Ana Sánchez Resalt, Observatorio Eurasia:::
Los días 30 y 31 de marzo tuvo lugar en Moscú un congreso extraordinario para elegir al nuevo presidente de la Unión de Cineastas de Rusia.

Si en España tenemos la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas para defender los intereses de nuestro cine y promoverlo, en Rusia existe la Unión de Cineastas de Rusia, una organización social y autónoma creada para la defensa de los intereses de los profesionales del cine (leyes de trabajo, propiedad intelectual) y para prestar ayuda en la creación de mejores condiciones para los profesionales del Séptimo Arte. La organización cuenta con subdivisiones en distintas provincias y con corporaciones que agrupan a los distintos gremios del cine: directores, actores, críticos de cine, técnicos, compositores, operadores, artistas, productores y guionistas. Estas corporaciones, al parecer, tienen sus días contados.

Como en todas las organizaciones, cada cierto tiempo es necesaria una reunión en la que se discuta la situación actual de la institución, se intenten corregir los errores cometidos, se planteen soluciones y se presenten sus necesidades, logros y planes de actuación. En la Academia del Cine española, ninguno de sus presidentes ha estado en el cargo más de 3 ó 4 años; en la Unión de Cineastas rusos, Nikita Mijalkov ya lleva 11 años en el puesto.

7º Congreso de la Unión de Cineastas: Marlen Jutsíev, presidente por un día

En diciembre de 2008 se celebró el 7º Congreso de la Unión de Cineastas (UC) de Rusia. Los candidatos a la presidencia de la organización eran el veterano director de cine Marlen Jutsíev y el actor Mijail Poréchenkov, candidato que contaba con el beneplácito y apoyo del director del Festival Internacional de Cine de Moscú y oscarizado cineasta ruso Nikita Mijalkov (óscar a la mejor película extranjera con “Quemado por el Sol”). En 2007 el presidente debería haber convocado nuevas elecciones a la dirección de la Unión, pero no lo hizo hasta más de un año después. Los motivos del retraso fueron, por un lado, su propia falta de tiempo, y por otro, la lentitud de los miembros de la dirección para encontrar el momento adecuado en el que asistir a una reunión de la UC.

Con un año de retraso, el congreso que se celebró el pasado 12 de diciembre sólo reunió a 49 de los 450 directores de cine miembros de la organización, y culminó con la elección como presidente del director Marlen Jutsíev. Tras conocer el resultado de la votación, los miembros de la Unión que estaban a favor del candidato de Mijalkov declararon ilícito lo votado en la sesión porque no se siguieron los procedimientos correctos y por falta de quórum, ya que debían estar presentes el 50% más uno de los más de 3000 miembros de la UC. Los opositores notificaron su rechazo al resultado ante el Ministerio de Justicia, que decidió no registrar la decisión del congreso. En respuesta-contraataque, los partidarios de Jutsíev remitieron varias cartas a las oficinas del fiscal de Moscú y Presneskii y a la Dirección General de Asuntos Internos, con la petición de que se investigaran las actividades económicas de Mijalkov. Finalmente, el 17 de marzo el tribunal de Presneskii invalidó el resultado del 7º Congreso de la UC de Rusia y declaró ilegal la elección de Jutsíev. Mijalkov, como presidente legítimo, anunció la celebración de un foro extraordinario a finales de marzo del que saldría el nuevo líder de la UC.

El Congreso Extraordinario de marzo da su apoyo a Nikita Mijalkov

Los meses previos al nuevo congreso fueron de incertidumbre para los miembros de la organización y aficionados al cine. El futuro de la UC no se presentaba nada claro y se planteaban tres posibilidades: que la Unión siguiese existiendo como una organización única, que se produjera una división de la que saldrían dos uniones independientes con dos líderes distintos (Mijlakov y Jutsíev), o que la Unión desapareciera por completo. Mijalkov recordó que, si de ese congreso extraordinario no salía un nuevo presidente, el Ministerio de Justicia podría liquidar la Unión y transferir su propiedad al Estado. Finalmente, y por el momento, la Unión de Cineastas continúa como una organización unida con un único líder.

