Ana Sánchez Resalt, Observatorio Eurasia:::
Rock es sinónimo de libertad y rebeldía. ¿Cómo encajaba este estilo musical en la Unión Soviética de los años 80, un país que tenía vetadas esas palabras?

Rock es sinónimo de libertad y rebeldía. ¿Cómo encajaba este estilo musical en la Unión Soviética de los años 80, un país que tenía vetadas esas palabras? Grupos como Akvarium, Zoopark, Alisa, Mashina Vrémeni o KINO lucharon por hacerle hueco en campo ajeno y consiguieron crear una modalidad autóctona: el rock ruso. Como todos los estilos, también tenía su héroe, el líder y compositor que a todos los grupos les hubiera gustado tener, la figura admirada por los jóvenes de su generación y de las posteriores. Se trata de Víktor Tsoy, frontman del grupo KINO, una de las bandas más influyentes en la escena musical soviética de los 80. Su vida personal, silenciosa y alejada de los excesos de las estrellas occidentales, la valentía del grupo a la hora de explorar nuevos paisajes musicales, la realidad poética con que reflejaba la juventud de la época en sus canciones y su trágica muerte en un accidente de coche en Riga con 28 años, lo elevarían a la categoría de mito dentro de la historia musical rusa.

El nacimiento del rock ruso

Cada país desarrolla su espacio musical según el contexto social y político que le toca vivir en cada época. Así, en la España de los años 80 vivimos la liberación que supuso la Movida, mientras que en Inglaterra y el resto de Europa y Estados Unidos, las dificultades económicas y los cambios sociales propiciaron la aparición de bandas que empezaban a jugar con nuevos sonidos y nuevas estéticas. El post-punk, los primeros pasos hacia la música electrónica, la new wave, el auge del heavy metal y el despertar del rock alternativo, convivían pacíficamente en una década que vería nacer a Depeche Mode, Pixies, R.E.M. o los Red Hot Chili Peppers, mientras Michael Jackson sacaba el álbum más vendido de la historia de la música: Thriller.

Pero en la Rusia de los años 80, en la Unión Soviética, las cosas eran muy diferentes para los jóvenes y el rock. Al ser un estilo americano que representaba los valores de rebeldía, modernidad y libertad de la juventud estadounidense, era considerado antisoviético. Los grupos de rock nacidos en la URSS se tenían que enfrentar a todo tipo de restricciones impuestas por el gobierno: estaban vetados en televisiones y radios, no podían actuar de forma oficial en locales o salas de conciertos públicos y la publicación de sus discos era una labor casi imposible, ya que la única discográfica con poder, y oficial, era la estatal Melodiya. Nada de eso impidió que muchas bandas comenzaran su andadura a finales de los 70 y principios de los 80, con la mente puesta en sus ídolos occidentales, pero sin olvidar su tradición y lo que ocurría en el país en el que estaban.

Los músicos de los ochenta tuvieron que utilizar su ingenio para esquivar las trabas impuestas por el poder soviético y actuar o dar a conocer su música. Algunas de estas bandas distribuían sus álbumes gracias a copias caseras de conciertos que ellos mismos preparaban y que pasaban de unos a otros. El objetivo no era ganar dinero, sino llegar al mayor número de gente posible. Este sistema de distribución se llamó magnitizdat y, a través de él, también se distribuían conferencias de profesores universitarios con contenido antisoviético. Años después, este método se enfrentaría a un inconveniente que los músicos no tuvieron presente entonces: el copyright. Muchas de sus canciones no estaban registradas de forma legal, así que, años después de vivir el éxito, se encontraron con que no eran dueños de sus composiciones y, a veces, ni siquiera de su propio nombre.

A principios de los 80 la mayoría de las actuaciones de música rock tenían lugar en locales semi clandestinos o en apartamentos de músicos, artistas o amigos donde celebraban conciertos acústicos (de ahí el término kvartirnik, conciertos celebrados en pisos particulares).Durante el gobierno de Leonid Brézhnev, se mostró cierta tolerancia con respecto a los kvartirnik y, si las autoridades descubrían uno, se limitaban a imponer una sanción verbal. En los años de Konstantín Chernenko las reglas se endurecieron y detectar estas reuniones podía llegar a suponer penas de cárcel para los allí reunidos. En ese tiempo, Rokkontsert era la única promotora de conciertos oficial y estatal. Sigue existiendo hoy día.

