y la producción de la mayoría de nuestras empresas son vergonzosas. Pero el mal no es tan grande. Lo peor es que parece que esto no afecta demasiado a los propietarios, a los directores, a los ingenieros jefes y a los funcionarios.

La consecuencia es que a nivel de procesos económicos globales la influencia de Rusia, digamos, no es especialmente todo lo grande que quisiéramos. Aunque en la época de la globalización la influencia de un país no puede ser absoluta. Aún sería dañino. Sin embargo las posibilidades de nuestro país deberían corresponder al papel histórico de Rusia.

Se puede decir que las instituciones democráticas están formadas y estabilizadas pero su calidad está lejos de ser ideal. La sociedad civil es muy débil, el nivel de autoadministración y de autogestión es demasiado bajo.

Cada año somos menos. El alcoholismo, el tabaquismo, los accidentes de tráfico, el hecho de que muchas tecnologías de la medicina moderna son a menudo inalcanzables y  los problemas ecológicos acortan las vidas de millones de personas. El crecimiento de natalidad que acaba de perfilarse, todavía no compensa la perdida de población.

“Hemos conseguido reunir el país, parar las tendencias centrífugas. Pero seguimos teniendo muchos problemas. Incluyendo los más agudos”.

Hemos conseguido reunir el país, parar las tendencias centrífugas. Pero seguimos teniendo muchos problemas. Incluyendo los más agudos. Los ataques terroristas a Rusia continúan. La población del Cáucaso del Norte no vive tranquila. Mueren los militares y los funcionarios de la Policía, del Estado y de las instituciones municipales, la población civil. Sin lugar a dudas estos crímenes se cometen con el apoyo de bandas terroristas internacionales. Pero reconozcámoslo: la situación no sería tan problemática si el desarrollo social y económico del sur de Rusia fuera de verdad eficiente.

Así que la economía poco eficiente, el ambiente social medio socialista, la democracia todavía débil, tendencias demográficas negativas, el Cáucaso poco estable son problemas muy graves aún para un estado tan grande como Rusia.

Tampoco vayamos a exagerar. Se hacen muchas cosas. Rusia funciona. Ya no es el estado medio paralizado que fue hace diez años. Todos los sistemas sociales funcionan. Aunque no es suficiente. Sólo reproducen el modelo corriente pero no lo desarrollan. No cambian el modo de vida ya establecido. Se conservan costumbres nocivas.

Es imposible llegar a ser un líder basándose en la coyuntura petrolera. Hay que entender y sentir toda la complicidad de nuestros problemas. Hablar de ellos para poder actuar. Al fin y al cabo no son las bolsas de materias primas las que tienen que determinar el destino de Rusia, sino nuestra propia idea de nosotros, de nuestra historia y de nuestro futuro. Nuestro intelecto, autoevaluación madura, nuestra fuerza, dignidad personal, espíritu emprendedor.

Parto de mis ideas sobre el futuro de Rusia cuando hablo de cinco prioridades del desarrollo tecnológico, cuando propongo un rumbo concreto de modernización del sistema político, medidas de consolidación del poder legislativo y de resistencia a la corrupción. Y para este futuro considero necesario liberar nuestro país de los vicios sociales que paralizan su energía creativa, que frenan nuestro movimiento hacia adelante. Atribuyo a los vicios lo siguiente:

