Thérèse Obrecht Hodler, Presidenta de Reporteros sin Fronteras (Suiza) ::: En la clasificación mundial sobre libertad de prensa que Reporteros sin Fronteras ha publicado este año, Rusia ocupa el puesto 153 de un total de 173 países.

La elección de Dmitri Medvédev como presidente no ha cambiado nada: los profesionales de los medios de comunicación siguen encontrando obstáculos para realizar su trabajo y Rusia se ha convertido en un lugar particularmente peligroso para los periodistas.

Casi veinte años después del hundimiento de la Unión Soviética, Rusia no es un estado democrático que garantice los derechos fundamentales a sus ciudadanos. Y la información es un ejemplo claro. En 1992, la prensa pasó a ser libre, después de 75 años de propaganda comunista, por decreto presidencial, sin necesidad de luchar para conseguir esta libertad ni crear la voluntad común para defender la deontología periodística. Durante los años noventa, presenciamos el nacimiento de una prensa a menudo excelente (por ejemplo, la cobertura de la guerra de Chechenia que hizo la cadena de televisión NTV y algunos diarios importantes). Al mismo tiempo, los oligarcas se enfrentaban entre sí utilizando los medios de comunicación que les pertenecían, y los periodistas les siguieron el juego sin demasiados escrúpulos. De esta época data la enfermedad conocida como «zakazukha», a saber, publirreportajes encargados a periodistas con la finalidad, en general, de comprometer a los adversarios en asuntos políticos o de negocios.

Con la llegada de Vladímir Putin en 1999 se puso punto final a la independencia de los medios de comunicación. Después de la catástrofe del submarino Kursk (agosto de 2000), cuando los reporteros denunciaron la negligencia de los militares rusos, el nuevo presidente no tardó mucho en desmantelar el paisaje mediático empezando por el notable grupo MOST, propiedad del oligarca Vladímir Gusinski, que fue obligado a exiliarse. Los periodistas vivieron estos cambios sin oponerse, una vez más, y ante la perspectiva de un trabajo precario en alguno de los medios críticos, optaron por la comodidad de un trabajo bien remunerado.

A pesar de todo, algunos periodistas excepcionales se enfrentaron a estos cambios, poniendo a menudo en peligro su propia vida. Desde el año 2000, una veintena de periodistas han sido asesinados. Ninguno de estos crímenes ha sido resuelto. La impunidad sigue siendo el principal problema, incluso después de que el actual jefe del Estado (Medvédev), reconociera públicamente la existencia de asesinatos políticos contra periodistas y prometiera que los culpables serían juzgados. Al menos 15 periodistas han pedido asilo político en el extranjero durante estos diez últimos años, según Oleg Panfílov, director del Centro para el Periodismo en Situaciones Extremas, de Moscú.

Pasemos a detallar sólo algunos ejemplos recientes de los innumerables ataques que han tenido como víctimas a periodistas: Mijail Béketov, que investigaba la corrupción en Jimki, ciudad próxima a Moscú, sufrió la amputación de una pierna y de algunos dedos después de una brutal agresión. Aleksánder Podrabinek, responsable del sitio web prima-news.ru, se ha visto obligado a vivir en la clandestinidad, huyendo de una campaña que buscaba provocar el odio público en su contra, orquestada después de que denunciara la ocultación de crímenes cometidos bajo el mandato de Stalin; Elena Maglevánnaya, amenazada de muerte, huyó a Finlandia después de publicar (en Svobodnoe Slovo, “Palabra libre”) unos artículos explicando las torturas que se aplican en una prisión de Volgogrado; Mijail Afanásiev, redactor jefe del sitio web Novi Focus, se enfrenta a tres años de prisión por haber publicado las conclusiones de dos periodistas sobre la explosión de la central hidroeléctrica de Sayano-Shúshenskaya, en las que denunciaba que las autoridades no habían hecho todo el posible para salvar a los supervivientes.

Por otra parte, el juicio por el asesinato de Anna Politkóvskaya, muerta el 7 de octubre de 2006 en Moscú, se dio por cerrado en febrero de 2009 con la absolución de los tres acusados; el jurado estimó, con razón, que la instrucción era tan burda que impedía que se los pudiera inculpar, sobre todo teniendo en cuenta que el presunto ejecutor del crimen había huído al extranjero. Se ordenó iniciar una nueva instrucción, pero las pistas son confusas y probablemente no permitirán reconstruir la verdad ni establecer quién hay detrás de este crimen.