Los jóvenes que vivieron en la Unión Soviética admiraban a los mismos artistas que el resto del mundo (Beatles, Rolling Stones o Led Zeppelin) y las bandas que aparecieron en los 80 no escondían sus influencias occidentales. Sin embargo, las particularidades de su situación y lo diferente de su cultura añadían al rock ruso rasgos únicos y característicos. El magnitizdat, la prohibición de dar conciertos en locales públicos y la falta de recursos (instrumentos, estudios de grabación, salas acondicionadas para espectáculos, medios de comunicación) hacían que el rock ruso fuera más minimalista en cuanto a sonido y producción. Muchos álbumes se tenían que grabar en estudios caseros y con escasos medios. Los primeros discos de KINO se grabaron en el estudio casero de Borís Grebenshchikov, miembro de Akvarium, y con la compañía AntRop, que no se consideró oficialmente legal hasta finales de los 90. Para su último disco, el séptimo de su carrera, firmaron con la estatal Melodiya, aunque la producción siguió manteniendo su sencillez: dos guitarras, bajo y batería, a los que se añadían en los discos arreglos de teclados, vientos y poco más.

Por motivos obvios, la temática de las canciones del rock ruso y del occidental era totalmente distinta. En el rock ruso, la tradición occidental se unía a la tradición de los bard (término con el que se definía a los poetas y cantautores cuyas canciones se situaban fuera de lo establecido por el sistema soviético y que aparecieron a principios de los años 60, como Vladímir Vysotski y Bulat Okudzhava). Los temas que trataban se centraban, generalmente, en la juventud (amor, vida, libertad) y, en ocasiones, dejaban entrever algunas reivindicaciones de índole política.

KINO: el grupo de culto del rock underground

KINO nació a principios de los años 80 en Leningrado, cuna de muchos de los mejores grupos de rock del momento. Por aquel entonces, Leningrado tenía una escena rock underground mucho más rica y activa que la de Moscú, que estaba centrada en los artistas pop que el régimen permitía. Los cuatro componentes de KINO (formación que variaría a lo largo de los años, aunque siempre con la presencia de Víktor Tsoy y el guitarra Yuri Kasparián) eran jóvenes nacidos a principios de los 60 que pertenecían a la escena cultural underground de Leningrado, los beatniks rusos. Grebenshchikov los tomó como sus protegidos y se encargaría de la producción en algunos de sus discos.

En sus 8 años de existencia, KINO publicó 7 álbumes de estudio, una demo y un recopilatorio de canciones de otros discos (algunos también cuentan estos dos últimos como álbumes de estudio), un buen número de discos en directo y varios temas que formaron parte de diversos recopilatorios. Sus influencias más evidentes las hallamos en las grandes bandas británicas de finales de los 70 y 80. Los primeros discos seguían una estela más clásica, desde Akvarium a The Smiths, y a partir de “Noch” (Noche), su cuarto disco, su sonido se hizo algo más oscuro e innovador, acercándose a The Cure, Duran Duran o, incluso, a Joy Division. Las comparaciones de Víktor Tsoy lo acercan por un lado a Morrisey, voz de The Smiths, por su amor a las letras de contenido social, y por otro, y de forma más tozuda, a Ian Curtis, cantante de Joy Division, por el tono sombrío e inquietante de su voz, por lo meditabundo de sus letras y por su trágico final a una edad temprana en la cima de su popularidad. Además, a la muerte de Curtis y Tsoy siguió un considerable número de suicidios entre jóvenes, hasta 64 casos parecen estar relacionados con la muerte del cantante ruso. Tsoy siempre vestía de negro y sus rasgos asiáticos (sus padres eran koreanos), y su particular forma de moverse sobre el escenario, le otorgaban una presencia que no tuvo ningún otro músico de su generación.

