Entrevista a Rosa María Calaf, corresponsal de TVE en Moscú en 1987-1989 y más tarde entre 1997 y 1999. Por Mª Teresa Cuadros Palomares.

Rosa María Calaf ha sido, y es, uno de los rostros más conocidos de la información internacional. Aunque desde 1970 su “casa” ha sido TVE, no es tan fácil determinar cuál ha sido su residencia.

Ha trabajado como corresponsal en Nueva York para EEUU y Canadá (1983-1987), abrió la corresponsalía de Moscú para la Unión Soviética (1987-1989), reestructuró la corresponsalía de Buenos Aires para América del Sur (1989-1993), fue corresponsal en Roma para Italia y el Vaticano (1993-1996), en Viena para los países del Este-Balcanes (1996), en Moscú de nuevo para Rusia (1996-1999), en Hong Kong para Asia-Pacífico (1999-2007) y en Pequín para China y Asia-Pacífico(2007-2008).

Sus ganas de trabajar, su dedicación al periodismo y a la información le han hecho merecedora de un gran número de galardones, como el Premio Ondas a la mejor labor profesional 2001, el Micrófono de Plata Especial 2001 de la Asociación Profesionales RTV, el Premio Casa Asia, por la cobertura del Tsunami, en 2005, el Premio Cirilo Rodríguez 2007, al mejor trabajo de corresponsales y enviados especiales en el extrajero o el Women Together Award 2007 a la trayectoria profesional.

La reducción de la plantilla de TVE ha hecho que su información desaparezca del panorama informativo. Sin embargo, en la mente de todos estará su peculiar forma de ver y hacer periodismo, así como su inconfundible mechón blanco.

¿Qué diferencias ve usted en el panorama mediático entre la época de Yeltsin y la de Putin?
La verdad es que yo no he estado en Rusia en la época de Putin. Estuve en la Unión Soviética cuando se produjo el cambio, pero no directamente con Putin. Sin embargo, creo que la época de Yeltsin fue muy desordenada, muy caótica… donde toda esta especie de saqueo del Estado ruso, de todos los bienes de las industrias y compañías estatales, se concretó. Además, con la caída de la URSS, los que tenían acceso -que generalmente eran altos cargos comunistas- consiguieron prácticamente todos los bienes de la URSS y crearon todo el entramado económico. Esto fue fruto de la extrema corrupción que caracterizó a la administración de Yeltsin.

Por su parte, yo creo que la estrategia que ha seguido Putin ha consistido en reproducir lo que pareció funcionar en la URSS, es decir, mano dura. De modo que ha puesto en práctica una continuación de la política de Yeltsin, pero sin tanto caos, de manera bastante más ordenada, y a su favor. Con una nueva nomenclatura, ha creado un nuevo estamento de élites dominantes y ha recortado las libertades civiles: de prensa, de expresión… no es que hubiese muchas más con Yeltsin, pero ahora se ha sufrido un retroceso en esos aspectos. Ha puesto orden, pero se mantiene el mismo sentido de posesión del Estado y manejo del país por parte de un grupo con mano muy dura y con unas recesiones tremendas de libertades.

¿Cómo vive su día a día un corresponsal en Rusia?
Ahora mismo no lo sé, pero imagino que será muy distinto. En aquel momento era apasionante, porque era una nueva etapa, aunque se repetían los mismos hábitos de control, ya que se pretendía controlar todo lo que la prensa decía. Aunque imagino que dependerá, como entonces, de la importancia que el país tenga para Rusia. Si tu país es importante, como puede ser EEUU o Alemania siguen muy atentamente tu trabajo como enviado de ese país. Sin embargo, si vienes de Francia o España, que no les interesamos especialmente, te dejan más tranquilo, es decir, no coartan tu forma de trabajar tan minuciosamente.

Por otra parte, sí que ha aumentado la inseguridad que ya se inició en la época de Yeltsin y que hacía el trabajo algo más complicado. También el contacto con determinados grupos era bastante arriesgado, porque ya entonces había mucho componente mafioso que imagino que hoy habrá aumentado. Supongo que los actuales corresponsales tendrán problemas para contactar con fuentes, porque muchas veces, dependiendo de cuáles sean, las pones en peligro. Por ello, hay que tener mucho cuidado para evitar que las personas que hablan contigo no sufran ningún tipo de consecuencia. Eso pasaba en la época soviética con la disidencia y ahora debe pasar con los activistas de Derechos Humanos y las personas que denuncian los abusos que se están cometiendo.

¿La imagen que se da en los medios de comunicación españoles de Rusia se corresponde con la realidad?
El problema de la prensa de ahora, sea de Rusia o de donde sea, es que sólo se informa de las malas noticias. Pero esto no es sólo un problema de Rusia, sino que hay una tendencia en el periodismo actual a ser extraordinariamente negativo, con lo cual no se está reflejando la realidad en absoluto. Porque está claro que en el mundo hay muchas cosas malas, pero también hay muchas buenas. Por eso, yo siempre digo que igual que hay obligación de criticar y denunciar, hay obligación de ensalzar y elogiar aquello que es positivo. Y de lo que sí estoy segura es de que en Rusia pasan muchas más cosas de las que se cuentan; porque, por ejemplo, ahora Rusia apenas aparece en los medios de comunicación, salvo hechos muy puntuales en lo negativo: catástrofes, muerte de algún activista, juicios, etc., pero no se produce un seguimiento de la actualidad rusa, algo que nos impide conocer la realidad de allí.