A pesar de que Mijalkov había asegurado que no volvería a postularse como candidato a la presidencia de la Unión, al final cedió a las peticiones de sus partidarios y presentó su candidatura, aunque aseguró que, en caso de ser nombrado presidente, aceptaría el cargo provisionalmente hasta que se resolvieran los problemas más urgentes y después dejaría la dirección en otras manos más jóvenes. Ni Marlen Jutsíev ni más de la mitad de sus partidarios (que consideran que Jutsíev es el legítimo presidente, elegido en el 7º Congreso en diciembre) acudieron a este congreso extraordinario en el que Mijalkov consiguió reunir el quórum necesario de más de 3000 personas para llevar a cabo las votaciones de forma legal.

Así las cosas, el congreso de los días 30 y 31 de marzo de 2009 encumbró de nuevo a Nikita Mijalkov como presidente de la Unión de Cineastas de Rusia. Fueron dos sesiones en las que se habló más de los que no estuvieron presentes que de los problemas y el futuro de la industria cinematográfica en Rusia. Por supuesto, nadie se acordó de Poterchenko, el candidato del director en el anterior congreso. No se habló del futuro del cine en Rusia, ni de cómo se enfrenta a esta situación de crisis global. No se presentaron soluciones a los problemas existentes, ni se recordaron los logros y perspectivas a largo plazo. Sólo hubo agradecimientos y halagos hacia el nuevo presidente, una expulsión de un abogado de la sala, una desbandada de los partidarios de Jutsíev, difusas arengas sobre moralidad en el cine y en la televisión, y ataques hacia los enemigos de la UC, como el crítico de cine Víktor Matizen.

Moral, exaltación de la amistad y agradecimientos en las primeras intervenciones del congreso

Tras el primer día de votaciones, llegó la hora de los informes y las intervenciones de los asistentes. En primer lugar, el informe del presidente, que duró 2 horas, con proyección de diapositivas incluida. La comisión de control sólo contó con 10 minutos. Seguramente, después de las dos horas de discurso de Mijalkov, nadie querría escuchar informes sobre actividades financieras (por cierto, el banco Nikos concedió a la UC un crédito gratuito para pagar el congreso). En su informe, el nuevo presidente recordó que entre 2000 y 2009 se preocupó por ayudar a los miembros más ancianos con un generoso fondo para veteranos. Dedicó también una parte muy amplia de su discurso a hablar sobre la venta de acciones del Centro del Cine y sobre la mala situación de distintas propiedades de la UC, que aún no han podido ser arregladas. Recalcó que el principal mérito de la Unión había sido la conservación de la integridad de la organización. (Novaya Gazeta 01/04/200) Como era de esperar, no se olvidó de sus detractores y arrojó múltiples reproches sobre los opositores que lo habían atacado durante los tres últimos meses, tiempo en el que él, según su propia palabra, había guardado silencio.

En las 10 horas de comparecencias, hubo poco tiempo para los críticos del nuevo gobierno y espacio de sobra para Mijalkov y sus apoyos.
Evgeni Gerásimov habló de la necesidad de devolver al cine su función educativa. Se quejaba de que “lo positivo” había desaparecido de las pantallas y de que el espectador de hoy día se atiborra de series y reality-shows al borde de la pornografía. (Gazeta 01/04/2009) Los delegados regionales protestaron por la ausencia de financiación y el desorden de los estudios locales, y expresaron su gratitud por la responsabilidad aceptada por Mijalkov en el mando de la Unión. Otro de los que tuvo la oportunidad de hablar fue el director de cine Fiodor Bondarchuk, que destacó el problema de la poca fuerza de los artistas en el cine (Novaya Gazeta 06/04/2009). Para él, la “moral” en el cine sí que está bien. Aprovechó el tiempo que tuvo para leer una lista de 15 jóvenes cineastas que quieren formar parte de la Unión y ofreció su ayuda a la organización de la que, hasta ese momento, no era miembro. Mijalkov, agradecido, invitó al joven director a formar parte de la UC.

Uno de los temas estrella de la jornada giró en torno a la revista SK Novosti (Noticias de la Unión de Cineastas). Mijalkov acusó a los dirigentes de la publicación de que en los tres últimos meses sólo habían mostrado el punto de vista Víktor Matizen, presidente de la Corporación de Críticos de Cine de Rusia, y cabeza visible de los partidarios de Jutsíev. Allí mismo se planteó la posibilidad de cambiar a Dmitri Salynski, redactor jefe de “SK Novosti”, que se defendió afirmando que su publicación es autónoma y legal y que nadie puede influir en la composición de la redacción. Sin embargo, el nuevo presidente de la Unión aseguró que encontraría los métodos legales necesarios para sustituir al equipo de redacción (Gazeta 01/04/2009).