Fue precisamente “Noch” el álbum que daría comienzo a la kinomanía. Publicado en 1986, coincide con la llegada al poder de Gorbachov y el inicio de la liberación del rock ruso. A partir de aquel momento, estos grupos podían dar conciertos sin oposición, aparecer en los medios, ir de gira dentro y fuera del país y publicar sus discos sin restricciones. Desde entonces, y sobre todo al final de su carrera, KINO se convirtió en uno de esos grupos capaces de reunir a decenas de miles de personas para un concierto.

[imágenes del último concierto]

KINO no se caracterizó por ser un grupo de letras abiertamente políticas o antisoviéticas. La vida, el amor, la noche (protagonista de muchas de sus canciones), la soledad, las ansias de libertad (presente en prácticamente todas) y la amistad eran los temas principales de las composiciones de Víktor Tsoy. Entre líneas se podían encontrar referencias políticas, pero eso era algo inevitable para un compositor que escribía sobre su tiempo; la política definía el modo de vida y el margen de actuación de la sociedad. Sus letras eran un fiel reflejo del sentir de la juventud soviética no adoctrinada y sin claras ansias políticas. En el fondo lo único que querían era poder disfrutar de sus vidas en libertad. Víktor Tsoy no era un compositor dramático, reivindicativo y torturado, simplemente escribía lo que vivía en aquel momento y en aquella ciudad, y daba la casualidad que lo que se vivía en aquella época era dramático y reivindicativo.

El legado musical de KINO

Dentro de la discografía de KINO encontramos algunos temas que son imprescindibles para conocer al grupo. En sus primeros trabajos (“45” y la demo “46”) aparecían varias canciones en las que el protagonista viajaba en algún medio de transporte público hacia un destino al que no tenía más remedio que acudir, al monótono trabajo en una gris ciudad: “Elektrichka” (Tren Eléctrico) y “Trolleibus” (Trolebús). Hay también un par de referencias estilísticas, como “Sitar Igral” (Tocó el Sitar), en la que hablan de George Harrison y su sitar, y “Kogda-to ty byl bitnikom” (Cuando eras un beatnik).

Otro de los temas más significativos de la carrera de KINO es “Kamchatka”, que apareció en el segundo disco de KINO en 1984, “Nachalnik Kamchatki” (El señor de las calderas). Esta canción hacía referencia al trabajo de Víktor Tsoy en las calderas de un edificio de Leningrado donde siempre trabajó, incluso cuando ya era famoso y no lo necesitaba [imágenes de Tsoy en la caldera]. A este disco pertenece también el tema que aglutina el contenido social de la poética de Tsoy: “Posledniy Gueroy” (El último héroe). De nuevo asoman las referencias al tener que ir adonde uno no quiere, a la falta de libertad de elección.

En el cuarto álbum, “Noch”, encontramos la canción del mismo nombre que es el más claro reflejo de la fascinación de Tsoy por la noche. “Dalshe deystvovat budem my” (Ahora vamos a actuar nosotros); vuelve sobre el tema del ansia de libertad, actuar para poder avanzar.

Gruppa Krovi” (Grupo Sanguíneo) fue el quinto disco del grupo y el nombre de una de sus canciones más reconocidas internacionalmente. El tema forma parte de la banda sonora del videojuego Grand Thief Auto IV, donde se puede escuchar si se sintoniza Radio Vladivostok. Además, pertenece a la banda sonora de ASSA, película en la que Tsoy tiene un pequeño papel en el que se interpretaba a sí mismo.

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En el recopilatorio “Posledniy Gueroy” incluían una canción nueva que se convirtió en el himno de la juventud de la perestroika: “Peremen!” (Cambios). Sin embargo, Tsoy rechazó ese título y siempre sostuvo que “Peremen!” se refería a cómo la gente joven lucha por conseguir cambios en sus vidas, más que a las reformas políticas impuestas por el gobierno de Gorbachov (Moscow News 14/06/2007). “Zvezda po imeni solntse (Una estrella llamada Sol) fue su penúltimo disco, el más reflexivo, y, junto a “Noch”, es considerado el más completo del grupo.