1. Atraso secular económico, costumbre de subsistir a costa de la exportación de materias primas, prácticamente cambiándolas por productos manufacturados. Los elementos del sistema de innovación se crearon y con bastante éxito en la época de Pedro el Grande, de los últimos zares y de los bolcheviques. Pero el precio de estos éxitos fue demasiado alto. Se alcanzaban a costa de un esfuerzo sobrehumano, al límite de las posibilidades del aparato estatal totalitario.
2. Corrupción secular que desde tiempos lejanos agota a Rusia. Y que la sigue corroyendo  por la desmesurada participación estatal en todas las esferas económicas y sociales relevantes. El mundo de los negocios tampoco es inocente. Muchos empresarios no se preocupan por buscar a los investigadores ingeniosos, por introducir tecnologías únicas, por crear y sacar al mercado nuevos productos, sino que se preocupan de sobornar a los funcionarios para obtener el “control sobre los flujos” de redistribución de bienes.
3. Extensión en la sociedad de ideas paternalistas. La seguridad de que todos los problemas los tiene que resolver el Estado. O alguien más pero no cada uno estando en su sitio. No es nuestra costumbre tradicional “crear a sí mismo”, alcanzar éxitos personales paso a paso. De ahí viene la falta de iniciativa, el déficit de nuevas ideas, los problemas no resueltos, carencia de discusión social, incluidos discursos críticos. La aceptación de la sociedad y su apoyo se suele manifestar en el silencio. Las objeciones suelen ser emocionantes, mordaces pero superficiales e irresponsables. Pues vale, Rusia conoce estos fenómenos desde hace más de un centenar de años.

Solemos escuchar que no se pueden curar enfermedades crónicas. Que las tradiciones son inquebrantables y que la historia suele repetirse. Hubo tiempos cuando la esclavitud y el analfabetismo absoluto parecían problemas insuperables. A pesar de todo lo superamos.

Con respecto a las tradiciones – su influencia, desde luego, es muy importante. Sin embargo, cada vez que comenzamos una época nueva, estas también sufren cambios. Algunas directamente desaparecen. Y tampoco todas son útiles. Para mi las tradiciones son valores indiscutibles que hay que cuidar. Son la paz en el mundo y entre todo tipo de confesiones, la valentía militar, la fidelidad al deber, la hospitalidad y bondad que son tan propios de nuestro pueblo. Mientras que la corrupción, el hurto, la pereza mental y moral, el alcoholismo son vicios que ofenden nuestras tradiciones. Tenemos que librarnos de ellos de una manera decisiva.

Y por supuesto que la Rusia contemporánea no repite su pasado. Nuestro tiempo es nuevo de verdad. Y no es sólo porque va hacia adelante como cualquier otro tiempo. También porque abre frente a nuestro país y frente a cada uno de nosotros muchas posibilidades. Las posibilidades que no podíamos ni pensar hace veinte, treinta o aun cien o trescientos años.

“Cuanto más “inteligente”, intelectual, eficaz sea nuestra economía más la prosperidad de nuestros ciudadanos. Más libre, justo, humano será nuestro sistema político y la sociedad en general”.

El precio de los índices tan impresionantes de las dos modernizaciones más grandes en la historia del país – la de Pedro I (imperial) y la soviética – fue la devastación, la humillación y la exterminación de millones de nuestros ciudadanos. No seremos nosotros los que juzguen a nuestros antepasados. Debemos admitir que el hecho de conservar la vida humana no fue, digamos, la prioridad del Estado en aquellos años. Por desgracia eso es un hecho. Ahora es la primera vez en nuestra historia que tenemos la posibilidad de demostrar a nosotros mismos y a todo el mundo que Rusia puede seguir el modelo democrático de desarrollo. Que el paso a un nivel más alto de civilización es posible. Y que no se hará de un modo violento. No se hará por la fuerza sino persuadiendo. No se hará con represión sino descubriendo el potencial creativo en cada persona. No se hará atemorizando sino interesando. No se hará contraponiendo sino acercando los intereses de la persona, de la sociedad y del Estado.

Vivimos verdaderamente en una época única. Tenemos la posibilidad de construir una Rusia nueva, libre, próspera y fuerte. Y yo como Presidente estoy obligado a hacer todo lo que de mí dependa para que esta posibilidad se aproveche íntegramente.

A lo largo de los próximos diez años Rusia tiene que convertirse en un país el bienestar del que no se basa en materias primas sino en recursos intelectuales: en “economía inteligente” que crea conocimientos únicos, en exportación de nuevas tecnologías y en productos de la actividad innovadora.