Es un problema del periodismo actual, que cada vez es más superficial y se interesa más por buscar titulares que por la excelencia informativa. La consecuencia de esto es que se dejan muchos temas olvidados o no se les da el seguimiento que deberían tener por la importancia que tienen. Desde luego, en un mundo de globalización, donde todo está interconectado, deberíamos estar mucho más atentos a la información internacional.

Desde el punto de vista periodístico, ¿qué características debe tener un hecho para que se convierta en noticia?
Lo primero de todo es que sea impactante, y generalmente por una cuestión negativa como, por ejemplo, un secuestro. Pero en el día a día, tiene que ser algo que por alguna razón impacte más que importe, que haya algún interés bilateral o que afecte a algo muy concreto: a una persona, al territorio español…, ésta es la tendencia actual.

Desde que usted se marchó de Rusia, ¿sigue leyendo, escuchando o viendo algún medio de comunicación de allí?
La verdad es que poco. Últimamente me dedicaba mucho más a Asia. Sin embargo, como sigo manteniendo amigos allí, el otro día por ejemplo estuve haciendo una entrevista para una revista rusa.

Relacionado con los medios de denuncia, ¿Qué opinión le merece el periódico Novaya Gazeta, la emisora El Eco de Moscú o el diario Kommersant?
Son medios que intentan mantener la independencia periodística y, por ello, han sufrido consecuencias, como el asesinato de redactores de la talla de Anna Politkóvskaya. Están totalmente amenazados. De hecho, trabajan en unas condiciones muy duras y de absoluta militancia.

Como en el caso de Anna Politkóvskaya, la mayoría de los asesinados en los últimos años eran también defensores de los Derechos Humanos, ¿por qué piensa que este perfil es cada vez más habitual en los periodistas de oposición?
Porque el gobierno del Estado ruso ha derivado hacia un régimen autoritario, que parecía democrático pero que no lo es. Además, como continuamente está apretando más la tuerca de la libertad de expresión y contra el activismo pro Derechos Humanos, este tipo de prensa se hace cada vez más necesaria, porque se irán produciendo más abusos desde el punto de vista del poder político y económico.

En los medios de comunicación españoles, se habla del imperio mediático de Berlusconi, sin embargo, poco se sabe de la falta de libertad de expresión en Rusia. ¿Cree que existe algún tipo de interés en que no se sepa lo que ocurre realmente en ese país?
Sinceramente creo que no, que no hay ningún tipo de conspiración anti-Rusia. Simplemente, esto es una consecuencia del periodismo superficial que se hace en este momento.

Desde el punto de vista periodístico, ¿hay algo que le hubiese gustado contar y que no lo haya podido hacer?
La verdad es que podía contar todo lo que quería. Pero antes teníamos el mismo problema que ahora: no había seguimiento de las noticias, de modo que tenías que esforzarte mucho para no hacer sólo un par de crónicas sobre un tema y ya no volver a hablar más de él. Ya entonces teníamos esa sensación de frustración al no poder hacer el seguimiento informativo que algunos acontecimientos se merecían.

Concretamente, cuando tuvieron lugar las conversaciones de Reagan con Gorbachov sobre el control y la reducción del armamento nuclear, había un acuerdo que se había firmado, pero que tenía que ratificar el Parlamento. En ese momento, yo tuve acceso a la información por una amistad con el director del periódico Novedades de Moscú. Dio la casualidad de que estaba con él en su despacho cuando lo llamaron para decirle que definitivamente el Parlamento iba a firmar un día antes de que llegase Reagan. Para eso, que claramente era importante, llamé a Madrid para decir que tenía esa información y que podía darla en exclusiva. Sin embargo, les pareció complicado y que no merecía la pena. De ahí que me reitere en decir que no es un problema de censura ideológica o política, sino de falta de interés por profundizar. Lo que interesa es el titular.

Y para concluir, ¿qué me podría contar de su experiencia personal como mujer periodista y corresponsal?
En aquel momento era complicado y confuso. Yo he estado dos veces en Moscú, una de ellas cuando todavía era la URSS y todo era muy complicado, porque no había ninguna libertad. No podías elegir el local y el personal lo ponían ellos; lo controlaban todo. Para que te hagas una idea del control, estaba prohibido tener fotocopiadora y, para poder acceder a ella, tuve que firmar un montón de documentos diciendo que me comprometía a controlar todas las fotocopias que saliesen de ésta. De manera que lo logístico era muy complicado. Por otra parte, lo informativo era muy apasionante, pero también muy complejo porque era un momento de mucha confusión. Era el principio del gobierno de Gorbachov y, aunque había una cierta apertura respecto a lo anterior, todo estaba limitado hasta un determinado punto. Nunca sabíamos muy bien por dónde nos estábamos moviendo.

En cuanto a lo relativo a ser mujer, pues siempre ocurre lo mismo. En estas sociedades que son muy patriarcales sueles tener problemas. Y la URSS, concretamente, pese a que sobre el papel fue la primera que reflejó en la Constitución la igualdad, tenías alguna cortapisa, pero no demasiadas.

La segunda vez que estuve ya sí era la Rusia de Yeltsin. Fue un periodo difuso en el que toda la administración se estaba configurando y era todo bastante complicado. De modo que la dificultad no venía por ser una mujer, sino por intentar desentrañar algo en aquel momento de tanta transformación.

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