Ninguno de estos hechos preocupa demasiado al público ruso, privado de información independiente, y esto explica, en parte, su pasividad. Una aplastante mayoría tiene acceso a la información a través de la televisión, convertida en un instrumento de propaganda controlado de muy cerca por el poder y que margina cualquier voz crítica. No obstante, el panorama no es completamente negro. Un informe de RSF (Helden und Handlager – en alemán o ruso), examina la situación de los medios de comunicación en siete regiones de la Federación Rusa y constata que, paralelamente a las presiones políticas y económicas, a la censura y autocensura, existe un espacio de libertad formado por aquellos editores y propietarios de medios de comunicación que han optado por un desarrollo comercial que cree las condiciones para un periodismo independiente, capaz de plantar cara tanto a las estructuras criminales como a los potentados corruptos. Y, aunque por el momento continúan los intentos de intimidar a la prensa independiente a través del acoso administrativo (se confiscan ordenadores con el pretexto de que las redacciones usan software pirata o reciben financiación extranjera), los periodistas siguen luchando en provincias, tal y como lo atestiguan sus informes sobre la corrupción de personalidades locales.

Cáucaso Norte: el telón de acero mediático

Las conclusiones previsibles del informe elaborado por RSF sobre tres repúblicas caucásicas, Chechenia, Ingushetia y Daguestán, constatan que no hay libertad informativa en esta región en la cual los periodistas que transgreden la ley del silencio son a menudo víctimas de intimidaciones, acusaciones de extremismo, secuestros y, en ocasiones, de asesinatos.

Es cierto que, desde el pasado mes de abril, Chechenia ya no es «zona de operación antiterrorista»; pero su presidente, Ramzán Kadyrov, tiene aún más facilidades ahora para imponer su voluntad mediante la violencia y la arbitrariedad. En una entre vista surrealista que concedió a RSF, invitó a los periodistas a criticarlo… Aun así, no podemos olvidar que fue él precisamente quien amenazó de muerte a Anna Politkóvskaya e injurió a Natalia Estemírova (la activista de Memorial asesinada el pasado mas de julio) por “haber hecho venir a Politkóvskaya a Chechenia”.

Tal y como ocurre en Rusia, hay muchos medios de comunicación en el Cáucaso; pero, en general, es el poder quien los crea, financia y controla, y las voces discordantes son muy escasas. Como ocurría en época soviética, la prensa es una herramienta que transmite información oficial al público. Y símbolo de estas relaciones incestuosas es el hecho de que las redacciones a menudo se encuentran ubicadas dentro del edificio del Ministerio de la Prensa, propietario también de las rotativas…

La ausencia de información independiente comporta, asimismo, la ausencia de debate público. A menudo los periodistas transmiten la información a las ONG, y éstas se encargan de incluirla en sus informes o crean una publicación común, como en Ingushetia. También hay sitios web, pero son sólo accesibles a una minoría. Por otra parte, el asesinato (agosto de 2008), instigado desde Moscú, de Magomed Evlóev, propietario del portal Ingushetyia.ru, demuestra que informar a través de la red también resulta peligroso. RSF apoya, desde hace unos años, el sitio web Live Chechnya, dirigido por la Unión de ONG Chechenas, que informa, sobre todo, de las desapariciones o del hallazgo de cuerpos que las familias han de identificar antes de 3 días, para evitar que sean inhumados de forma anónima.

«Sólo Moscú puede solucionar esta cuestión», afirma un redactor. Durante su reciente visita a Berna, el presidente Medvédev se vio obligado a decir que la libertad de prensa es un derecho fundamental. Todavía esperamos que este derecho se materialice para los rusos.

Bibliografia:

Russie, Caucase russe, le rideau de fer médiatique
www.rsf-org/IMG/pdf/rapport-FR-BD.pdf

Helden und Handlanger
http://www.reporter-ohne-grenzen.de/

Anatomy of injustice
http://cpj.org/reports/20098/09/anatomy-injustice-russian-journalist-killings.php

Partial justice, an inquiry into the deaths of journalists in Russia, 1993-2009
http://www.ifj.org/en / http://journalists-in-russia.org

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