Hace poco que he determinado cinco vectores estratégicos de la modernización económica de nuestro país. Primero, nos convertiremos en uno de los primero países en eficiencia de producción, transportación y utilización de energía. Elaboraremos y sacaremos a la venta en el mercado interior y en el exterior, nuevos tipos de combustible. Segundo, conservaremos y subiremos al nivel más alto las tecnologías nucleares. Tercero, los especialistas rusos perfeccionarán las tecnologías de la información, conseguirán influir seriamente en los procesos del desarrollo global de las redes informativas públicas utilizando superordenadores y otras bases materiales necesarias. Cuarto, vamos a tener nuestra propia infraestructura terrestre y espacial de transmisión de información; todo el mundo va a “ver” nuestros satélites, ellos van a ayudar a nuestros ciudadanos y a otras personas a comunicarse, viajar, investigar, producir. Quinto, Rusia ocupará uno de los principales lugares en fabricación de equipos médicos y medios ultramodernos de diagnóstico y de medicación de enfermedades virales, cardiovasculares, oncológicas y neurológicas.

Siguiendo estas cinco estrategias de liderazgo en las esferas de altas tecnologías también iremos prestando más atención al desarrollo de los sectores tradicionales más importantes. El más importante el sector agroindustrial. Uno de cada tres habitantes de Rusia vive en el medio rural. Así que siempre serán de nuestra prioridad, servicios sociales accesibles para los habitantes de los pueblos y mejoría de sus condiciones de vida y de trabajo.

Y por supuesto que Rusia tendrá muy buen armamento. Es suficiente para que a nadie se le ocurra amenazarnos a nostros o a nuestros aliados.

Estos objetivos son realistas. Las tareas planteadas para alcanzarlos son complicadas pero se puede solucionar. Ya se están elaborando los pasos detallados a seguir. Vamos a estimular y premiar la creación científico-técnica. Lo primero que vamos a hacer es apoyar a jóvenes investigadores y científicos. La escuela secundaria y superiore se va a encargar de preparar la cantidad suficiente de profesionales para los sectores estratégicos. Las instituciones científicas van a centrar sus esfuerzos en la realización de los proyectos importantes. Los legisladores van a tomar todas las medidas para apoyar por completo el espíritu innovador en todas las esferas de la vida social, la creación del mercado de ideas, los descubrimientos y las nuevas tecnologías. Las empresas públicas y privadas van a recibir el apoyo total para crear la demanda de productos innovadores. Vamos a proporcionar las mejores condiciones a las empresas extranjeras y a las organizaciones científicas  para que construyan centros de investigación y oficinas de diseño y proyectos. Vamos a invitar a los mejores científicos e ingenieros de distintos países del mundo. Y lo más importante, vamos a explicar a la gente joven que la ventaja más grande que tenemos son los conocimientos que los demás no tienen, la superioridad intelectual, la capacidad de crear cosas necesarias. Como escribía A. Pushkin: “Hay una valentía superior: la valentía del descubrimiento, de la creación”. El descubridor, el innovador, el científico, el profesor, el emprendedor que introduce nuevas tecnologías va a convertirse en la persona más respetable de la sociedad. Y ellos van a recibir todo lo que necesiten para que su trabajo sea fructífero.

Por supuesto que no va a ser inmediato el que aparezca la economía innovadora. Esta forma parte de la cultura basada en los valores humanísticos. En las aspiraciones de cambiar el mundo para crear mejor calidad de vida, para liberar al ser humano de la pobreza, de las enfermedades, de los miedos, de la injusticia. La gente con talento que quiere cambios y que quiere crear no va a venir de otro planeta. Ya están aquí, entre nosotros. Y la prueba más pertinente son los resultados en olimpiadas intelectuales internacionales, patentes de invención de productos fabricados en Rusia y la verdadera guerra que llevan las empresas y universidades extranjeras por nuestros mejores especialistas. Nosotros – el Estado, la sociedad, la familia – tenemos que aprender a encontrar, criar, formar y cuidar a tales personas.