Poco a poco subieron al estrado nuevos admiradores de Mijalkov, que alabaron su enorme talento como director, agradecieron su generosidad a la hora de postularse como presidente y destacaron su valentía para enfrentarse al reto de dirigir la UC en un momento tan delicado para la industria del cine en Rusia como el actual. Actores (Alekséi Petrenko) actrices (Liubov Virolainen, Valentina Talyzina o Irina Miroshnichenko) y directores (Nikolai Burlyaev y Karen Shaxnazarov), cubrieron de alabanzas a Nikita y entablaron una cómica competición para ver quién hacía más años que tenía amistad con el director.

Las felicitaciones y agradecimientos a Mijalkov parecían no tener fin y los ataques a los “enemigos” de la Unión se sucedían sin tregua, pero al fin se dio paso a las intervenciones de los partidario de Jutsíev; mejor dicho, de los opositores a Mijalkov.

El abogado de Jutsíev y el crítico Víktor Matizen son expulsados del congreso

El primero de ellos fue el abogado de Marlen Jutsíev, Andréi Stolbunov, que leyó ante los asistentes un llamamiento de Jutsíev al congreso. En él, Jutsíev se consideraba el legítimo presidente de la Unión, elegido en la votación de diciembre, y se oponía categóricamente a la celebración del nuevo congreso. Asimismo, pedía excluirse de la lista de miembros de la dirección de la Unión, además de señalar que él y sus partidarios tenían la intención de presentar un recurso para apelar las decisiones tomadas durante ese foro extraordinario (Izvestia 13/04/2009). La comparecencia del abogado levantó respuestas airadas y se decidió, en primer lugar, prohibirle hablar en nombre de la Unión, y expulsarlo de la sala después. Tras él, muchos partidarios de Jutsíev también abandonaron la sala. Ni se había bajado el abogado de la tribuna cuando Mijalkov tomó la palabra y acusó al letrado de supuestos oscuros momentos en el ejercicio de su trabajo en los últimos años. También reveló que el día anterior al congreso tuvo una conversación con Marlen Jutsíev en la que éste se mostró de acuerdo en presentar su candidatura como presidente, cosa que finalmente no hizo.

Le llegó el turno de palabra a Víktor Matizen, objetivo de los ataques más virulentos de Mijalkov y sus partidarios, quien se mostró muy crítico con la gestión de la UC hasta la fecha y dijo que “con la intolerancia que muestra Mijalkov, que no acepta a nadie que no esté de acuerdo con él, hace la dirección de la Unión imposible” (Gazeta 01/04/2009). El crítico de cine acusó a Mijalkov de llamar a los gobernadores de algunas regiones rusas para que obligaran a los afiliados locales de la UC a acudir al congreso. Matizen también fue expulsado de la UC. El director de cine Gennadi Poloka ninguneó a Matizen y declaró que el trabajo de los críticos no está registrado como fundamental y que es muy poco claro. Mijalkov dijo de Matizen que “no es oposición, sino lío” (Gazeta 01/04/2009) y aprovechó para recordar que en su equipo no participarán los organizadores del 7º Congreso, porque no quiere tener nada que ver con esa gente, ni con Matizen. Afirmó, además, tener una lista negra de 30 nombres. De los opositores sólo perdonó al director Dmitri Mesjíev y a Marlen Jutsíev, al que ofreció formar parte de su directiva. En la relación de la nueva dirección, como era de esperar, su gente domina en las regiones clave.

Durante el congreso extraordinario se llevó a cabo una especie de limpieza de los “activos tóxicos” de la Unión con la expulsión de Víktor Matizen y varios críticos incómodos del periódico Novye Izvestia. Cineastas y críticos respondieron a estos ataques y mostraron su indignación “por la atmósfera de acosamiento a los disidentes creada en este congreso extraordinario. Por primera vez en los tiempos postsoviéticos, un elemento de la unión ha sido expulsado a causa de su propia oposición. Esta imagen rompe la norma fundamental y democrática de una organización pública. Protestamos categóricamente ante la posibilidad de expulsión de un miembro de la unión por motivos de disidencia” (Novaya Gazeta 01/04/2009). Nikita Mijalkov les respondió que la expulsión no tenía que ver con su posicionamiento en la oposición, sino que se hacía en aplicación del artículo 4.8 de los estatutos de la organización, que establece que un miembro puede ser excluido si el presidente lo considera destructivo para la Unión.