El último trabajo de KINO fue el disco póstumo titulado “Chorny Albom” (Álbum Negro). En agosto de 1990, Tsoy moría en un accidente de tráfico tras grabar las voces del que iba a ser su séptimo álbum de estudio. Sus compañeros decidieron terminarlo y lo publicaron con Melodiya, consiguiendo el disco más comercial de la carrera de KINO.

Tsoy vive

Víktor Tsoy también probó el cine y cosechó un considerable éxito gracias a su participación en varias películas, entre ellas Assa i Igla (Aguja) -que protagonizaba y de la que ahora se va a hacer un remake en el que participarán muchos de los actores de entonces. Las canciones de KINO formaban parte de la banda sonora de ambas películas, que se han convertido en films de culto en Rusia.

Como pasa con casi todos los grupos que terminan su andadura de forma repentina y trágica, cada cierto tiempo aparece algo nuevo que contar o enseñar del grupo o del fallecido. Periódicamente, una nueva posible grabación inédita ve la luz (Komsmolskaya Pravda 21-06-2007) o se publican datos sobre su autopsia o el informe del accidente. No falta en la historia de KINO el conflicto por los derechos entre los componentes del grupo y la viuda y los familiares de la estrella: sus ex compañeros querían que se les reconociera como co-autores de los arreglos de las canciones y afirmaban que su mujer (que falleció en 2005) no tenía derecho a decidir sobre las composiciones del grupo ni su legado, ya que  Víktor Tsoy vivía con otra (su compañera de reparto en Igla) tres años antes de su fatal desenlace (Novaya Gazeta 30-12-2000;Argumenty i Fakty).

Cada aniversario de su muerte y de su nacimiento se inauguran nuevos monumentos conmemorativos, se celebran conciertos en su honor o se graban discos con sus temas cantados por otros artistas.  Existen numerosas ciudades en Rusia y en el extranjero donde se pueden descubrir espacios dedicados al recuerdo del cantante: en Riga hay un monumento en el lugar del accidente, en Moscú, cerca de la calle Arbat, está el muro en el que los fans del grupo continúan dejando sus mensajes, firmas y graffitis, y en el edificio donde trabajaba en la caldera han colocado un retrato en bajorrelieve de Tsoy. Con motivo del décimo aniversario de su muerte en el año 2000, se celebró un macroconcierto en el que grupos rusos actuales como Tequilajazz o Mummiy Troll interpretaban canciones de KINO. El espectáculo logró reunir a todos los compañeros de carrera de Tsoy, además de a sus familiares y hasta a su jefe de calderas. Todos tuvieron palabras de elogio para el homenajeado, y destacaron su integridad, su sencillez y su capacidad de trabajo (Afisha, 13-11-2000). El año que viene se cumplirán 20 años de su muerte y ya se están preparando para la magna celebración. Svetlana Vlásova, de la fundación para la Memoria de Víktor Tsoy, anunció hace unos días la apertura de una competición que acogerá proyectos para la creación de una figura de bronce de Tsoy. En octubre se dará a conocer el nombre del ganador, que también obtendrá un premio económico (Izvestia, 13-04-2009). Nada que envidiar a Jim Morrison o John Lennon.

KINO destacó entre sus coetáneos por ser un grupo distinto a todos las demás en estética, por atreverse a acercarse a sonidos nuevos y por su excelente manera de reflejar en sus letras el pulso social de la juventud. Todavía hoy sigue siendo inspiración para fans y músicos de muy distintos estilos: los punks alaban sus letras y admiran sus incursiones en su estilo (como “Mama Anarjia”), los góticos siguen su imagen y el halo de presunta oscuridad que rodea a su música y a su figura, los poperos cantan sus hits y los rockeros lo ven como uno de los grupos fundamentales en el nacimiento y desarrollo del rock ruso. Las opiniones en torno a Víktor Tsoy son unánimes: fue una persona que jamás se dejó contaminar por el éxito, siguió trabajando todos los días en las calderas de un edificio, pese a que no lo necesitaba, y lo que cantaba sigue vigente hoy día porque era real y sincero, fiel a la realidad y fiel a sí mismo. El último héroe del rock soviético sigue vivo en sus miles de seguidores, que aún siguen gritando: Цой жив! (¡Tsoy vive!).

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