Mi idea de que la tarea prioritaria de la sociedad y del Estado es el desarrollo tecnológico, también viene del hecho de que el progreso científico-técnico está totalmente vinculado al progreso de los sistemas políticos. Se considera que la democracia nació en la Antigua Grecia pero en aquel entonces no existía una democracia para todos. La libertad era un privilegio de la minoría. La democracia de pleno valor que consolidó el derecho de voto y la igualdad jurídica de todos los ciudadanos ante la ley, la democracia para todos nació hace unos escasos ochenta – cien años. La democracia se generalizó cuando apareció la fabricación en serie de productos y servicios. Cuando el nivel del desarrollo tecnológico de la civilización occidental hizo posible el acceso a los bienes elementales, a los sistemas de educación, al servicio médico, al intercambio de información. Cada invento que mejora la calidad de vida da cierta libertad al ser humano. Hace que tenga unas condiciones de vida más cómodas y unas relaciones sociales más justas. Cuanto más “inteligente”, intelectual, eficaz sea nuestra economía más alto será el nivel de bienestar de nuestros ciudadanos. Más libre, justo, humano será nuestro sistema político y la sociedad en general.

“Nadie vivirá nuestra vida por nosotros. Nadie será libre, responsable, exitoso por nosotros. Sólo nuestra propia experiencia de construir un estado democrático nos dará la posibilidad de afirmar que somos libres, responsables y tenemos éxito”.

Vamos a contribuir con todos los medios a la difusión de tecnologías de información modernas que nos darán posibilidades sin precedentes de desarrollar tales libertades políticas fundamentales, como libertad de expresión y de reunión. La posibilidad de detectar y liquidar los focos de corrupción, de tener acceso directo al intercambio de conocimientos y opiniones entre gentes de todo el mundo. La sociedad será más transparente y abierta que nunca. Aunque eso no le guste a la clase gobernante.

El sistema político de Rusia será, hasta el límite, abierto, flexible y complejo. Se va a adecuar a una estructura social dinámica, móvil, transparente y multidimensional. Va a corresponder a la cultura de la gente libre, segura, rica, con ideas críticas. Como sucede en la mayoría de los países democráticos, los partidos parlamentarios, que irán alternándose uno tras otro, serán los que se pondrán al frente de la lucha política. Los partidos y sus coaliciones van a formar los órganos federales y regionales del poder ejecutivo (y no al revés), proponer candidatos para el puesto de jefe de estado, de los jefes de las regiones y de la administración autónoma local. Van a tener una experiencia muy larga de la competencia política civilizada, de relaciones responsables con los electores, de cooperación entre los partidos, de búsqueda de compromisos y de solucionar problemas sociales graves. Se unirán todas las partes de la sociedad, todas las nacionalidades, distintos grupos de personas y tierras rusas.

El sistema político se va a renovar y se va a perfeccionar mediante la competición libre de los grupos políticos. Siempre que se mantenga el consenso entre los partidos en los temas de política exterior, conservando la estabilidad social, las bases de la constitución, que se defienda la soberanía de la nación, los derechos y la libertad de los ciudadanos, los derechos de propiedad, que se rechace el extremismo, que se apoye la sociedad civil y todas las formas de organización y de administración autónomas. Dicho consenso existe en todas las democracias modernas.

Este año hemos empezado a crear este sistema político. Los partidos políticos ya tienen más posibilidades de influir en la formación del poder ejecutivo en los sujetos de la federación y en los municipios. Hemos suavizado los requisitos formales respecto a la organización de los partidos. Son menos exigentes los requisitos para poder presentarse a la Duma  [Parlamento]. Los partidos parlamentarios tienen garantías legales para el libre acceso a los medios de comunicación. También hemos tomado más medidas.

“No tenemos “nuevos” jueces ni “nuevos” procuradores, policías, agentes de servicios especiales, funcionarios, empresarios. Tenemos que crear condiciones normales para el trabajo del cuerpo de la policía intentando librarse de la gente granuja”.