De lo que no se habló en el Congreso Extraordinario de la UC

La financiación y la nueva regulación de la UC fueron dos de los temas importantes sobre los que se habló muy superficialmente. Durante los meses previos, los oponentes de Mijalkov lo acusaron de manipulación para ganar el control de los bienes de la Unión. En la sesión de marzo, el director de cine los culpó, a su vez, de malversar fondos de la organización y de mantener valores que ponían en peligro la integridad y el poder de la cultura y el Estado ruso. En la segunda jornada se leyeron algunas enmiendas del nuevo estatuto de la organización. En ellas no se prevé la participación de los presidentes de las corporaciones, el presidente de la UC puede ser elegido infinitamente y la dirección será la encargada de administras todos los bienes y medios del organismo. Mijalkov anunció también que las funciones de las corporaciones iban a cambiar. Hasta la fecha trabajaban como comunidades compuestas por gente con la misma opinión que se encargaban de dirigir las asociaciones entre Estado y artistas. En un futuro, esas funciones serán transferidas a academias especialmente creadas para ello. Las preguntas sobre financiación quedaron aplazadas para futuros encuentros. Aunque la nueva regulación de la UC no se discute, los delegados tendrán la posibilidad de mandar, durante los próximos meses, sus enmiendas, reparaciones, observaciones y complementos a la nueva redacción del reglamento, cuya aprobación tendrá lugar en un nuevo congreso que se celebrará entre octubre y noviembre de este año.

No hubo tiempo para más. No se pudo escuchar los argumentos de peso de respetados directores como Abdrashitov o Norshtein, ni a los representantes de las distintas regiones que intentaban hablar sobre la destrucción total de la industria cinematográfica en las provincias, ni se habló de todos aquellos que apoyaron y votaron en el 7º Congreso de la UC, ni de los que consideran que el trabajo de la Unión bajo el mandato de Mijalkov es insatisfactorio. Tampoco se hizo caso a las 800 firmas en apoyo a la declaración de Jutsíev, que el director Vitali Manskii recordó en su turno de palabra. Los reproches, las peleas, los discursos de agradecimiento y complacientes con el nuevo presidente, las expulsiones y algún que otro tema más se llevaron el tiempo para hablar de cine de verdad, de la realidad del cine contemporáneo en Rusia.

En los últimos meses, al puesto de presidente de la UC se le ha añadido una dura tarea más que viene con la aceptación de la creación del Consejo Gubernamental para el Desarrollo del Cine. El primer ministro Vladímir Putin presentó en diciembre pasado la creación de este órgano y se ofreció a liderarlo. “Para 2010 está planeado asignar anualmente al desarrollo del cine 4.3 millones de rublos” (Kommersant 06/04/2009). El ministro de cultura ruso, Alexander Adveev, añadió que “la comisión debe empezar a trabajar cuando se empiece la reconstrucción de nuestro cine”. Agregó que, una vez que se acepte el cambio en la ley del cine, la siguiente etapa se ocupará de atender a las nuevas reglas de financiación. “Y aquí empieza el trabajo del Consejo. Por ahora no ha habido reuniones concretas y por eso no se permiten preguntas sobre financiación. Por supuesto que el presidente de la Unión será parte del Consejo, pero el conflicto en la Unión y el retraso del inicio del trabajo del nuevo Consejo no están en absoluto relacionados”. (Kommersant 06/04/2009)

Reproches a la gestión de Nikita Mijalkov

Aunque en el congreso extraordinario no hubo espacio para las críticas directas a la gestión de su presidente, son muchos los reproches que pueden hacérsele a Mijalkov. Durante los años en los que Mijalkov ha dirigido la Unión se ha perdido el edificio Kinotsentr (Centro de Cine), que pertenecía a la organización, y se ha suspendido o retrasado la producción de decenas de películas, y aún no está muy claro cómo financiará su cine en un futuro el gobierno ruso. Bajo su liderazgo, la Unión se ha ganado la reputación de organización conservadora que da prioridad a los cineastas de las viejas generaciones y que se preocupa más por debatir acerca de quién será el nuevo jefe de la organización, que por la situación y mejora del cine ruso actual. También es cierto que en los últimos años la industria cinematográfica rusa ha vivido un buen momento, pero los críticos de Mijalkov señalan que la mayoría de los beneficios de la Unión acabaron en manos del sector comercial del cine ruso y en estudios extranjeros. Por otro lado, aumentan las quejas sobre la situación del emblemático edificio Dom Kino (Casa del Cine), un centro cultural dedicado al cine menos comercial que se encuentra en una situación penosa y que no consigue llegar a la audiencia por falta de recursos, apoyo y atención.

