La situación de extrema violencia que, desde los años noventa, afecta a Chechenia, se ha extendido a las repúblicas norcaucásicas de Ingushetia, Daguestán y Kabardino Balkaria en los últimos años.

Según muchos analistas, éstos se han convertido en los nuevos “puntos calientes” del Cáucaso Norte.

En estas repúblicas, son comunes las detenciones ilegales, las torturas, desapariciones y asesinatos de la población civil a manos de los cuerpos de seguridad del Estado. Éstos justifican sus acciones como “medidas de prevención terrorista” pero, en realidad, el objetivo principal de estas acciones pasa por ser el mantenimiento de una atmósfera de terror en la sociedad.

Esta guerra sucia amparada en la lucha contra el terrorismo no hace más que provocar un auge del extremismo islámico, hasta hace poco desconocido en la región. Y, además, se intenta ocultar lo que ocurre realmente, eliminando a aquéllos que denuncian la situación.

En este sentido, hay que destacar el peligro al que se enfrentan los periodistas y defensores de los derechos humanos que investigan lo que sucede en la zona y que sacan a la luz abusos cometidos por las autoridades.

El caso más emblemático fue el trágico asesinato el pasado mes de julio de Natalia Estemírova, trabajadora de la ONG Memorial en Grozny. Los últimos informes de Estemírova evidenciaban que las autoridades chechenas son responsables de cometer secuestros, ejecuciones extrajudiciales y fusilamientos públicos entre la población civil. Un mes después, eran asesinados Zarema Saduláyeva y su marido, Alik Dzhabraílov, miembros de la ONG “Salvamos la generación” que ofrecía ayuda médica y psicológica a niños chechenos. Ese mismo día era abatido a tiros el periodista daguestaní Malik Ajmedílov, crítico con el poder; y el pasado octubre el activista ingush Maksharip Áushev era tiroteado mientras viajaba a Kabardino-Balkaria.

Ni se ha encontrado ni se encontrará a los culpables de estos crímenes. Los asesinatos sólo han acarreado el cierre de la oficina de Memorial en Chechenia y un aumento del miedo entre aquéllos que se saben en el punto de mira. En este sentido, la política de eliminar a los que desvelan la verdad está consiguiendo su objetivo: silenciar la violación sistemática de los derechos humanos más elementales en el Cáucaso Norte.

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