No le gusta a todo el mundo el ritmo de nuestro trabajo. La gente habla de la necesidad de cambiar forzosamente el sistema político. A veces hablan de volver a los “noventa” democráticos. Pero es imposible que volvamos a un estado paralizado. Así que tendré que desilusionar a los partidarios de la revolución permanente. No vamos a tener prisa. Muchas veces las prisas y la falta de reflexión en las reformas políticas han sido causas de consecuencias trágicas. Han puesto a Rusia al límite de la desintegración. Teorías abstractas no nos dan el derecho de arriesgar la estabilidad social y poner bajo peligro la seguridad de nuestros ciudadanos. No tenemos derecho a sacrificar la vida estable por objetivos más ambiciosos. Confucio decía: “La intolerancia de lo mínimo destruye una gran idea”. Ya nos hartamos de eso en el pasado. Las reformas son para la gente y no la gente para las reformas. A pesar de eso no les voy a dar una buena noticia los que quieren el “status quo”. Los que tienen miedo y no quieren cambios. Va a haber cambios. Serán graduales, meditados y se van a hacer por fases. Pero serán firmes y consecuentes.

La democracia rusa no va a copiar de un modo mecánico los modelos extranjeros. Las subvenciones extranjeras no van a crear la sociedad civil. Tampoco se puede cambiar la estructura política simplemente imitando las costumbres de las sociedades progresistas. La libertad no se puede copiar de un libro aunque sea el libro más inteligente. Sin duda tendremos que aprender de otros pueblos. Vamos a copiar su experiencia, tener en cuenta sus éxitos y errores en el desarrollo de las instituciones democráticas. Pero nadie va a vivir nuestra vida por nosotros. Nadie va a ser libre, rico, responsable por nosotros. Sólo nuestra propia experiencia en la construcción democrática nos dará el derecho de afirmar que somos libres, responsables y que tenemos éxito.

La democracia necesita protección. Igual que la necesitan los derechos básicos y la libertad de nuestros ciudadanos. Necesitan protección contra la corrupción que ocasiona abuso de poder e injusticia. Acabamos de comenzar a formar este mecanismo de protección. Su parte central tendrá que ser la justicia. Tenemos que crear una justicia moderna y eficaz que actúe conforme a la nueva ley del sistema judicial y que se base en el derecho moderno. También tendremos que erradicar el menosprecio al derecho y a la justicia que, como ya había mencionado varias veces, se ha convertido en nuestra “triste” tradición. Sin embargo creando un nuevo poder jurídico, los saltos son inadmisibles igual que son inadmisibles las habladurías como que el sistema está podrido y es más fácil contratar a nuevos jueces y un nuevo cuerpo de la policía que cambiarlos. No tenemos “nuevos” jueces ni “nuevos” procuradores, policías, agentes de servicios especiales, funcionarios o empresarios. Tenemos que crear condiciones adecuadas para el trabajo del cuerpo de la policía, intentando librarlo de la gente granuja. Hay que enseñar a los policías a proteger y vigilar los derechos y las libertades. Resolviendo los conflictos con justicia, precisión y eficiencia y actuando acorde a la ley. Tenemos que erradicar las influencias ilegales en los actas judiciales, independientemente de cuales fueran sus motivaciones. Al fin y al cabo el sistema judicial puede separar por sí mismo los intereses del Estado y los intereses del burócrata o empresario corrupto. Hay que inculcar el gusto por “la cultura del derecho”, por la obediencia a la ley, por el respeto a los derechos de los demás incluyendo el derecho de propiedad. Son los juzgados los que pueden limpiar el país de la corrupción. Es una tarea muy difícil. Pero factible. Si otros países han podido.

Vamos a hacer todo lo posible para normalizar la vida de la gente del Cáucaso ruso. Vamos a revisar y concretar los programas económicos y humanitarios para el sur del país. Vamos a elaborar claros criterios de eficiencia en el trabajo para los dirigentes de las estructuras que trabajan en los problemas del Cáucaso. Estoy hablando, en primer lugar, de los ministerios y administraciones federales y regionales que son responsables de la calidad de la política en tales esferas como producción industrial, finanzas, desarrollo social, educación y cultura. Mientras tanto la policía seguirá neutralizando las bandas que atemorizan e imponen a los habitantes de varias repúblicas del Cáucaso sus ideas delirantes y sus órdenes bárbaros.

