Miguel Vázquez Liñán, Observatorio Eurasia :::
Natalia Estemírova, jefa de la organización de derechos humanos Memorial en Grozny, la capital de Chechenia, fue asesinada el 15 de julio.

El director de Memorial, Oleg Orlov, lo tiene claro: “Sé, estoy seguro de quién es el culpable del asesinato de Natalia Estemírova. Todos lo conocemos. Se llama Ramzán Kadyrov y es el presidente de la República de Chechenia. Ramzán ya había amenazado a Natalia, la había insultado, la consideraba su enemigo personal. No sabemos si fue él personalmente quien dio la orden o fue alguno de los suyos, para complacer al jefe. En cuanto al presidente Medvédev, parece no importarle tener a un asesino en calidad de dirigente de una de las regiones de la Federación Rusa”.

Los defensores de derechos humanos y periodistas que, como Estemírova, informan y denuncian los abusos que se cometen en ese terrible lugar del mundo que es Chechenia, lo hacen sabiendo que es un oficio peligroso y que ellos forman la primera línea de fuego. Son, también, el eslabón más débil de la cadena que tiene que navegar contra corriente y soportar las presiones, insultos y cotidianas humillaciones por parte del poder local de Ramzán Kadyrov, presidente de Chechenia y, como a él le gusta recordar… “un hombre de Putin”.

Sin el trabajo de personas como Estemírova, de organizaciones como Memorial, tan incómodas para TODOS los poderes, sería prácticamente imposible saber qué está ocurriendo en el Cáucaso Norte. Todos los que nos interesamos en la región nos apoyamos en sus informaciones, en su valiente trabajo; sin ellos, no tendríamos la capacidad, poca o mucha, de análisis, de denuncia, de la que gozamos. Periodistas, abogados y defensores de derechos humanos como Estemírova, Politkóvskaya, Markélov, Evlóev y tantos otros, han pagado con su vida la elección de no callarse. Otros, que aún siguen en la brecha, están hoy más tristes, indignados y probablemente también más asustados y desesperanzados. Y no es de extrañar. Es urgente un apoyo mucho mayor a estas personas que se la juegan defendiendo esos derechos que, solemos decir (a menudo sólo decir) son universales. Apoyo a Memorial, a periodistas que no se doblegan, a la prensa que denuncia, a quienes se han exiliado por haber recibido amenazas, a los presos políticos. Si no lo intentamos… es que nos han matado sin necesidad de dispararnos.

Medvédev ha declarado su indignación por el asesinato y anunciado una investigación escrupulosa. Eso ya lo hemos oído antes. Tiene una nueva oportunidad para separarse de la política de su antecesor, nefasta como la que más para el Cáucaso en particular y para Rusia en su conjunto. Hay motivos sobrados para pensar que Medvédev no aprovechará esa oportunidad, pero seguiremos deseando estar equivocados. Kadyrov también ha dicho que investigará, que los culpables del asesinato de Estemírova son enemigos de Chechenia. En eso tenía razón.

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