El resurgir del cine patriótico y la asociación Mijalkov-Putin

Para mucha gente el cine es entretenimiento, máquina creadora de sueños, hobby o pasión. Para unos pocos es una de las herramientas de propaganda más poderosas con la que puede contar un país. El primer ministro ruso Vladímir Putin lo sabe. Y su amigo Nikita Mialkov también. No hay nada nuevo en ello. Lenin pensaba que el cine era la forma de arte más importante que existía y Stalin prestó especial interés a esta disciplina, conocedor de su enorme poder. Él mismo corregía guiones y censuraba películas. Con Brezhnev se hacían 150 películas al año, las entradas para el cine eran muy baratas (3 kopeks) y había más de 200.000 salas de cine en toda Rusia. El cine era, en la época soviética, un arma bicéfala: por un lado, el Partido Comunista lo utilizaba como herramienta de propaganda y, por otro, los creadores que se oponían al régimen lo utilizaban para remarcar los dilemas morales de una dictadora totalitaria. Con la llegada de Gorbachov al poder, se hizo necesario un cambio radical en el mundo cinematográfico. El viejo modelo soviético de la industria del cine no hubiera sobrevivido a la transformación económica que se inició con la desintegración de la Unión Soviética. En el 5º Congreso de los Trabajadores Soviéticos del Cine (antigua Unión de Cineastas de Rusia), celebrado en 1986, pidió más libertad artística y política y se criticó la censura existente. Si bien la censura fue desvaneciéndose, también lo hicieron los fondos públicos para la producción y distribución. Muchos teatros desaparecieron para convertirse en tiendas, y los cines permanecieron gracias a las películas de Hollywood. Boris Yeltsin fue sinónimo de inquietud. El cine ruso se encontraba en sus horas más bajas: no había público en las salas, ni dinero para nuevos proyectos y directores, actores y técnicos se quejaban de la falta de empleo y de los escasos salarios. Vladímir Putin llegó al poder y, con él, el cine volvió a “resurgir”. La industria cinematográfica rusa empezaba a levantarse gracias al rápido desarrollo de la economía, que llevó a situar los niveles de producción rusos al nivel de británicos o alemanes. Con Putin en el gobierno las producciones rusas llegaron a ser más vistas que las de Hollywood y era frecuente verlo en compañía de su amigo, el famoso e internacional Nikita Mijalkov, y de otras estrellas del cine. Lo que movía (y mueve) a Putin no era simplemente su amor al cine; conoce el poder y la importancia del control de los medios y sabe cómo utilizarlos. Para el actual primer ministro, el cine es una “herramienta para la educación y un referente de vital importancia para la sociedad”, según dijo en el discurso que pronunció en el Consejo para el Desarrollo del Cine Ruso. En esa misma reunión, el primer ministro anunció que el Estado tiene la intención de financiar “películas bélicas e históricas, películas para niños y adolescentes de clásicos de la literatura y óperas prima. Además, el Estado financiará producciones que propaguen el patriotismo, el servicio militar, los valores familiares y al animadversión hacia el extremismo y el terrorismo”. Los creadores de cine actual saben que hay más medios y más ayudas que hace 10 años, pero también son conscientes de que si tratan ciertos temas en sus guiones podrán conseguir financiación y la aprobación de las autoridades, y que con otros asuntos menos “patrióticos” tendrán que buscarse la vida por medios privados, o fuera de Rusia. Autocensura lo llaman.

Estamos en 2009, época en la que en Rusia el cine patriótico se ayuda con fondos del Estado, tiempo en el que el presidente de la organización rusa que defiende los intereses de los profesionales de la industria cinematográfica del país habla más de lo malos que son algunos, que de cómo hacer mejor cine. El padre de Nikita Mijalkov es autor de la letra del himno soviético, y lo es también del actual himno nacional ruso. Quizás ahora su hijo, en el puesto de presidente de la Unión de Cineastas de Rusia, quiera seguir sirviendo al país desde su privilegiada tribuna, y con la ayuda del Estado consiga enriquecer las arcas del cine ruso contemporáneo y crear toda una serie de fantásticas películas patrióticas, con himno ruso incluido al final.

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