Tenemos que desminuir las tendencias negativas demográficas. Tales problemas como la calidad del servicio médico, la natalidad, la seguridad de las carreteras, el alcoholismo, el desarrollo de la cultura física y del deporte masivo tienen que convertirse en las tareas estratégicas que el estado solucione diariamente.

Las esferas a las que afecten los cambios no importa, el objetivo al fin y al cabo es el mismo – subir la calidad de vida en Rusia. Crear unas condiciones que garanticen a la gente la vivienda, el trabajo y el servicio médico. Es obligación directa del Estado en todos los niveles preocuparse por los pensionistas, los niños y la gente con escasos recursos.

En sus discursos  los políticos nos suelen recordar que según la Constitución, Rusia es un país social. Y así es, pero tampoco tenemos que olvidarnos de que el estado social moderno no es una oficina soviética hinchada de seguridad social y tampoco es una oficina especial de distribución de bienes que ha caído del cielo. Es un sistema complejo y equilibrado de estímulos económicos, de garantías sociales y de normas jurídicas y éticas y la productividad de este depende directamente de la calidad del trabajo y del nivel de preparación de cada uno de nosotros.

La sociedad puede repartir a través del Estado sólo lo que gana. Vivir sin arreglo a los medios es inmoral, insensato y peligroso. Hay que reforzar la economía para poder ganar más. No me refiero a cobrar porque en algún momento el precio del petróleo haya subido, sino trabajarlo.

Vamos a subir la eficiencia en la esfera social en todas las direcciones prestando especial atención a los aspectos económicos y de servicio médico de los pensionistas y de los veteranos.

A mi parecer, se puede modernizar la democracia rusa y formar una economía nueva sólo en el caso de que utilicemos los recursos intelectuales de la sociedad postindustrial. Sin ningún complejo, de manera directa y pragmática. La armonización de nuestras relaciones con las democracias occidentales no es cuestión de gusto o de preferencias hacia algún grupo político. Hoy en día nuestras posibilidades financieras y tecnológicas no son suficientes para aumentar la calidad de vida. Necesitamos dinero y tecnologías de los países de Europa, América y Asía. Mientras tanto estos países necesitan de las posibilidades de Rusia. Estamos muy interesados en el acercamiento y en la penetración mutua de nuestras culturas y economías.

Desde luego que no existen relaciones sin contradicciones. Siempre hay temas discutibles y motivos para los desacuerdos. Pero tenemos que apartar mutuamente las susceptibilidades, la arrogancia, los complejos, la desconfianza y la hostilidad en las relaciones entre Rusia con los principales países democráticos.

Tenemos muchas tareas en común como la no difusión de las armas nucleares y la disminución del riesgo de cambios climáticos desfavorables que afectan a casi todos los habitantes del planeta.

Tenemos que saber despertar el interés de nuestros socios, hacerlos participar en las actividades comunes. Y si para ello hay que cambiar algo en nostros mismos, renunciar a los prejuicios y los espejismos – lo vamos a hacer. No estoy hablando de la política de concesiones unilaterales. La incompetencia y la falta de voluntad no traen el respeto, ni el reconocimiento, ni el beneficio. Ya ha sucedido en nuestra historia. Es inadmisible, ofensivo y peligroso pensar que el mundo occidental es infalible y feliz, y que Rusia siempre se queda atrasada. Aunque no es menos peligroso el camino de la confrontación, del aislamiento, reproches y reclamaciones mutuos.

No es la nostalgia la que va a definir nuestra política exterior sino los objetivos estratégicos de modernizar a Rusia. Rusia, siendo una de las economías más importantes del mundo, una potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, tiene que mostrar abiertamente su postura y defenderla en todos los lugares. No dar vueltas ni adaptarse. Y en el caso de que aparezca la amenaza sobre  sus intereses tiene que defenderlos decididamente. Ya hablé de estos principios de nuestra política exterior en agosto del año pasado.

