Oksana Chélysheva ::: Los medios de comunicación libres en Rusia parecen haberse extinguido. La lista de periodistas asesinados en este país corrobora aún más este hecho. Y pienso que esta realidad política está muy lejos de ser “pasajera”.

Aquellos que se preguntan en qué momento exacto Rusia superó ese punto en el que ya no hay vuelta atrás, no deberían olvidar la ofensiva contra la NTV —el entonces canal independiente de televisión— que Vladímir Putin acometió a la velocidad del rayo.

Después de hacerse con la NTV, Vladímir Putin tenía despejado el camino para actuar sin observadores. Su experiencia en el KGB dictaba sus actos; eliminado el riesgo de ser sometido a observación pública, disfruta de plena libertad de acción.

Ya en aquel momento era fácil predecir con qué clase de Rusia soñaba Putin. En lugar de construir una auténtica democracia, se decantó por un regreso a los modelos del pasado soviético.

¿Qué significa ser un periodista libre en un estado que no lo es?

Las estadísticas hablan por sí solas: 17 periodistas rusos muertos en Rusia desde el año 2000 y, de estos casos, sólo uno ha sido resuelto, según un informe publicado por el Comité para la Protección de los Periodistas, con sede en Nueva York. Otra organización internacional, Reporteros sin Fronteras, sitúa a Rusia en la posición 141 de un total de 173 países en su informe sobre la libertad de prensa en el mundo. Este año, la lista de periodistas muertos se ha ampliado con tres nuevos nombres:

El 20 de enero, Nastia Babúrova, una joven periodista de Novaya Gazeta, fue asesinada a pocos metros del Kremlin; el 15 de julio, Natalia Estemírova, una conocida defensora de los derechos humanos y periodista, fue secuestrada en Grozny y localizada aquel mismo día muerta de un tiro en la cabeza; el 11 de agosto, Abdulmalik Ajmedílov, editor del periódico Hakikat (La verdad) con sede en la capital daguestana, recibió un disparo mientras se encontraba dentro de su coche.

El Comité para la Protección de los Periodistas concluyó su informe afirmando que los principales obstáculos que impedían llevar a cabo una investigación eficiente en este tipo de crímenes eran la corrupción, el conflicto de intereses y la falta de voluntad política. Creo que estos dos últimos puntos son inseparables.

La sociedad quiere que se investiguen los crímenes pero va perdiendo, poco a poco, la esperanza, mientras las autoridades procuran desviar la atención del trasfondo político que esconden estos asesinatos de periodistas.

Pocos días antes del tercer aniversario del asesinato de Anna Politkóvskaya, el juzgado del distrito de Tverskoi en Moscú se pronunció a favor del presidente checheno, Ramzán Kadyrov, en el caso que le enfrentaba a Oleg Orlov, presidente del centro de defensa de los derechos humanos Memorial. Después del asesinato de Natalia Estemírova, Orlov acusó públicamente a Kadyrov de su muerte. El tribunal ordenó a Memorial publicar en su página web una nota de retractación de las palabras de Orlov antes de 10 días, y pagar 50.000 rublos (unos 1.140 euros), en concepto de daños morales. Orlov deberá pagar a Kadyrov 450 euros. Al parecer, esta manera de ganar dinero fácil es del gusto de Ramzán Kadyrov, quien, inmediatamente después de esta victoria de los 1.140 euros, ha decidido poner otro pleito a Novaya Gazeta. En esta ocasión, no está contento con el artículo publicado por este rotativo sobre el asesinato en Viena de un testigo de los crímenes de Kadyrov: su antiguo guardaespaldas, Umar Israílov.

¿Qué puede hacerse con un periodismo con la soga siempre al cuello?

Rusia es un país muy vasto, pero el número de medios de comunicación independientes existentes es terriblemente insignificante para cubrir todo el territorio del país.

Está la cadena REN-TV, considerada la última emisora de alcance nacional que mantiene su independencia. Pese a todo, también ha sufrido casos de autocensura por parte de sus propietarios, como por ejemplo cuando apartaron a Olga Románova, su periodista estrella. Románova protestó porque los propietarios habían censurado algunos fragmentos de las noticias sobre una investigación que involucraba al ministro de Defensa, Serguei Ivanov, en un accidente de tráfico en el que perdió la vida una mujer.

La única radio semi-independiente es la emisora El Eco de Moscú, pero su acceso ha sido bloqueado en muchas partes de Rusia, incluida mi ciudad natal, Nizhni Nóvgorod. Cerraron su emisión en 2007 con el pretexto de falta de frecuencias comerciales de radio disponibles. Hoy en día, muchos rusos sólo pueden escuchar El Eco de Moscú por Internet. Ésta es la única manera de superar los obstáculos que crean las autoridades en su intento por evitar el acceso a la información. En Nizhni Nóvgorod, por ejemplo, el número de usuarios de Internet mayores de 35 años se ha incrementado de forma notable. Según datos proporcionados por el portal web www.nn.ru, su número alcanza los 650 mil, en comparación con los 150 mil de cinco años atrás.