A medida que trabajamos nuestras relaciones en Occidente, también tenemos que profundizar nuestra cooperación con los países de la Comunidad Económica de Eurasia (EurAsEC o CEEA), de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (ODKB) y de la Comunidad de Estados Independientes (SNG). Son nuestros socios más cercanos y estratégicos. Tenemos misiones comunes para modernizar nuestras economías, garantizar la seguridad regional y un órden universal más justo. También tenemos que desarrollar la cooperación mundial con nuestros socios en la linea de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCSH) y los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

El pueblo ruso, como cualquier otro gran pueblo, tiene una historia brillante, heróica, que despierta respeto y admiración pero a la vez es una historia contradictoria y compleja. Distintos países nos ven de manera distinta. Nos queda mucho por hacer para proteger nuestra herencia histórica de alteraciones y especulaciones políticas. Tenemos que mirar a nuestro pasado con una mirada sensata. Tenemos que ver allí victorias grandiosas, errores trágicos, ejemplos para seguir y manifestaciones de los mejores rasgos del carácter nacional.

En cualquier caso vamos a cuidar nuestra historia, vamos a respetarla. Respetar el papel desempeñado por nuestro país durante muchos siglos para proteger el órden en el mundo. En todos los etapas del proceso de su consolidación Rusia intentaba alcanzar un mundo más justo.

Más de una vez Rusia prestó su protección a los pueblos pequeños que se habían encontrado con el peligro de ser esclavizados o destruídos. Lo mismo ha pasado hace poco cuando el régimen de Saakashvili realizó un ataque criminal a Osetia del Sur. Más de una vez Rusia destruyó los planes de los países que pretendían ser los dueños del mundo. Rusia se situó dos veces al frente de las grandes coaliciones: en el siglo XIX cuando paró a Napoleón y en el siglo XX cuando derrotó a los fascistas. En la guerra o en la paz, si hacía falta actuar de una manera decisiva, nuestro pueblo siempre prestaba la ayuda. Rusia siempre fue un socio fiel en la guerra y un socio honrado en los asuntos económicos y diplomáticos.

En el futuro Rusia se convertirá en un miembro activo y respetable de la comunidad mundial de las naciones libres. Lo suficientemente fuerte como para influir en las decisiones que tienen consecuencias globales. Para no permitir que se tomen acciones unilaterales que pueden hacer daño a los intereses nacionales y afectar negativamente a la política interna. Disminuir el nivel de ingresos de los rusos, hacer daño a su seguridad.

Para ello ya estamos apoyando junto a otros países la reforma de las instituciones políticas y económicas externas. El objetivo de esta modernización es el desarrollo de las relaciones internacionales y los intereses de la mayor cantidad de pueblos y países. Creación de unas normas de colaboración y de solución de las discusiones que se basen en la igualdad y la justicia.

Esta es mi opinión sobre el papel histórico de nuestro país, de su futuro. Y las respuestas que ofrezco afectan a cada uno de nosotros.

Invito a colaborar a todo el mundo que comparte a mis opiniones. También invito a colaborar a los que no están de acuerdo conmigo pero sinceramente desean que las cosas cambien a mejor. Van a intentar impedirlo. Los grupos influyentes de funcionarios mercenarios y “los emprendedores” que no emprenden nada. Están muy cómodos. Tienen todo. Todo les parece bien. Piensan estar hasta el final de los siglos exprimiendo los beneficios de los restos de la industria soviética y vender los recursos humanos que no les pertenecen. No crean nada nuevo, no quieren el progreso, aún le tienen miedo. Pero el futuro no les pertenece. Nos pertenece a nosotros. Nosotros somos la mayoría. Vamos a actuar. Con paciencia,  pragmatismo, consecuencia y constancia. Vamos a actura ahora mismo. Actuar mañana y pasado mañana. Vamos a superar la crisis, el atraso y la corrupción. Vamos a crear una nueva Rusia. ¡Rusia adelante!

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