Los periódicos Novaya Gazeta y Kommersant se han convertido prácticamente en una rareza en la Rusia actual. Los dos rotativos han sufrido pérdidas personales. El 2 de mayo de 2007, Iván Safrónov fue encontrado sin vida después de caer del quinto piso del edificio donde vivía. Pese a los serios indicios que permitían especular que había muerto como consecuencia de sus artículos críticos con los contratos de armamento, la investigación determinó oficialmente que su muerte había sido un suicidio. Novaya Gazeta, por su parte, ha perdido a cinco periodistas: Yuri Dómnikov, Yuri Schekochijin, Anna Politkóvskaya, Anastasia Babúrova y Natalia Estemírova, además del abogado defensor del periódico, Stanislav Markélov.

A pesar de todo ello, cada vez hay más periodistas concienciados que intentan dar a conocer la verdad. Por ejemplo, a pesar de haber obligado al editor jefe del periódico, Dmitri Murátov, a declarar públicamente que prohibía a los periodistas de Novaya Gazeta ir a zonas como la «pacífica Chechenia», éstos siguieron cubriendo lo que allí sucedía. En octubre de 2009, Human Rights Watch reconoció la labor de Elena Miláshina, una reportera de Novaya Gazeta, por su aportación personal a la defensa de los derechos humanos y sus esfuerzos por mantener la libertad de expresión.

Es imposible esperar que el coraje personal se convierta en algo habitual, cuando en Rusia, hoy en día, el simple hecho de negarse a asistir a la reunión que Vladímir Putin organiza el día de su aniversario con los escritores rusos, puede ser considerado un desafío.

El 7 de octubre, fecha del asesinato de Anna Politkóvskaya, Zajar Prilepin, editor jefe del suplemento de Nizhni Nóvgorod para Novaya Gazeta y también conocido escritor, declinó la invitación a asistir a la reunión con el primer ministro. Dos años antes, Prilepin había asistido a dicha reunión y sacó a colación el tema de los prisioneros políticos en la Rusia de Putin. Le pidió al presidente que les perdonara. Este año, Zajar está respondiendo a un gran número de preguntas que le mandan a través de su página personal explicando las razones por las que no fue a rendir los honores a Putin. «Ya fui a verle una vez. No creo que deba verle de nuevo, hacerle las mismas preguntas y obtener las mismas respuestas». Otros dos escritores, Dmitri Bykov y Liudmila Ulítskaya, tienen obviamente sus propias razones para no formar parte de la lista de invitados de Putin. Lo dice todo el hecho de que Dmitri Bykov prefiriera participar en la manifestación en recuerdo de Anna Politkóvskaya a conversar con Vladímir Putin.

Y mientras los medios de comunicación se ven sometidos a un duro control, Internet empieza a ganar terreno. En Rusia hay diversas páginas web que intentan difundir información sin censura. Muchas de ellas se especializan en determinados temas; por ejemplo Caucasian Knot cubre la situación en el Cáucaso; dos proyectos web, www.hroniki.info y www.politzeki.voinenet.ru, intentan recopilar información sobre los casos de asedio con motivación política que tienen lugar en todo el territorio de Rusia, y www.ej.ru y www.grani.ru proporcionan a sus lectores flashes informativos y análisis hechos por periodistas y políticos procedentes de un amplio espectro de opiniones políticas. Estas publicaciones sufren a menudo intentos de bloqueo, habitualmente a través de ataques DDoS que intentan cortar el acceso a sus usuarios.

Gari Kaspárov, líder del Frente Cívico Unido (miembro de la coalición Otra Rusia) intentó, en 2006, convertir su página personal www.kasparov.ru en un recurso informativo que resultase interesante, no sólo para las distintas facciones de la oposición política del momento, sino también para toda aquella gente que desease tener información alternativa a la propaganda habitual de la televisión.
Su página web, desde entonces, ha sufrido más de una docena de intentos de bloqueo. Este portal informativo se está convirtiendo en uno de los recursos informativos más importantes. En primer lugar, porque se trata de un esfuerzo concertado para dar voz a las opiniones de aquéllos que generalmente son percibidos como «anti-sistema». En segundo lugar, es un importante campo de prácticas para todos aquellos activistas que, poco a poco, se están convirtiendo en periodistas. En la situación actual de Rusia, es muy importante para aquellos que se implican de forma activa en el movimiento opositor poder expresar públicamente sus puntos de vista. Ésta es la principal necesidad que tiene actualmente el país, inmerso en una situación en la que los periodistas deben revisar dos veces cada una de sus palabras, ya sea con su editor o personalmente, procurando evitar aquellos temas que podrían ser considerados polémicos.

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